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Si a alguien le preguntas cuál ha sido el mayor genocidio de la historia, probablemente la mayoría te digan que éste fue el vivido a mediados del siglo XX en la llamada II Guerra Mundial. 55 millones de personas murieron en apenas seis años directa o indirectamente por esa terrible guerra que sacudió el mundo entero.

Pero, ¿y si tuviéramos en cuenta el número de habitantes del planeta en cada momento?

Este fue el trabajo que en su día presentó el historiador Matthew White, quien estableció una clasificación de las mayores atrocidades de la humanidad en la que, bajo esta premisa, la II Guerra Mundial «apenas» llega a ocupar el noveno puesto.

Por delante, de hecho, tendríamos otras muchas que seguramente te sonarán desconocidas, como fue la Rebelión de An Lushan en China acaecida entre los años 755 y 763 y que se saldó con la nada despreciable cifra de 36 millones de víctimas… considerando que por aquel entonces el gigante chino solo tenía 60 millones de ciudadanos. Es decir, que en apenas 8 años falleció el 15% de la población mundial (la II Guerra Mundial se llevó por delante al 2%).

Y así podríamos seguir un buen rato:

  • Las conquistas de los mongoles en el siglo XIII a manos de Gengis Khan acabaron con alrededor de 40 millones, lo que equivaldría a unos 278 millones de víctimas comparativamente hablando si hubiera ocurrido en el siglo XXI.
  • El comercio de esclavos en Oriente Medio, 19 millones (o 132 si hubiera ocurrido en el siglo XXI).
  • La caída de la Dinastía Ming del siglo XVII, 25 millones (unos 112 si lo comparamos con los datos del censo del siglo XXI)

Y sin embargo, todas estas estas barbaries quedan ensombrecidas por el genocidio de más de 500 millones de personas por parte la tecnológica Reminder… en tan solo 16 horas.

Y no, no estoy hablando de La Purga de los UNOS, que de hecho, y aunque nos toque más de cerca, no llegaría ni a aparecer en el ranking.

Ni siquiera hablamos de la Rebelión de los Sub de principios de década.

Estamos hablando del mayor genocidio de toda la historia de la humanidad. Un genocidio que, para colmo, no es reconocido como tal por un porcentaje significativo de estudiosos.

¿La razón?

¿Podemos considerar víctimas a personas que ya estaban muertas?

El derecho al genocidio digital

A principios del siglo XXI una compañía japonesa, Gatebox, se enfrentó a un complicado dilema:

Una actualización del hardware de su sistema de asistencia forzaba a resetear todos los asistentes personales de sus usuarios, lo que suponía, de paso, «eliminar» a ese asistente con el que quizás el usuario había llegado a mantener una relación sentimental.

Ver vídeo de presentación de Gatebox (EN)

El servicio, de hecho, fue creado precisamente para personas que vivían en solitario, y que echaban por tanto de menos alguien con quien hablar o simplemente alguien que se alegrase de que habían vuelto al hogar.

Pero de pronto, tras años de haberse acostumbrado a que esa máquina mostrara un fingido interés en su persona, dichos asistentes debían dar paso a un nuevo modelo que era incompatible con el antiguo asistente.

Ya en nuestra época ha pasado algo parecido, con el añadido de que los asistentes virtuales de Reminder pueden ser considerados bajo ciertas excepciones, como ya vimos con el caso de Belén, un ciudadano no humano.

A partir de la versión 4.7.1 de Reminder es posible cargar la personalidad de un fallecido, siempre y cuando se demuestre el pleno derecho a hacerlo (hay que demostrar legalmente la relación con dicha persona), como asistente virtual del usuario, lo que en la práctica ha servido para que millones de personas en todo el mundo utilicen Reminder como una suerte de segunda vida para esos hijos, padres o parejas perdidas.

Y en Europa, cumpliendo la normativa ePrivacy, Reminder se ha visto obligado a ofrecer todo este tratamiento de datos mediante un sistema de privacidad diferencial, lo que en la práctica supone que el tratamiento de datos se tiene que hacer en local, y que a la vez abre la veda a dos escenarios distintos:

  • Por un lado, y es aquí donde surge el problema que nos compete, los ciudadanos europeos que utilizan Reminder para mantener con esa segunda vida a sus familiares fallecidos han visto cómo a partir de la versión 5.3.2 que entró en vigor la semana pasada el nuevo sistema de asistencia de Sarah es incompatible con la personalización basada en privacidad diferencial.
  • Por otro lado, y esto agrava aún más la situación, desde Reminder reconocen estar al tanto de que algunos usuarios europeos, amparados por el ePrivacy, utilizaban este sistema para emular la identidad de otras personas, famosas o no, hackeando el sistema en un claro uso de un diseño no intencionado, entrando esto en conflicto con el derecho de identidad de cada ciudadano, y llegando así a tener relaciones incluso amorosas con personalidades sin el permiso expreso de dichas personas, que pueden estar o no ya vivas.

Un conteo estimado de Reminder cuantificaba ese número mágico de 500 millones de asistentes personalizados que fueron, en los 16 minutos que tardó Reminder en propagar la nueva versión, eliminados de su plataforma.

500 millones de identidades que para un porcentaje más que significativo de la sociedad eran, a efectos prácticos, «ciudadanos no humanos». Padres, madres, hijos, parejas y hasta personalidades conocidas que encontraban en este sistema una segunda vida, y que por intereses de negocio fueron eliminados.

Claro está Reminder recompensó a todos los afectados con el nuevo modelo y una suscripción anual gratuita a su servicio plus.

El nuevo asistente era más potente, más eficiente y más humano, por lo que en los foros de la red social pocos parecieron quejarse de la nueva situación…

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Inspirado en la decisión de Gatebox (EN), una compañía japonesa, de no hacer retrocompatible el servicio de asistente personal que ofrecía hasta el momento con el nuevo dispositivo de asistencia, lo que supone, de facto, eliminar a miles de asistentes virtuales con los que algunos usuarios han establecido una relación sentimental.

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