Hoy no te vengo a hablar de reputación, ni de fraudes, ni de negocios.

O bueno, de esto último quizás haya algo.

Hoy vengo a hablarte de salud.

O de locura, según se mire.

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La cuestión es que me he montado una sauna en casa.

Una sauna, sí.

De hecho, llevaba meses con la idea rondándome la cabeza: combinar entreno, sauna y frío como parte de la rutina diaria de salud y rendimiento.

Es más: Generalmente, en los viajes que hago por negocio suelo aprovechar, si hay opción, a utilizar el SPA del hotel donde me alojo.

Y pensándolo, me dije: ¿y por qué no me monto yo el SPA en casa?

Dicho, y hecho.

La piscina, desde que nos mudamos a la nueva casa, ya la tenía y estaba utilizándola a diario.

El deporte llevo años haciéndolo también de manera constante.

Y me faltaba la parte de calor.

Así que, al final, ha caído una sauna infrarroja… que me llegó a mediados de diciembre, y llevo desde entonces, descontando las dos semanas que he estado por mi otra casa en el norte de España, utilizándola prácticamente a diario.

Y sí, la he plantado en el jardín, pese a que el fabricante no la ha pensado precisamente para exteriores.

En este nuevo episodio del podcast enCLAVE DIGITAL, por tanto, te voy a responder a tres preguntas muy concretas:

  • ¿Tiene sentido comprar una sauna infrarroja «relativamente» económica para usarla a diario en casa?
  • ¿Qué beneficios reales estoy notando al combinar entreno, sauna y chapuzón frío en una piscina helada?
  • ¿Y cuánto cuesta de verdad, más allá del coste en sí de la sauna, en el consumo de luz tenerla funcionando, digamos, unas cinco horas a la semana?

Acompáñame en este viaje por los rincones más absurdos de los problemas del primer mundo.

Si estás valorando algo similar, o simplemente quieres ver cómo encaja esto en la vida de un padre que entrena fuerte, trabaja por su cuenta, y tiene poco tiempo libre, quédate, porque voy a contártelo sin postureo.

¡Empecemos!

review sauna infrarroja

Pero antes de continuar, quería pedirte un favor.

Generar contenido en Internet, como hago yo, tanto en vídeo, con este podcast y los reels/shorts/tiktoks que publico A DIARIO en mis perfiles de redes sociales con la noticia del día, como en texto, con el resto de artículos semanales del blog, y la newsletter de los lunes, créeme que roba mucho tiempo.

Es un trabajo, además, poco agradecido, ya que por regla general, sois muy pocos los que, tras consumirlo, interaccionáis, bien sea dándole un Me Gusta, bien sea compartiéndolo, bien sea dejándome un comentario.

Y aquí viene el favor: ¿Y si esta vez rompemos esa distancia entre tú y yo, y ahora mismo, mientras me escuchas, ves o lees esto, le das a compartir este episodio con alguien a quien le pueda ayudar, o me dejas un comentario haciéndome saber que lo estás escuchando, viendo o leyendo?

A ti no te va a robar más de unos pocos segundos. Yo voy a seguir aquí por aquí, contándote todo esto, y créeme que este pequeño gesto, por sencillo que parezca, me ayuda muchísimo.

¿El por qué?

Pues porque, por cómo funcionan a día de hoy los algoritmos que rigen las plataformas digitales, si tú, y también ese otro que me está escuchando, y ese otro que me está ahora viendo, y ese otro que está leyendo el guión de este episodio, lo hace, de cara al algoritmo entiende que este contenido debe ser interesante, y por tanto, lo mostrará a otro grupo de personas que, igual, también necesitan oír esto.

Y fíjate que no te estoy pidiendo que te suscribas, con la opción de pago, a mi canal (que si lo haces, muchísimo mejor, por supuesto :D), sino algo tan rápido y GRATUITO como suscribirte a mi newsletter (es GRATIS, recalco, y recibirás un ebook de valor al instante), como es compartir este contenido con los tuyos, o como es hacerme saber que eres más que un número en mis estadísticas dejándome un comentario.

¿Me harías ese favor?

Pues, tanto si es que sí, como si es que no, ahora sí, ¡continuemos!

sauna jardin

Por qué una sauna infrarroja

Empecemos por el principio.

Cuando uno piensa en sauna, se imagina la clásica cabina de madera finlandesa que llega hasta los 80‑90 grados, muchos chorros de sudor y olor a spa.

Sin embargo, para el contexto de un servidor, que vive en una urbanización cerrada y no en un chalet, y además el uso prácticamente diario que le voy a dar, la infrarroja tiene más sentido del que parece.

​Y es que, por si no lo sabes, hay tres tipos de saunas que uno puede instalar en su casa: La de vapor, la infrarroja, y la finlandesa.

¿En qué se diferencia cada una?

Pues básicamente, en la temperatura máxima que son capaces de ofrecer, en el precio, y en los potenciales beneficios.

  • La de vapor suele serla más económica, pero también es la que más ensucia (por el propio vapor que suelta), por lo que creo que no tiene sentido para ponerla en un interior de una casa… a no ser que tengas un espacio específicamente diseñado ya de construcción para ella. Eso sí, es la mejor si lo que buscas es mejora a nivel respiratorio, y a cambio es la más económica: Desde poco más de 100€ (ES) tienes saunas unitarias que puedes conectar directamente a cualquier toma de corriente.
  • Las infrarrojas son un punto intermedio. Tienen, por regla general, un coste algo mayor, aunque puedes encontrarte alguna básica por unos 400€-500 € (ES). Son las más cómodas de mantener a nivel de limpieza. También puedes conectarlas a cualquier toma de corriente convencional. Y la experiencia es parecida a la que tendrías en una sauna finlandesa, pero obviamente, a menor temperatura, y por tanto, en principio, con menores potenciales beneficios que estas.
  • Y por último, tenemos la creme de la creme… Las saunas finlandesas: Que son las mejores, vaya. Pero que sí requieren una instalación propia eléctrica, son considerablemente más caras (ya hablamos de armatrostes de mínimo unos 1.500 € (ES)), y también requieren un mantenimiento más exigente.

En mi caso, los motivos para elegir este modelo concreto han sido:

  • Cero obra y poca fricción.
    Una sauna finlandesa de instalación seria implica espacio, instalación eléctrica extra (con el gasto de consumo asociado), ventilación y, muchas veces, obra. Una infrarroja como la mía, la sacas de la caja, la enchufas y a funcionar. Para alguien que entrena casi a diario y va justo de tiempo, la fricción que añadas entre tú y el hábito marca la diferencia.
  • Consumo moderado y uso frecuente.
    Las saunas de infrarrojos consumen bastante menos que una eléctrica tradicional, porque trabajan a menos temperatura y calientan por radiación, no solo el aire.
    En potencias de 1.600–2.000W, puedes usarlas varias veces por semana sin que la factura se dispare, siempre que controles los tiempos.
  • Beneficios bien documentados para el corazón y la recuperación.
    La literatura científica sobre sauna (especialmente la finlandesa, pero cada vez más también sobre infrarrojas) habla de mejoras en presión arterial, función endotelial, rigidez arterial y reducción de riesgo cardiovascular cuando se usa varias veces por semana.
    Además, la infrarroja, a 50‑60 ºC, genera una respuesta cardiovascular similar a un ejercicio moderado: sube la frecuencia cardiaca, aumenta el gasto cardíaco y provoca vasodilatación periférica, lo que mejora la circulación y ayuda a la recuperación entre entrenos. Luego me pararé en los aspectos puramente médicos y de salud, pero por ahora, quédate con esta idea.​

En resumen: que buscaba algo que pudiera usar muchas veces a la semana, sin obra, sin un consumo indecente y que me sumara puntos en salud y recuperación.

La sauna infrarroja portátil cumplía todas, y tras convencer a mi pareja, que me sigue mirando raro, me puse manos a la obra.

Lo que me lleva al siguiente punto…

Mi “herejía”: una sauna de interior… en el jardín

El siguiente punto polémico: el fabricante, en la ficha de producto de Amazon (ES), que es donde la compré, dice que la sauna es para uso interior, y yo la he plantado en el jardín.

También es cierto que mi idea inicial era montarla en la habitación. De hecho, la monté el primer día allí, pero luego, leyendo el manual de instrucciones, como no decía nada de que no pudiera usarse en exteriores, y OBVIAMENTE tiene mucho más sentido tenerla fuera, la desarmé parcialmente y me la llevé al jardín.

Que sea lo que Dios quiera…

Y a ver, tampoco es que yo sea un temerario. Más que nada porque:

  • La tengo bajo una zona techada del jardín, donde es muy difícil que le llegue agua directa a la parte trasera (donde va el motor), incluso si llueve o nieva.
  • Los componentes eléctricos tampoco están expuestos al sol directo continuado ni a chorros de agua.
  • Y asumo un riesgo calculado: sé que la electrónica sufre más en exterior y que es posible que la vida útil sea menor. Pero a cambio, hay más posibilidades de que la relación familiar sufra menos. Y entre una cosa y otra, pues prefiero tener que cambiar la sauna dentro de, con suerte, unos añitos :).

A cambio, eso sí, en invierno esto tiene otra consecuencia negativa… y es que la sauna no arranca desde los más o menos 20 ºC que tenemos en casa de ambiente, sino desde “casi cero”.

Y, claro, esto se nota:

¿En qué? Te preguntarás.

Pues en que:

  • El fabricante anuncia que es capaz de llegar hasta 60 ºC, y además hacerlo en apenas 5 minutos.
  • Sin embargo, en mi caso real, en pleno invierno, con la sauna en el exterior, poniéndola a funcionar media hora antes de usarla, lo normal es que llegue a unos 45‑50 ºC… y ahí se queda de momento. He visto a veces un 51, o incluso un 52, pero ya tras una hora de funcionamiento.

¿Cumple su promesa?

Pues a ver, técnicamente, en interior seguramente sí llegaría a esos 60 ºC y en mucho menos tiempo; pero en exterior, con el aire frío y las paredes, y el suelo, ojo, radiando frío, olvídate…

En verano será otro cantar.

Pero ahora, en invierno, es lo que hay…

¿Es un problema, entonces, esos 45‑50 ºC en lugar de los 60 ºC esperables?

Pues para mi uso concreto, no.

Y es que:

  • La evidencia científica (EN) que hay sobre el uso de saunas infrarrojas sitúa el rango de 45‑60 ºC como útil para conseguir beneficios cardiovasculares y de recuperación, siempre que mantengas 15‑30 minutos por sesión. Es decir, que tengo que estar un poco más de tiempo dentro.​
  • Y te puedo asegurar que a 45‑50 ºC sigues sudando bien, te sigue subiendo el pulso, y ya cuando sales y pasa un poco tiempo, tienes igualmente esa sensación de relajación muscular típica de una sauna.

Escucha:

A los pocos minutos de sentarte en una sauna infrarroja, comienza la respuesta natural de tu cuerpo.

Gotas de sudor aparecen en tu piel. Tus vasos sanguíneos se ensanchan y aumentan el flujo sanguíneo. Tu ritmo cardíaco se acelera.

«Lo que ocurre imita el ejercicio cuando piensas en la fisiología», explica el Dr. Young. «Hay un beneficio en eso.»

Los estudios demuestran que las saunas infrarrojas pueden ayudar a mejorar la salud del corazón y reducir la presión arterial. Los investigadores equipararon la respuesta física de una sesión de sauna infrarroja con caminar a un ritmo moderado.

Análisis de los beneficios de las saunas infrarrojas publicado por Cleveland Clinic (EN)

¿Podría ser mejor un poco más de temperatura? Sí.

¿Es imprescindible para notar beneficios? No, si eres constante con frecuencia y tiempo.

sauna interior review

Detalles frikis: el calentador de pies y el confort

El modelo que he comprado, por cierto, incluye un calentador específico de pies con tres niveles.

Me estarás ahora escuchando, viendo o leyendo, y pensarás que es una soberana tontería, pero en la práctica te puedo asegurar que se nota muchísimo. Más aún ahora en invierno, que pese a que en efecto la sauna también te viene con una especie de almohadilla para que el suelo no esté tan frío (y también mantenga un poco mejor el calor en el interior), vas a agradecer ese calentador de pies, créeme.

  • De hecho, en el nivel máximo, tras varias pruebas, la sensación es de “me quemo”, sobre todo cuando llevas ya unos minutos dentro a buena temperatura.
  • Y por tanto, el nivel intermedio se ha convertido en mi estándar: da calor suficiente para que los pies no sean el punto débil, sin llegar a resultar molesto.

Este tipo de detalles son clave si quieres que el hábito sea sostenible.

Si cada sesión es media hora de sufrimiento gratuito (más allá del calor saludable, ya sabes…), acabarás usándola menos. Y en una herramienta de salud, como ya expliqué múltiples veces con otros productos tecnológicos como pueden ser las pulseras de monitorización o incluso dinámicas de juego que nos hacen estar activos en el día a día, lo que manda no es el pico de intensidad, sino el área bajo la curva: cuánto tiempo total a la semana la usas.

Y es que, como todo en esta vida (con los negocios también, ojo), lo importante no es solo optimizar el sistema, sino reducir la fricción.

Cuanto más cómoda y predecible sea la experiencia, más fácil será que lo integres como parte de tu rutina diaria.

Mi rutina diaria real con CrossFit, sauna y baño frío

Vamos al salseo:

Cómo la estoy usando realmente, con la vida que tengo.

Pues, para empezar, hay que dejar claro que desde que soy padre, soy de levantarme muy temprano.

Podría hacer la broma con el bueno de Llados y sus 5AM, pero es que, en mi caso, era eso, o sacrificar horas de trabajo.

Así que lo normal es que a las 6 de la mañana ya esté trabajando. Reviso agenda y respondo a algunas tareas que me hayan llegado por la noche, y me voy a entrenar, estando a las 7 en el gimnasio.

Hay que decir que yo entreno CrossFit (ES) principalmente (cuando estoy en casa, que en viajes intento amoldarme a lo que haya), y suelo entrenar en el box entre 4 y 6 días por semana.

A las 8 y poco llego nuevamente a casa, cuando mi pareja y la peque están despertándose, y empieza el caos mañanero.

Y es justo ahí donde entra la sauna… y la piscina.

Te explico:

  1. Nada más llegar de entrenar, enciendo la sauna.
    Con el frío que hace, sé que necesita 20‑30 minutos para ponerse en esos 45‑50 ºC aprovechables.
    Y mientras tanto, me cambio de ropa, doy los buenos días, ayudo con la peque… vida normal de una casa familiar, vaya.
  2. Cuando la sauna ya está caliente, sesión de 10 a 30 minutos.
    • Si voy con el tiempo justo, porque por ejemplo tengo que llevar yo a la niña, hago 10‑15 minutos máximo. Lo que me dé tiempo.
    • Si el día me lo permite, me quedo 20‑30 minutos.
      La literatura habla de un rango de 15‑30 minutos como lo óptimo (ES) para inducir respuesta cardiovascular beneficiosa en saunas infrarrojas alrededor de 60 ºC.
      A 45‑50 ºC, mi sensación es: si quieres compensar algo menos de temperatura, súmale algo más de tiempo.
  3. Y por último, al salir de la sauna, me hidrato un poco mientras bajo de temperatura, y chapuzón frío en la piscina.
    En verano me puedo permitir estar algo más.
    En invierno, la realidad es que ahora mismo hago un chapuzón rápido: entro, me sumerjo, estoy como máximo un par de minutos (ES), y salgo congelado.
    A esas temperaturas que hay por donde vivo, con el 0º C marcando muchas veces el termómetro en el exterior, no hace falta más para tener un buen estímulo de contraste térmico.

De hecho a estas temperaturas ya no meto ni las manos, porque luego para hacerlas entrar en calor me cuesta horrores.

¿Qué beneficios estoy notando?

Vale Pablo, todo esto es muy bonito, ¿pero para qué?

Con lo a gusto que se está dentro de casa con un buen chocolate con churros, ¿verdad?

Y tienes toda la razón del mundo, ojo.

Igual es pura sugestión propia, pero creo que desde que lo hago (entrenar llevo años haciéndolo, y los baños fríos, aunque también hace como un año, me empecé a tomarlo en serio cuando me mudé a mediados del año pasado), tengo:

  • Menos rigidez al día siguiente de los entrenos duros.
  • Mejor sueño las noches en las que hago entreno + sauna + agua fría.
  • Y, sobre todo, un “clic mental” de rutina de cierre del entrenamiento: sabes que no acaba cuando sales del box, sino cuando terminas tu pequeño ritual de calor y frío.

Empezar ya el día con esto te hace además pensar que da igual lo que te pongan delante.

Peor no puede ser :D.

Y además, por supuesto, la ciencia que hay detrás apoya bastante esta sensación:

  • Sobre el deporte creo que a estas alturas no hace falta que lo comente. Sabemos que es bueno, necesario para los que tenemos un trabajo tan sedentario, y punto.
  • El calor de la sauna aumenta el flujo sanguíneo y la frecuencia cardiaca, mejorando la entrega de oxígeno y nutrientes a los músculos, y acelerando la eliminación de metabolitos.
  • Y el contraste posterior con frío provoca vasoconstricción, reduce inflamación y genera picos de noradrenalina y beta‑endorfinas, útiles tanto para recuperación como para estado de ánimo.

No es magia, vaya.

Es fisiología aplicada con un poco de constancia.

Números claros: cuánto gasta en consumo de luz tener una sauna en casa

Vamos a la parte de los números: ¿cuánto cuesta esta broma en casa?

Pues mira, partimos del tipo de sauna que tengo, y del uso que le doy.

  • Potencia de la sauna: 1600W, es decir, 1,6 kW.
  • Tiempo total de uso: Pon unas 5 horas a la semana (según mi rutina actual).
  • Precio medio de la electricidad en España: aproximadamente 0,16‑0,17 €/kWh en el entorno residencial.​

Con esto en mente, mi consumo semanal ronda los 8 kWh a la semana.

Y por tanto, el consumo mensual aproximado es de, más o menos, 32 kWh al mes.

Tomando 0,17 €/kWh como referencia media, eso significa que estamos gastando un extra de alrededor de 5,44 € al mes.

  • Obviamente, si tu tarifa es algo más baja (0,15 €/kWh, por ejemplo), o haces más uso en horas valle, puede rondar 4,5–5 €.
  • Y si tu tarifa está algo por encima, pongamos 0,20 €/kWh, te irías a unos 6,4 € al mes.

Personalmente, para el paquete de beneficios que le estoy sacando (recuperación, salud cardiovascular, ritual diario), hablamos de un coste mensual ridículo comparado con casi cualquier otra “inversión” en salud: suplementos, tratamientos, sesiones de fisioterapia, etc.

Y sí, una de las grandes ventajas de la infrarroja frente a la sauna eléctrica tradicional es precisamente esta eficiencia: una finlandesa típica puede irse fácil a 6.000–9.000W, con consumos por sesión varias veces superiores.

detalles sauna interior

Beneficios esperables a medio plazo

Una cosa es el subidón de estrenar juguete nuevo, y otra lo que la literatura dice que puedes esperar a medio-largo plazo si mantienes el hábito.

Y como te decía, hay muchos estudios que lo abalan. Te los iré mostrando por aquí, pero si quieres, en el artículo de mi blog estarán enlazados todos.

Resumiendo la evidencia más relevante:

  • Mejora de la salud cardiovascular:
    Sesiones regulares de sauna (en muchos estudios con finlandesas (EN), pero extrapolable, con los matices que ya te comenté, en parte a infrarrojas) se asocian con menor tensión arterial, mejor función endotelial y menor riesgo de enfermedad cardiovascular.
  • “Cardio pasivo” para días de descanso:
    La respuesta cardiaca en sauna (aumento de frecuencia, gasto cardiaco) se ha equiparado (EN) a un ejercicio moderado, lo que hace de la sauna una herramienta interesante para días de descanso o para personas que no pueden hacer tanto ejercicio intenso.
  • Mejor recuperación y menos agujetas:
    El combo sauna + frío después de entrenar se ha popularizado entre atletas porque reduce dolor muscular de aparición tardía, mejora la sensación subjetiva de recuperación y, en algunos casos, permite entrenar con más frecuencia con menos sensación de “ir roto”. Escucha:

​Un estudio cruzado humano de 2025 encontró que un baño de hielo a 8–12 °C aumentó la noradrenalina circulante, mientras que la adrenalina no cambió y el cortisol siguió su ritmo normal de mañana y tarde.

La inmersión en agua fría también aumenta de forma aguda el gasto energético, y un ensayo de 2025 mostró un EE más alto de 16 °C frente a controles en agua cálida o aire ambiente.

La combinación de terapias de calor y frío ha demostrado mejorar la recuperación deportiva.

Reportaje publicado en Aetherhaus (EN)

  • Y, por último, hay beneficios mentales y de estrés: El ritual de calor seguido de frío genera una sensación de “reset” mental bastante bestia. Estudios sobre contraste térmico (EN) hablan de mejoras en estado de ánimo, reducción de estrés percibido y aumento de resiliencia psicológica. Que falta nos hace… Más si como es mi caso, tienes tu propio negocio.

¿Hace falta una sauna infrarroja en el jardín para conseguir todo esto? Pues a ver, por supuesto que no.

¿Puede ser una palanca brutal de salud, si ya entrenas y cuidas el resto de variables (sueño, alimentación, etc.)? Pues sí.

Y como me mola probar cosas, ahí lo tienes.

Te dejo en el enlace de la descripción y en el código QR que aparecerá ahora en pantalla la sauna que he acabado comprando (ES).

Montarla en el jardín, usarla casi a diario tras entrenar y rematar con un chapuzón frío puede sonar a capricho, pero si lo miras con lupa, es:

¿Podría optimizarse aún más?

Seguro: Con un mejor aislamiento, buscándole un espacio interior, jugando con horarios de tarifa valle, afinando tiempos según métricas de recuperación…

Pero como punto de partida funcional y sostenible, estoy muy satisfecho con el resultado.

Ha venido para quedarse, vaya.

Y ahora te devuelvo la pelota con tres preguntas, para que reflexiones y, si te apetece, me las compartas en comentarios:

  1. ¿Qué te frena más a la hora de incorporar una rutina de calor y frío en tu día a día: el tiempo, el coste o la incomodidad?
  2. Si ya entrenas con cierta intensidad, ¿estás aprovechando al máximo la parte de recuperación o sigues viéndola como “lo que se hace cuando sobra tiempo”?
  3. Si pudieras montar una mini “sala de recuperación” en casa con un solo elemento (sauna, bañera fría, rodillo de masaje, etc.), ¿cuál sería y por qué?

Te leo en comentarios, y abramos debate.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.

Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.

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