Un año de muchos Síes

Dejo de lado por un día los temas puramente tecnológicos (aunque este también beba de la misma fuente), y me centro en uno que ha supuesto un cambio radical en mi forma de comprender el mundo.

optimismo

Me refiero, como no, a la decisión a principios del año pasado de ser positivo. Positivo en toda su amplitud, de esos que ven el vaso medio lleno, de esos que entienden el fracaso como un aprendizaje.

Sin lugar a dudas, el eje motivador de este cambio de parecer vino con el empache de la filosofía de vida americana, tan presente en el mundo del emprendimiento y en especial en el de las startups, que por cercanía es lo que más he tocado. Es hora de hacer lo que siempre has deseado hacer, escribía hace tiempo en ThinkBig, y me reafirmo nuevamente. No soy precisamente un gran admirador de EEUU, y creo que he dejado palpable este hecho en más de una ocasión, pero sí es verdad que miro con recelo y respeto como toda su cultura está construida bajo la figura de un SÍ reinante, de un marcado carácter aventurero y ante todo, todoterreno.

España, por contra, es un país del NO por defecto. Del pesimismo, que llega a la desesperación en época de crisis como la actual. Un NO grabado a fuego en nuestra conciencia colectiva, que queramos o no marca nuestro porvenir.

Digo que llevo un año luchando contra la tradición de mi sangre, y eso es cierto. Soy Asturiano, y como buen familiar de mineros, soy cabezón, tozudo y gruñón. En mi familia siempre hemos sido así. Es algo que nos caracteriza, y tiene sus cosas buenas y sus cosas malas. Decidí no obstante aferrarme a lo segundo (la tozudez) y mejorar lo primero (la cabezonería), afrontando lo que me ocurriera , fuera bueno o fuera malo, con las gafas del optimismo (queda pendiente lo tercero, y sino que se lo digan a mi pareja, xD).

Y hay que ver cómo funciona… Leer a Daniel Goleman es toda una sinfonía de realidad. Este hacker de la inteligencia emocional me deslumbra en cada libro con más dosis de optimismo. En uno de los últimos que he leído, hablaba sobre la importancia de pensar más en los sueños y menos en los problemas asociados de no cumplirlos. Dolors Reig escribía recientemente sobre ello (ES), atendiendo al pensamiento lateral, y cómo éste activaba partes de nuestra conciencia que nos permitían obtener conclusiones inesperadas, profundamente creativas.

El pesimismo genera tensión, malestar, y nos obceca. Por contra, ser optimista te permite vivir más feliz, afrontar los problemas con otras perspectivas (pensamiento lateral) y encontrar salidas mucho más abiertas e interesantes. Iría aún más, y os diría que el optimismo debería ser una de las materias que todo niño debería aprender en el colegio, ya que está en ello la clave del éxito futuro. El optimismo es bueno para tu salud (ES). Es bueno para todo.

En este año de síes, y como bien os contaba recientemente, he llevado a cabo proyectos realmente interesantes, formado parte de otros a escala mundial. He saldado el año con varios premios de emprendimiento y desarrollo, y he encontrado tiempo para compaginarlo todo con mi vida familiar (que aunque parezca imposible la tengo). Soy una persona mucho más segura que antes, con una vida totalmente plena.

Emprendimiento y optimismo deberían ir de la mano, sí o sí, y es algo que sí debemos aprender de los estadounidenses. El fracaso es parte del camino para mejorar como individuo, para mejorar como profesional, y no debería verse como una debilidad. Todo lo contrario.

Por eso si estuviera en mi mano desearle algo, le diría que fracasase (ya que entonces significa que lo ha intentado, no se ha quedado sentado delante de la pantalla), que se pusiera las gafas de los síes, y descubriera como al final de todo, nada era tan malo como parecía.