Desaparecer en la era Post-Snowden: Da hasta para un reality

hunted

“Un frío y lluvioso día de Mayo del 2015, la pareja de recién casados Emma y Adam Channell desaparecen del mundo conocido, adentrándose en la carrera. Durante 28 días ellos deberán estar fuera del sistema, ocultos en campamentos base y bosques, alejados de conocidos y familiares si esperan seguir eludiendo su captura.

En el otro lado, un equipo de caza-recompensas formado por 30 reputados cazadores de las fuerzas del orden, ciber inteligencia y la CIA trabajarán día y noche para tracearlos. Entre ellos estará Peter Bleksley, un ex policía en protección de testigos que lleva años lidiando con una vida a la que una banda de terroristas han puesto precio. Ahora, de vuelta en el ojo público, Bleksley ayudará a dirigir toda la maquinaria para dar caza a estos fugitivos”.

¿Parece el típico guión de una nueva franquicia cinematográfica hollywoodiense, verdad? Pues no andamos lejos.

En realidad se trata del argumento de un reality que Channel 4 (EN) emitirá a finales de año en Reino Unido. Emma y Adam no son más que unos de los 14 participantes de este peculiar Gran Hermano, y presumiblemente vivirán una odisea cercana a lo que podría vivir cualquiera de nosotros si algún día nos da por salirnos del sistema.

El Gran Hermano en el que el objetivo es no estar en el ojo del Gran Hermano

Y a falta de ver algo más que el trailer (bajo estas palabras), se me vienen a la mente varios elementos discordantes que creo necesario señalar.

Ver en Youtube (EN)
 

El primero y más obvio, es el éxito comercial que está teniendo todo este escenario de ciber inteligencia, vigilancia masiva y filtraciones explosivas. Han proliferado como la espuma tanto series como películas que ensalzan o denigran la figura hiperexagerada del hacker. Ese joven activista que recurre a las nuevas tecnologías para poner contra la pared al gobierno o corporación de turno (la eterna lucha de David contra Golliat actualizada a los tiempos que corren), el valor añadido de los currículos especialistas en tecnología frente a “la barbarie de las humanidades”, la infravaloración de las aptitudes sociales (casualmente todos los hackers cinematográficos son parias sociales) si no es para aprovechamiento propio (ingeniería social) y el ensalzamiento del ya de por sí dilatado escenario tecnológico mesiánico.

El mundo de la privacidad y la seguridad vende, pero no por sus riesgos, sino por el atractivo que de por sí tiene para la pantalla. Esos ceros y unos pasando a gran velocidad por un cable hasta una CPU enorme, y de pronto, millones de dólares ensuciados con los maquiavélicos tratados del malo de turno transferidos a miles de cuentas del ciudadano común. El hacker pasa a ser el Robin Hood del siglo XXI, el “todo en esta vida es posible” si te preparas adecuadamente.

Porque junto al hacker (o divulgador de información confidencial), siempre va a haber un elemento de control (a veces una chica, representación inequívoca del apego social, otras el compañero vende-humos que ayuda a monetizar el trabajo underground del prota, otras directamente el departamento de ciberseguridad del gobierno o compañía de turno). En este caso, presumiblemente la propia sociedad (el contacto con tus familiares y amigos). Ese mismo elemento que juega con el interés a lo oculto (lo que está fuera de lo permitido), encauzando el discurso hasta que esos objetivos iniciales, tachados de radicales y extremistas, entran de facto en los engranajes del sistema (¿qué son unos cuantos “chapos” si con ello el activista pasa a trabajar de nuestro lado?, ¿qué mejor forma de control que idolatrar al supuesto agente nocivo al Sistema, que forma ya parte del mismo?). Perseguimos a los fugitivos, que son además participantes de este concurso. Más claro agua.

El segundo pasa por acercar al espectador la figura del Gran Hermano. Una mirada (vacua, y presumiblemente exagerada) a los engranajes que rigen ese sistema de control masivo. Y quizás algunas pinceladas acertadas a las herramientas que hacen posible el panopticon de nuestra era. El cómo sólo en Reino Unido hay 6 millones de cámaras de vigilancia, pero sobre todo, el cómo a día de hoy todos portamos en nuestro bolsillo una cámara con grabadora y protocolos fácilmente traceables como el WiFi, la línea de datos y el GPS. El cómo la paulatina derogación de la moneda física en favor de las tarjetas y otros modelos de pago digital juega a favor del Sistema. Así como los extensos lazos que nos unen aún sin querer a un escenario profundamente dependiente de la tecnología. Lazos que no tienen por qué ser únicamente tecnológicos, sino también empáticos y sociales.

Por último, el tercero, que sería sin lugar a dudas el más preocupante, es la banalización (commoditación, si me lo permite) de la figura del whistleblower. Llámeme conspiranoico, pero no sería la primera vez que los mass media son utilizados como herramienta para adoctrinar a la sociedad.

Y preveo que tanto Emma como Adam, como el resto de esos 14 voluntarios, lo van a pasar muy pero que muy mal. Tanto que seguramente el reallity sirva para quitar las ganas a esos cuatro indecisos que quizás a día de hoy se estén planteando llevar a cabo un movimiento como Snowden o Julian Assange.

La banalidad del reality aplicada a uno de los mayores retos a los que se enfrenta el Sistema

Haciendo visible a la sociedad las terribles consecuencias de salirse de la zona de confort, y transformándolo para colmo en un mero reality televisivo, se banaliza el propio hecho, y se eliminan las pretensiones individuales del colectivo.

El corolario es el esperado: “No merece la pena salirse fuera. O mejor aún: “No hay un fuera a donde salirse, puesto que nuestros tentáculos llegan a todos los confines de la sociedad”.

Si alguna vez lo has pensado, que sepas que nosotros lo hemos hecho antes. Tanto es así que hasta podemos permitirnos enseñarte parte de nuestras estrategias. Tanto que quizás te plantees que la idea no es tuya, sino nuestra, puesto que te la hemos servido en bandeja de plata, y para colmo la compartimos con el resto de espectadores, entre los que estarán tus vecinos, amigos y familiares.

El mejor sistema de control es aquel en el que el individuo tiene la sensación de ser libre. De tener el control de sus acciones, pese a que en la práctica esté condicionado educativa y socialmente a cumplir unos inflexibles cometidos dentro de la organización.

Y eso precisamente ofrece “Hunted” a los espectadores. Un mero entretenimiento para mantenernos pegados al sofá. Para alimentar la cabeza con aspiraciones insulsas, y dejar fluir la baba por nuestra barbilla.