¿Cómo combatir a los trolls de Internet? Forzándoles a pensar

De vez en cuando lees el trabajo de una de estas personas que, uniendo un par de cabos, dan con una idea tan estúpidamente sencilla como efectiva, lo que te acaba por dejarte cara de meme.

Trollface. Internet troll 3d illustration

Ese es el caso de Trisha Prabhu, una niña de 13 años, que ha sido finalista en el Google Science Fair de este año con Rethink (EN), una propuesta para controlar el cyberbulling, y en definitiva a los trolls de internet.

La solución pasa por una moderación en la que interfiere el propio atacante, que al escribir un comentario presumiblemente ofensivo y darle a enviar, le aparecerá una pestaña que debe volver a aceptar, y que reza algo tal que así:

“Este mensaje podría hacer daño a otros. ¿Seguro que quieres publicarlo?”

Y con este simple sistema, en las pruebas iniciales que Trisha llevó a cabo (300 estudiantes/1500 mensajes), llegó a una efectividad del 93,43%. Ahí es nada.

Claro está, se me ocurren algunos puntos a considerar:

  • El factor sorpresa: La muestra estudiada es demasiado pequeña (ya digo yo teniendo en cuenta que viene de una niña de 13 años), y juega con el factor sorpresa, ya que al menos en mi largo recorrido por Internet nunca había visto un sistema semejante (al menos no con ese objetivo, sino más bien para saber si de verdad eres humano). Que una cosa es que un troll se encuentre esto la primera vez, lo que seguramente le lleve a pensar en la respuesta, y la parte émpatica de su persona le empuje a modificar el texto, y otra sería verlo implantado en un Menéame, donde la primera y la segunda quizás haga efecto, pero en cuanto sea algo habitual, el troll le dará a enviar y ni se parará en leerlo (y por tanto en pensar).
  • Se aprovecha de la humanidad de quien está detrás: Y este si me parece que es un punto muy a considerar. Ataca al troll, o al acosador, con su misma arma, por lo que en esas pruebas iniciales ha tenido tantísima eficiencia. La mayoría de trolls son personas que se ocultan bajo el amparo de nicks y que suelen tener fuertes carencias sentimentales. La labor de un troll es molestar, porque con ello pretenden encontrar una felicidad al causar daño al resto y sentirse semejantes. Cuando les pones un espejo y a quien hacen daño es a ellos mismos, la cosa cambia.

El fenómeno de los trolls es profundamente interesante. Hablamos de personas como usted y como yo que, en un momento dado, deciden causar daño, y con ello adquirir reputación. El fin es justamente ese, desacreditar al objetivo por medio del insulto o la respuesta fácil, esperando que el otro caiga en la trampa. La gestión de trolls es una asignatura pendiente en la mayoría de comunidades, y según la experiencia de quien esté a cargo, puede llegar a ser desesperante.

Recuerdo hace unos 10 años, que un servidor era el administrador de un foro (¡Sí, un foro, dónde estarán ahora…!) sobre actualidad y me tocó la ardua labor de lidiar con un troll, que para colmo era conocido de varios de mis usuarios más activos. El susodicho atacaba cualquier artículo imponiendo sus directrices de izquierda extrema, no entraba a debate, y en general, causaba una tensión en la comunidad que acaba por trasladarse en las estadísticas de participación del resto.

Llegados a este punto, y en vista que la palabra, los mensajes privados y la intención de hacerle comprender que en aquel lugar lo que se buscaba era crear un punto de debate pacífico no funcionaba, terminé por implantar un sistema basado en premios y castigos. Cada participante votaba la participación de los demás, y al final de la semana, recibían insignias positivas o negativas. Un sistema de karma casero, a fin de cuentas.

El resultado final fue que la periodicidad de los monólogos del troll bajó considerablemente. Ataqué justo donde él menos quería, y acabó por abandonar la comunidad.

Como administrador y moderador de varias comunidades de Google+, también me he encontrado con situaciones parecidas. Y digo parecidas porque en este tipo de sistemas, la propia Google tiene buena mano para controlar y marcar como spam técnicas poco sociales. Además, y comprendiendo que crear una identidad en Google no es inmediato (hay que crearse el email y completar bastantes campos), la proliferación de usuarios troll disminuye tan pronto cortas la cabeza (baneas su cuenta).

El último eslabón de esta historia personal viene de la mano del blog. Lo cierto es que puedo presumir de una comunidad bastante inteligente, entendiendo por inteligente comentarios que en la mayoría de los casos aportan jugo a la entrada que acompañan, y no restan. Pero como cualquier blogger, también he tenido mis Némesis, y me ha tocado lidiar con ellos intentando no recurrir al baneo. En algunos casos, fue suficiente obviar comentarios despectivos (que no críticas constructivas negativas). En otros casos, requirió entrar al trapo ligeramente, intentando apoyar parte de su postura. Sin embargo, y en cuanto la comunidad crece lo suficiente, la mayoría de bloggers terminan por implantar un sistema de pre-moderación, de forma que el usuario que entra en la página solo ve aquellos comentarios que el administrador ha permitido expresamente que se vean.

Diferentes métodos para lidiar con un mismo problema, y que se apoyan en la ofensiva. Rethink ofrece otra alternativa: La de que sea el propio troll quien sufra las consecuencias, y aunque temo que la estrategia acabe por volverse ineficiente, es un buen punto desde donde partir.

 

Imagen de mottive, Trollface (EN) cedida por Depositphotos.com.