accidentes trafico

Ya lo he dicho en más de una ocasión, y no me importa repetirlo: No me gusta conducir, y por eso no lo hago.

Tengo carnet. Pero hasta el año pasado, que hice unas cuantas prácticas casi obligado por la familia, la última vez que había cogido el coche había sido para hacer el examen práctico… ¡con 18 años!

He vivido prácticamente toda mi juventud en una casa en la que no había coche. Mi madre, que había sido conductora, decidió venderlo en su momento y hasta hoy que no ha vuelto a ponerse al volante.

Y en parte también por eso me he buscado un trabajo en el que, descontando la participación en eventos presenciales/formaciones y alguna que otra reunión con clientes, dependo lo mínimo posible de los viajes en carretera.

Por supuesto, eso sí, que el no conducir entraña mayores incomodidades en algunas situaciones (sin ir más lejos en la «nueva casa» para ir a Madrid tengo que salir de casa un mínimo de dos horas antes, cuando si lo hiciera en coche con una hora sería suficiente).

Pero también sus ventajas: En todo este tiempo me he acostumbrado a utilizar el transporte público, y soy de ese tipo de personas que aprovecha los viajes para escuchar podcast, para trabajar, para leer, o, en definitiva, para algo más que no sea simplemente estar atento a la carretera.

Que lo que para otros es un tiempo perdido, para un servidor es un tiempo que gano para dedicarlo a mis cosas.

Digo todo esto porque en casa, eso sí, a Èlia le encanta conducir. Y aunque le gusta ser pesada con eso de que yo debería también hacerlo, creo que hacemos un buen tándem cuando, como en estas navidades, hemos pasado bastante tiempo en carretera (Madrid-Girona, Girona-Madrid, Madrid-Asturias, Asturias-Madrid).

Hablándolo el otro día con un compañero surgió, como otras tantas veces, el tema de la seguridad al volante. Que muchas veces nos obcecamos con los temas tecnológicos cuando en este sector, como en el de la informática en general, la mayoría de riesgos vienen dados por mala praxis del usuario.

Lo que me lleva a escribir el artículo que estás ahora leyendo.

La seguridad al volante va más de cosas simples que de complejas

Hay que partir de una base, y es que entiendo que ya es por todos sabido que la carretera es un páramo con un riesgo considerable.

Que es gracioso que haya gente que le tiene un pánico atroz a ir en avión o en barco… cuando hay centenares de miles más de muertes en coche que en vuelos o en barco.

De hecho en países desarrollados como España los accidentes de tráfico están entre las cuatro primeras causas de muerte no natural de la sociedad, solo adelantados por los suicidios, los ahogamientos y las caídas accidentales. Y eso solo recientemente (ES), que antes era aún peor.

¿Que cómo se solucionaría esto?

Pues prohibiendo al ser humano estar al volante de un vehículo a motor. Delegando en los coches autónomos la gestión del tráfico. Sin más.

Pero por supuesto no estamos aún en ese escenario, y presumiblemente, aunque la tecnología está ya aquí, ni tú ni yo lo veremos hacerse realidad, habida cuenta de que primero habría que erradicar todo el parqué de vehículos no autónomos del mundo, educar a la ciudadanía de que el paso lógico es ese, y cambiar la legislación actual.

Así pues, nos quedan muchos, muchísimos años con coches «tradicionales» cohabitando seguramente con cada vez más autónomos. Un escenario que no elimina el terrible riesgo de la conducción por carretera, y que puede que incluso lo agrave aún más si tenemos en cuenta que la máquina, que entre máquinas es capaz de ser muchísimo más eficiente, va a tener que enfrentarse a la irracionalidad humana del conductor de carne y hueso… con las herramientas informáticas puramente racionales que tiene.

Así que mientras tanto, ¿qué podemos hacer para minimizar ese riesgo?

La seguridad de las cosas sencillas

Y sí, podría hablarte de cómo proteger digitalmente ese vehículo que a cada paso se parece más a un ordenador con ruedas que a una pieza de mecánica móvil, pero es que si atendemos a las estadísticas REALES podemos ver que la cosa sigue dependiendo en extremo de tres factores low-tech:

  • El uso adecuado del vehículo: Cosas tan sencillas como tener una alfombrilla en el coche que sea absorbente y esté limpia, inclusive una de esas alfombrillas de coche personalizadas (ES) por eso de sacar nuestro lado friki, hace más por minimizar el riesgo que la mayoría de cuestiones técnicas que puedo contarte. Muchos accidentes se deben al uso de calzado no adecuado (pese a que está prohibido…), o a la falta de adherencia y tacto de los pedales por llevar las suelas del calzado mojadas tras, por ejemplo, una lluvia. Ya ni hablemos del uso del cinturón de seguridad, que recuerdo es obligatorio tanto para los de adelante… como para los de atrás (¿o a caso piensas que por estar atrás no te vas a comer la misma hostia…?). Me sigue sorprendiendo descubrir que hay gente empeñada en utilizar hebillas de cinturón de seguridad (venden incluso algunas con un abridor de botellas de cerveza en el otro lado para más inri…) para saltarse la alarma de aviso del coche. Que vamos a ver… ¡esa alarma está para ayudarte! No está puesta por joder…
  • Mantener en buen estado el coche: Otra que cae de cajón. ¿Cuántas veces he dicho que nuestro dispositivo hay que mantenerlo continuamente actualizado? Pues esto es lo mismo. Hace cosa de un mes un compañero tuvo un accidente porque «de pronto» se le reventó la rueda. Y digo «de pronto» entre comillas porque después de llevárselo la grúa, el mecánico le dijo que si le parecía normal haber obviado durante casi un mes el iconito del cuadro de mandos que le alertaba de que alguna rueda tenía poca presión… Hace tiempo es cierto que para saber estas cosas debíamos, o bien fiarnos de las periodicidades (la presión hay que revisarla cada X meses, el motor requiere una revisión cada Y tiempo…), o bien controlar un poco de mecánica, pero es que ahora ya el propio sistema te avisa cuando las cosas no están funcionando como deberían. Solo tenemos que hacerle caso.
  • Seguir las normas en carretera… y usar el sentido común: Dejo para el último apartado el más importante de todos. Si en una autopista podemos ir a 120kms/h, es porque tras mucho estudio se llegó a la conclusión de que para la calidad del pavimento y la tecnología de nuestros coches, unido a la irracionalidad humana esperable, 120kms/h es el límite que se ha encontrado equilibrado a la hora de buscar un punto medio entre necesidad de cubrir un trayecto en el menor espacio de tiempo posible, y EL CRECIMIENTO PORCENTUAL DEL RIESGO según la velocidad a la que se vaya. De nuevo estas reglas están ahí para nuestra seguridad, no para joder. Y pasa lo mismo con lo de no conducir bajo los efectos del alcohol o las drogas. Está más que demostrado que nuestra capacidad de reacción baja dramáticamente en estas situaciones. Y eso afecta tanto a nuestra conducción, como a la seguridad del resto de conductores. Si vas a ir de fiesta y sabes que vas a beber, ¿tanto trabajo cuesta ir en transporte público?

Así que por ahí va mi regalo de año nuevo para todos vosotros.

Unas recomendaciones que de tecnología tienen muy pero que muy poco. Y que sin embargo, si las tuviéramos grabadas a fuego en nuestra cabeza reduciríamos de forma desproporcionada el número de accidentes de tráfico.

Tanto como para erradicarlos como una de las fuentes de mortalidad más habitual de nuestra civilización.

Con tres tonterías sencillitas de cumplir, que se dice pronto…