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Negocios Seguros

web 3.0

Ayer mismamente publicaba una pieza hablando de cómo muchos añoran la época de la Web 1.0 y echan pestes del paradigma de la Web 3.0, probablemente por puro desconocimiento, o por la ya manida nostalgia.

Para muchos, la Web 3.0 no es más que ese metaverso que Meta (aka Facebook) nos quiere imponer… unido a la especulación con cirptomonedas y NFTs.

Vamos, una puta mierda.

La realidad, sin embargo, es aunque la tecnología detrás no deja de ser esa, su potencial impacto para el futuro de Internet tal y como lo entendemos podría ser realmente interesante.

¿Que por qué? Pues por un concepto que llevamos años defendiendo.

La descentralización

Para que nos entendamos.

El hecho de que exista el BlockChain, es decir, una especie de agenda incorruptible que certifica transaccionalidad entre datos de forma totalmente descentralizada, abre la veda a que cualquier cosa con 1s y 0s acabe por pasar por la cadena, y por tanto, pueda ser consumida (es decir, procesada) desde cualquier parte sin depender de un único servidor.

Que bien es verdad que para el grueso de mortales esto pasa únicamente por los 1s y 0s que componen una cartera de crypto. Por esa especulación tan, a priori, dañina.

Pero es que esos 1s y 0s también pueden ser unos NFTs. O un contrato inteligente. Es decir, que podemos crear aplicaciones dentro de la cadena de bloques.

A estos elementos programables en la Web 3.0 se les llama DApps (la ‘D’ es por descentralizadas) y la idea principal es que los desarrolladores no creen aplicaciones que se ejecuten en un único servidor, ni almacenen toda su información en una sola base de datos: la llamada arquitectura cliente-servidor que llevamos décadas utilizando.

Sin ir más lejos, y obviando matices técnicos, ahora mismo tú puedes leer este contenido porque un servidor lo ha subido a un servicio online centralizado (Patreon) y a su propia página en WordPress. Ambas plataformas subidas a dos únicos servidores físicos colocados vete tú a saber dónde (el mío por Amsterdam, el de Patreon ni puta idea).

En la web3, las DApps corren en la cadena de bloques, en redes centralizadas con múltiples nodos p2p, o en una combinación de las dos cosas, algo que se empieza a conocer como el «protocolo criptoeconómico« (EN).

Y esto es lo realmente interesante de todo el asunto, porque gracias a ello podemos entrever un futuro en el que al menos una parte de Internet no dependa de nodos centrales, sino de múltiples nodos interconectados.

¿Que se cae uno? ¿O dos? ¿O 100? Pues el contenido seguirá estando disponible, al estar replicado en el resto de nodos que conforman la red, y distribuido en diferentes instancias (datos por un lado, código por otro…).

Ese P2P que llevamos literalmente décadas soñando con ver en funcionamiento más allá de nichos muy específicos como son las descargas de archivos o los videojuegos, aplicado a cualquier cosa digital.

¿Dónde entra entonces el paradigma de una criptomoneda?

Pues que para mantener esas redes descentralizadas, lamentablemente necesitamos algún tipo de incentivo. Y no hay nada mejor para poner en común a un grupo diverso de usuarios como ofrecerles dinero a cambio.

De esta manera, cada usuario que sea nodo de la red percibe un porcentaje de las transacciones que se realicen, al estar la propia red asociada a una o varias criptomonedas. Y gracias a ello, se asegura que haya siempre un número significativo de nodos que crean, gobiernan, contribuyen o mejoran cada red, lo que no hace más que ofrecer robustez a un sistema descentralizado.

Precisamente la principal debilidad de estos sistemas (dependemos de un consenso común en su uso) frente a arquitecturas centralizadas (dependemos de un único servidor, para bien y para mal).

Pues todo esto es lo que se está tejiendo entre bambalinas de la Web 3.0. Una nueva versión de Internet que como ya pasó con la Web 2.0, tardará muchos años en madurar, y donde seguirá siempre habiendo cabida para proyectos de Web 1.0 y Web 2.0.

Simplemente, con la paulatina evolución de las redes colaborativas, se abrirán más puertas. Algunas que llevarán a callejones sin salida, por supuesto. Y otras, seguramente las menos, que de verdad dibujen un futuro muchísimo más democrático en cuanto a accesibilidad y menos susceptible a la censura, uno de los principales riesgos de la web actual.

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