Desdibujando la figura del sistema operativo

Android instant apps

El viernes publicaba un artículo intentando explicar el cambio que supone pasar de un entorno de contextualidad figurada a otro de asistencia inteligente, a colación de lo presentado en este último Google I/O.

En la explicación, hacía hincapié en la poca trascendencia que tendrá de aquí en adelante el hardware, habida cuenta de que el verdadero valor viene ya dado por una serie de tecnologías que podemos considerar invisibles y omnipresentes.

Esa tercera fase de la que hablaba en el artículo que se irá materializando en varios frentes, y uno de ellos es, de hecho, el de la licuidad del propio sistema operativo (ejemplificado en este caso en Android y ChromeOS, por tratarse de Google), acabando por desdibujar la idea que tenemos a día de hoy de lo que es y de lo que no es el propio SO.

Y es un paso que empieza a cobrar sentido cuando miras desde arriba varias de las presentaciones que la compañía realizaba en este último evento para desarrolladores.

Las aplicaciones como elementos modulares (y multiplataforma)

La primera parada debe ser en las Android Instant Apps (EN).

La idea es que dejemos de pensar en una aplicación como un programa único que encierra toda la funcionalidad que el desarrollador desea ofrecer a sus clientes, y pasemos a otro escenario en el que una aplicación no es más que una serie de módulos interconectados que ofrecen una o varias funcionalidades según la necesidad real del usuario en ese momento específico.

Ver en Youtube (EN)

Esto se materializa en que, a la búsqueda de un hotel para pasar este fin de semana, lo mismo el dispositivo en vez de cargarnos la página de X compañía hotelera, nos carga un módulo específico de su aplicación, con la mejora en usabilidad e interacción que encontramos en una app nativa frente a una webapp o una web a secas, perfectamente funcional, y que nos soluciona el marrón.

Todo sin tener que instalar la aplicación entera, ya que seamos sinceros, no todos los fines de semana necesitamos buscar un hotel.

Las aplicaciones de Android Instant Apps son infinitas, y todas apuntan a ese mismo escenario en el que los límites no vienen dados por el propio hardware (almacenamiento, RAM,…), sino por la flexibilidad de un sistema operativo adaptativo, asistente.

Si al final llegamos a poder separar la lógica del SO de la de las aplicaciones (como ha ocurrido, de hecho, en el mundo web), nos encontramos con un entorno mucho más enriquecido, con un ChromeOS compatible con apps de Android (EN), y quien sabe, con una suerte de virtualización para que éstas puedan ser abiertas en un futuro indistintamente del SO en el que estemos.

Desde el punto de vista de Google, el movimiento es magistral. Ya hemos hablado en más de una ocasión del problema que supone para la compañía los jardines vallados de las aplicaciones, y que ha ido corrigiendo con varios movimientos (el último, por cierto, sacar uno de los mejores teclados para iOS (ES)). Cortando en varios trozos las apps y permitiendo su indexado profundo, Google tiene acceso a esa información que antes se le escapaba.

Desde el punto de vista del desarrollador hay una de cal y otra de arena. Para el grueso de desarrolladores, la propuesta es verdaderamente revolucionaria. Se promete que con unos pocos cambios, podamos “atacar” a todo ese mercado de usuarios que seguramente no tienen pensado bajarse nuestras apps, pero que para un momento específico, sí les interesaría utilizarlas.

Hablamos de ofrecer una especie de demo totalmente funcional justo cuando ese usuario más lo requiere (para solucionar un problema), lo que hará que posiblemente alguno de todos ellos acaben por convencerse de que precisa tenerla instalada (o al menos, hemos obtenido un cliente que hasta ahora se nos escapaba).

En el otro lado encontramos a los grandes (Facebook, Twitter y compañía), y aquí el problema no es que en efecto Android Instant Apps sea aún más valioso para su negocio. El problema radica en que es abrirle la puerta a Google, a su competencia.

Una contextualidad nativa

El año pasado vivimos una verdadera fiebre por la contextualidad. Y no era para menos, ya que la propuesta, aunque limitada, ha sido un completo acierto.

El que sea la tecnología la que intenta adaptarse a nosotros, y no al revés, es una necesidad si queremos que algún día estas herramientas sean realmente útiles para sociedad. Más de lo que son ahora, me refiero.

El siguiente paso en esta guerra viene dado por API Awareness (EN), que hace uso de la hora, de la latitud y longitud, del lugar en el que estemos, actividad de qué estemos realizando, de la presencia o no de auriculares, del clima y de beacons o dispositivos identificables cercanos, para ofrecer contextualidad en los desarrollos.

Nada que no ofrecieran ya algunas aplicaciones y ROMs específicas, pero ahora gestionado desde el propio sistema operativo, y lo más importante, utilizando la inteligencia de Google.

Una contextualidad que no se queda únicamente en lo obvio (por ejemplo, que al conectar unos cascos, empiece a reproducirse la música local, la radio o el Spotify), sino que apuntaría a ofrecer lo más adecuado para ese usuario específico en el momento oportuno, intentando adelantarse a las necesidades que pudiera tener.

Se me ocurre entonces que quizás Google Maps cargara en segundo plano la búsqueda del trayecto que el usuario seguramente tenga que hacer dentro de unos minutos para que cuando este consulte el smartphone, ya esté todo calculado, o que realice una descarga en local de los podcast justo antes de las 9, que es la hora en la que este mismo usuario sale de casa.

Todo ya programable a día de hoy, pero en este caso, realizado por la propia inteligencia de Google, que explotaría de esta manera la información que ya dispone de los hábitos del usuario, automatizando tareas en aplicaciones que hayan habilitado Awareness.

Un Google omnipresente e invisible

Lo comentaba hace un rato, y me parece oportuno dejarle su espacio. El aspecto negativo de toda esta revolución tecnológica es que acaba por desdibujar el conocimiento que una empresa con ánimo de lucro como Google tiene de cada uno de nosotros.

A día de hoy ya resulta prácticamente imposible que la compañía no tenga un registro identificativo de nosotros, pese a que incluso ni siquiera tengamos cuenta creada, ni usemos Android, ni Chrome, ni Youtube ni el propio buscador.

Como demostraban recientemente con el que se ha considerado el “censo digital” más grande del mundo (EN), el 70% de las páginas cuentan con Google Analytics, y el 50% con DoubleClick, dos servicios de monitorización de la compañía.

Es más, los cinco scripts más encontrados en la red son TODOS de propiedad de Google.

Una monitorización que recalco, se hace sin intermediación de trabajadores de la compañía (no hay nadie de Google con la capacidad de analizar personal y unilateralmente esos datos), pero que generan, debido a las limitaciones humanas e informáticas, situaciones que podríamos considerar verdaderamente nocivas para la sociedad:

Que Google como compañía esté interesada únicamente en sacar partido económico a los datos que ya tiene de cada uno de nosotros, anteponiendo su propio negocio (la confianza que depositemos en sus servicios) a intereses políticos o negocios considerados ilegales, no significa que no esté colaborando, aunque sea de manera totalmente involuntaria, a la proliferación de este tipo de acciones.

Ya sabe: El verdadero debate sobre la privacidad no es el que piensa, sino el que está por detrás, acechando.