Pasando de un requerimiento legal a un negocio de tráfico de datos

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The Daily Beast publicaba estos días un informe (EN) con la filtración de algunos archivos extra que vienen a arrojar algo más de luz al proyecto Hemisphere (EN), un acuerdo de cooperación entre AT&T y la DEA, el organismo estadounidense encargado de luchar contra el narcotráfico.

Una buena excusa para volver a sacar a la palestra un tema que se remonta, que me conste, al 2013 (EN), y que en nuestros días sigue tan vigente como cabría esperar, sirviendo de ejemplo de la extra-limitación (y total impunidad) con la que operan organismos con tanto poder como las telecos.

Pero empecemos por el principio.

Sobre plataformas de profiling definitivas

Hace ya año y medio escribía un artículo en el que intentaba profundizar en un concepto que al grueso de la sociedad se le escapa: el valor que tiene controlar el nexo de unión entre nuestra identidad digital y la física.

Empresas como Google, Twitter y Facebook se han conseguido posicionar como garantes de nuestra identidad digital, hasta el punto de que usamos sus pasarelas de identidad para loguearnos en el resto de servicios, allí donde otras alternativas más abiertas, descentralizadas y sin intereses comerciales, han fracasado.

Por contra, un gobierno, una gran empresa de mensajería, un banco y, como veremos, una teleco, tiene en su haber la capacidad de identificar a la persona físicamente. Por el simple hecho que para tener un contrato con esta última debemos asociarlo a identificadores físicos, como es nuestro documento de identidad y/o nuestra cuenta bancaria, y además pueden localizarnos de diversas maneras.

Ahí es donde entra el papel de ese nexo de unión. Quien aglutine en una misma plataforma identidad física e identidad digital tiene la capacidad de identificar sin riesgo de error ciudadanos y usuarios, con todo lo que ello conlleva.

¿Y quiénes tienen a día de hoy la capacidad para realizar tamaña proeza? Exacto, una teleco.

El año pasado Verizon anunciaba la compra de AOL, el histórico proveedor de servicios en internet, desde hace tiempo caído en desgracia. ¿Cuál es el motivo por el cual una empresa como Verizon, cuyo principal negocio son las redes de telecomunicaciones, puede estar interesada en comprar un gigante digital muerto? La respuesta debería ser obvia. El hacerse con el control de esa ingente base de datos digitales, que han ido paulatinamente agregándose a la información que Verizon, como proveedora de red, tiene de sus clientes, hasta formar una plataforma de profiling definitiva.

Justo lo mismo que hace AT&T o, en nuestro caso, Telefónica, y motivo por el que en su momento alerté sobre los riesgos de esa futura “cuarta plataforma” que tarde o temprano acabará irrumpiendo en nuestras vidas.

AT&T, como cualquier otra empresa americana, tiene la obligación de, PREVIA PETICIÓN JUDICIAL, ceder los datos a las autoridades encargadas de estudiar un caso que afecta a la seguridad nacional, como es el narcotráfico.

Pero hay un diferencia sutil entre hacer esto PREVIA PETICIÓN JUDICIAL, y con UNOS OBJETIVOS CLAROS, y ceder el acceso a todas las comunicaciones que pasan por sus redes a las autoridades bajo un acuerdo comercial.

Acuerdo que, para más inri, está pagado con el dinero de los contribuyentes.

Haciendo caja con la privacidad de los ciudadanos

Al igual que en el caso de la NSA y su desproporcionado espionaje masivo basado en el análisis de los metadatos de comunicación de potenciales criminales/extranjeros, conocidos de esos potenciales criminales/extranjeros y conocidos de esos conocidos de potenciales criminales/extranjeros (lo que englobaba prácticamente a todo ser humano vivo sobre la Tierra), Hemisphere no está regulado por órdenes judiciales, sino que es una puerta abierta para que en este caso la DEA tenga acceso ilimitado al profiling de todos los clientes de AT&T y personas que en algún momento se han comunicado con éstos.

Y lo mejor de todo es que la compañía ha desarrollado su propia herramienta para facilitar el trabajo de análisis de identidades de los cuerpos del orden, por la que estaría cobrando a las agencias policiales estadounidenses entre 100.000 y un millón de dólares anuales.

En el mismo informe señalan como AT&T ya estuvo envuelta en su día (año 2003) en un supuesto 0-day (EN) que la propia compañía permitió implementar en sus sistemas para que la NSA y el FBI tuvieran acceso a sus datos. Curiosamente, se llevó a los tribunales en 2007, año en el que nació el programa Hemisphere. De risa…

Es, de facto, algo sobre lo cual hemos debatido en más de una ocasión.

Una sociedad de control no evita que haya más terrorismo o más narcotráfico. En última instancia siempre sirve para que aquel con capacidad de controlar oprima al resto de la sociedad.

Aquellos criminales que de verdad quieran hacer algo fuera de las redes de control de estas agencias de inteligencia tienen la capacidad y los recursos necesarios para innovar en los canales y formatos usados. Por contra, el principal y único afectado por este tipo de programas es el ciudadano, que ve así mermada su libertad de expresión, al ser consciente de que está permanentemente siendo monitorizado.

De ahí que anime a hacer uso de herramientas de desinformación de perfiles. De ahí que me preocupe en explicarle la importancia de ser nosotros quienes controlamos lo que internet dice de uno mismo. De ahí que vea crítico que sigamos luchando porque este tipo de atropellos a la declaración universal de derechos humanos no caigan en saco roto, protegiendo, separando y preservando el papel ejecutivo, el legislativo y por supuesto, el judicial.

¿Hay maneras de luchar contra el narcotráfico?

Por supuesto. Y no seré yo quien se vaya a molestar porque a Pepito lo han investigado previa petición judicial, habida cuenta de las pruebas que lo comprometen de una u otra manera, con un cartel de la droga.

Quien esté metido en trapos sucios (y haya indicios que así lo demuestren) debería perder su derecho de privacidad como ha ocurrido siempre. Eso sí, limitado a las necesidades y el ámbito propio de esa investigación, y presuponiendo ante todo su inocencia, hasta que las pruebas digan lo contrario.

Pero enarbolar un sistema masivo de espionaje ciudadano solo sirve para controlar y limitar las libertades de la sociedad. Que además tengan la poca decencia de hacerlo bajo acuerdos económicos pagados por aquellos a quien van a espiar, solo es una constatación más de la absoluta disociación que parece afectar a los representantes políticos y a esas grandes empresas.

Un estado de intranquilidad y estrés permanente. Del que “usted no debe preocuparse a no ser que sea culpable de algo”. Del “tranquilo, que no tiene nada que ocultar”. Que no protege al ciudadano, sino al opresor. Y que se envuelve en un papel de regalo como excusa para luchar contra los miedos de la sociedad: sean los narcos, sean los terroristas, sean los pedófilos, sea ese país enemigo, sea ese peligro que acecha en la oscuridad, y que casualmente nunca llegamos a ver.