Sociabilidad digital

Si algo hay que agradecerle a Snapchat, es que en 2013 sentó las bases de lo que realmente debería ser la sociabilidad digital: dosis de comunicación empaquetadas en un formato efímero.

Unas bases que incluso se han llevado, privacidad en mano, a otros sectores de la compartición de información en derroteros digitales, mundo corporativo incluido.

Pero estamos en 2020, e Instagram y TikTok son las herramientas (sociales) hegemónicas del momento, manteniendo un interés absurdo por el contenido perenne. Justo al contrario de lo que dicta la comunicación personal, y ya de paso, el sentido común.

Eso sí, desde que Snapchat llegarse al mercado y Facebook, tras intentar comprarla hasta en tres ocasiones, decidiese como otras tantas veces fagocitarla en base a copiar lo que la hacía única en todos sus servicios, hemos vivido una nueva oleada de tendencia hacia abrazar el formato efímero en las comunicaciones digitales. Principalmente empujada, y por anecdótico que parezca, por las nuevas generaciones.

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Y sí, hablo de las stories de Instagram, Facebook o Messenger, de los estados de WhatsApp y Youtube… Hasta LinkedIn está tanteándolo (EN). Y desde hace unos días, al menos en los mercados donde se está probando como beta abierta (Brasil por ahora), los fleets de Twitter (EN), que no dejan de ser Tweets que solo son accesibles durante 24 horas.

LA SOCIABILIDAD DIGITAL DEBE IR DE LA MANO DE LO EFÍMERO

He sido bastante pesado con este tema, y es que creo sinceramente que por aquí pueden ir los tiros.

No tiene nada de sentido que todo lo que hagamos o digamos deje un rastro. Que ya me dirás tú que valor (si no es con fines puramente destructivos) tiene recuperar lo que dije en su día en una red social…

Por ese mismo motivo ya desde hace un tiempo un servidor ha automatizado el borrado de mis tweets antiguos. Los que ves en mi perfil son únicamente los de los últimos 3 meses, día arriba día abajo.

Y sigo buscando la manera de hacerlo en Instagram (si alguien da con la forma de automatizarlo soy todo oídos).

Eso junto con la gestión de datos de Google. Otro tema que también he tratado en mi curso.

¿Para qué más? Nadie (si no es, de nuevo, con fines reputacionales) va a navegar por el timeline hasta los confines de hace años para buscar una pieza. Y es que ni siquiera tiene un impacto a nivel de SEO (los enlaces antiguos en contenido social no son contabilizados como links de cara a considerar la autoría de un dominio o una página).

Y en mi trabajo de difusión del contenido que publico a diario por este blog he metido las stories de Instagram, de Facebook y hasta del WhatsApp corporativo.

Lo que me interesa es que la gente llegue a ese contenido en el momento en el que lo publico. Punto.

Para más adelante ya está Google y su indexado.

Y fíjate que hablo desde el punto de vista de un productor de contenido. Desde el punto de vista de un usuario normal (normal porque lo mío ya sé que no es normal :D), ¿qué sentido tiene acceder a toda esa base de datos sobre opiniones y fotos de gatitos que hemos ido compartiendo a lo largo de nuestra vida… si no es, por supuesto, para engordar ya el conocimiento que tienen de nosotros las grandes tecnológicas?

A sabiendas de los riesgos reputacionales que ello supone… La de casos que he tratado de gente que tiene verdaderos problemas para llevar una vida normal tras una huella digital que no logran borrar.

Así que en estas estamos.

Bienvenidas sean las stories, los estados, los fleets o como diablos quieran llamarlo en el futuro. Ojalá en algún momento eso de publicar algo para los anales de la historia solo se quede en la figura de un blog. Y que el grueso de la sociedad se comunique mediante contenido que tiene fecha de caducidad.

Justo como ocurre en la vida real, por cierto. Porque que yo sepa ninguno va por la calle o al bar con un escriba tomando nota de todo lo que dice o hace…