Las implicaciones de un futuro tecnológico sin jack de 3.5 mm

Moto Z

Comentaba la semana pasada, al hilo de esa comparativa de sticks selfies que me marcaba (¡sic!), cómo al menos desde mi punto de vista, los de tipo Jack acaban por ser la mejor alternativa para ese usuario casual que busca la funcionalidad de un palo de estos cuando se va de vacaciones.

Como punto negativo, eso sí, hacía hincapié en que todo apunta a que de aquí a unos años los smartphones vendrán sin conector de 3.5 mm. Algo que hemos visto materializado ya con el Moto Z (EN), y que parece será el siguiente movimiento de Apple con su querido iPhone (EN).

Sobre el asunto se han escrito ríos de tinta, y como bien señalaba Enrique en un artículo reciente (ES), en las dos direcciones.

Empezando por Nilay Patel de The Verge, en claro tono crítico (casi agresivo, si me apura), y en cuya pieza analiza las que para el medio son las 6 razones que hacen de este cambio un movimiento “estúpido y hostil para el usuario” (EN):

  1. Sin Jack de 3.5, se abre la veda a posibles DRMs en el audio: Un hecho inefable, semejante a lo que ocurrió con el movimiento de HDMI a HDCP, con HTML5, con el mundo de los videojuegos y hasta con el automovilístico. El Jack de 3.5, por su propia arquitectura, no era afín a la implantación de un sistema de bloqueo por copyright. Si al final pasamos a utilizar el USB-C o el Lightning (en el caso de los iPhones), tenga por seguro que el lobby de turno intentará, por lo menos, que el DRM sea una de sus características.
  2. La calidad de los auriculares y micrófonos inhalámbricos no está al nivel: Algo de lo que hablaba (ES) casualmente hace unos días por la intranet de mecenas. Tengo que reconocerle que devoro auriculares como si no hubiera un mañana. He probado de todo, desde los que valen riñón y medio a aquellos que casi te regalan al comprar pipas, desde los enfocados al deporte como los casual, desde los bluetooth pasando por los clásicos, y nada, no hay manera de que me duren más de unos escasos meses. Para alguien como un servidor al que le gusta escuchar “buena música” pero tampoco sabría valorar la calidad del sonido (ni por conocimientos ni por capacidades auditivas, jeje), unos auriculares bluetooth podrían servirme, pero donde he encontrado verdaderos problemas es a la hora de utilizar el micrófono (cosa que llevo años haciendo fuera de casa). Aún no he encontrado unos auriculares bluetooth con micrófono que permitan una señal de audio de salida aceptable para mi interlocutor. Y a lo que me niego es a tener una “pirula” cruzándome parte de un lateral de la cara como si fuera un agente 007.
  3. Ahora tocará cargar con un dongle: ¿Qué hay de aquellos usuarios que quieran seguir consumiendo música a la calidad del cable y a la vez cargando el dispositivo? Pues que les va a tocar llevar consigo un dongle. ¿Y si el auricular es inhalámbrico? Pues en vez de un dongle, un cargador. Otro cachivache más, a fin de cuentas. Y un problema que no afectará de manera crítica en el día a día a la mayoría de usuarios, pero que sí será molesto a algunos colectivos específicos (como por ejemplo el de los conductores y transportirstas).
  4. La compatibilidad con el resto de dispositivos: Que hace que tengamos que despedirnos de facto de todos esos accesorios que a día de hoy hacen uso de este conector, como veíamos con el caso del palo selfie. A contracorriente precisamente de la propuesta de Google.
  5. Incompatibilidades entre Android y iPhone: Con una industria de dispositivos Android apostando por el estándar USB, y Apple mirando para su lado con Lightning, se separa un poco más estos dos ecosistemas, haciendo más complicado migrar de uno a otro. Nada que sea nuevo, sinceramente. Llevamos años viviendo con diferentes cargadores y todavía no hay nadie que se haya tirado desde un séptimo piso. Pero bueno, podríamos aceptarlo como razonamiento.
  6. Nadie lo ha pedido: De nuevo, otra razón que poco viene al cuento. Más cuando hablamos de Apple, que precisamente no se me antoja la empresa que más movimientos haga a petición del usuario (más bien al contrario, G.G).

Y terminando con John Gruber de Daring Fireball, que apoya la decisión (EN) recordando el acierto que fue en su día la eliminación de los diskettes de 3½.

El tema me recuerda poderosamente a ese debate que tuvimos meses atrás cuando Apple sacó al mercado el MacBook, un ultraportátil con un solo puerto USB, que además era el puerto de carga.

Escribí sobre ello intentando exponer algo que he tenido que defender este fin de semana con algunos compañeros de profesión:

Que el movimiento, pese a que personalmente a mi no me gusta, y que de seguro a la mayoría de los que estamos por estos lares tampoco nos simpatiza, era acertado.

Y lo es por una sencilla razón: El uso que usted le da a los puertos no es ni de lejos el uso que le da el grueso de la sociedad. Máxime con el interés de toda la industria por apostar por el almacenamiento en la nube y las facilidades de compartición de documentos online.

Que usted, como un servidor, tiene ahora mismo en su portátil conectado el puerto HDMI a una pantalla (¿ultrapanorámica, quizás? 🙂), un USB al disco duro externo, otro al ratón y el conector a la corriente. Pero mi pareja o mi madre (por ejemplificarlo en alguien que no es del sector) a lo sumo conecta de muy vez en cuando un lápiz USB para pasarse algo. Ya está.

En el caso del jack de 3.5, no obstante, soy más reacio.

Y no solo por los motivos anteriores, sino por otro que me parece aún más crítico, que el bueno de Patel ha obviado en su análisis.

La principal ventaja del jack de 3.5 es que viene con amplificador y DAC

Para que el sonido de un archivo digital (es decir, 0s y 1s) llegue a nuestros oídos, es necesario transformarlo y amplificarlo a analógico. Y de eso mismo se encarga el Digital Audio Converter (ES) y el amplificador, dos componentes que hasta ahora venían siempre DENTRO del smartphone.

Con la eliminación del jack, que a priori se realiza con la idea de aprovechar ese espacio para meter más batería (el discurso de poder reducir el ancho del dispositivo no se sostiene, a sabiendas que aún habría tranquilamente un margen de mejora de casi 2 milímetros, ya ni hablemos de resistencias al agua o al polvo), se eliminan también el amplificador y el DAC, que pasan a estar dentro de cada auricular.

¿Qué quiere decir esto?

Que junto con la floreciente nueva industria de auriculares vía USB-C/Lightning, veremos una nueva campaña publicitaria para resaltar auriculares que supuestamente ofrecen más calidad gracias a incluir DACs y AMPs en el propio gadget. Algo que se reflejará directamente en nuestras carteras, ya que puede estar seguro que esos 40 euros que de media inflarán el precio de un auricular con DAC y AMP incluido no se reducirán del precio que tendrán los smartphones y dispositivos que hasta ahora contaban con estos dos componentes..

Un sector (el de los componentes) que ve así, como quien no quiere la cosa, inflados sus beneficios, salpicando a los manufacturers (bajada de precio en la producción de smartphones con ligera subida en la de componentes, manteniendo los precios de venta en los primeros e inflando los segundos), a los producters (nuevo conector o tecnología, ergo, nuevas licencias para ser parte del negocio (EN)), y como no, a la industria audiovisual, que estará presta a exigir un nuevo DRM que el usuario pagará de su bolsillo y que para colmo tendrá que sufrir.

Así que ya sabe. En cuanto empiece a escuchar que tal auricular es mejor porque incluye su propio DAC y AMP, recuerde que de innovación tiene más bien poco. Que la calidad podría ser igual o incluso mejor en aquellos dispositivos “de antaño” que venían con ese agujerito de 3.5mm.

Que no lo llamen mejora, cuando lo que hay es negocio.