steam deck

No he podido resistirme.

Tras enterarme por el twitter de Valve de la presentación el jueves pasado de la futura nueva «consola» de la compañía, lo dije por el grupo privado de Telegram y lo estuve hablando con varios amigos del sector.

Al menos, sobre el papel, me parece el producto del año.

Tan disruptor como en su día fue la Nintendo Switch. Y no por su factor forma, que a fin de cuentas está claramente «inspirada» en la consola de Nintendo, sino por dos puntos que analizaremos en detalle a continuación.

Y es más: La preserva se abría al día siguiente, así que tuve tiempo de consultarlo con la almohada y de convencerme de que quería apostar por ella.

Ahora solo falta que llegue, en efecto, en diciembre.

He aquí las razones.

El Steam Deck como consola portátil

Este punto es el que la gran mayoría de medios han analizado hasta la saciedad, así que no voy a pararme mucho.

A nivel puramente de diseño, hablamos de una especie de Nintendo Switch más grande y más pesada (esto último puede ser un problema), sin la capacidad de separar los «joy-con de la consola, y con una batería que, como es normal (el catálogo de juegos y usos que le podemos dar es tremendo), tiene un margen muy amplio de autonomía: entre 2 y 8 horas.

Lo que probablemente signifique que, de media, podremos jugar en portátil alrededor de 3-4 horas. Algo menos si pretendemos jugar a juegos muy exigentes (FPS online, por ejemplo), algo más si, como es mi caso, le damos más a juegos offline más reposados, como son los de estrategia.

Por dentro, una bestia parda (considerando que hablamos de una consola portátil, claro) en cuanto a potencia. Un procesador creado adhoc por AMD de la serie Zen, 16 GBs de RAM DDR5 (la más veloz en la actualidad) y tres opciones de almacenamiento:

  • 64GBs eMMC: La opción que claramente han sacado para poder abarcar el mayor mercado posible, y la que creo que, de poder, deberíamos evitar, ya no solo por el poco almacenamiento que tendremos (hay juegos triple A que ya ocupan bastante más que esos 64GBs), sino por la tecnología, eMMC, cuya velocidad de lectura va a ser seguramente el cuello de botella de este modelo.
  • 256 GBs NVMe SSD: Por la opción que un servidor se ha tirado.
  • 512GBs NVMe SSD: Que viene, al parecer, con una pantalla anti-reflectante también.

Como decía, lo suyo es que si la parte económica es asumible, nos decantemos o bien por el modelo de 256 GBs, que sale al cambio 549 euros (ES), o por el de 512GBs por 679 euros (ES), que solo lo recomendaría si tenemos claro que vamos a darle mucho uso, sobre todo, en exteriores, con luz directa.

La de 64GB se queda en 419 euros (ES), pero vuelvo a señalar que el problema no es tanto el escaso almacenamiento, sino que la memoria interna, donde va a correr el propio sistema operativo, es de tipo eMMC.

¿Por qué? Pues porque si necesitamos aumentar el almacenamiento, siempre podremos meterle una tarjeta SD externa.

Para que nos hagamos una idea, estos números lo que nos dicen es que la potencial global será semeja a lo que tenemos hoy en día en una PS4 o una Xbox One, es decir, las consolas de escritorio de la ya anterior generación… pero en una portátil.

Una portátil que podremos, como también pasa con la Switch, conectar a un monitor, un teclado, ratón o en definitiva cualquier otro periférico, y usar como consola de escritorio.

Aunque, eso sí, hay que dejar claro que la base de carga no viene incluida en el precio (de hecho aún no se sabe cuánto costará). Eso no quita que podamos igualmente conectarla a un hub y sacar imagen y periféricos como haríamos con la base, pero es algo a considerar.

Echas las presentaciones, me voy a centrar en lo que de verdad me interesa del Steam Deck.

steam deck detalle

Una evolución del Steam Controller

En su día, cuando Valve lo sacó el mercado, fui de los primeros que, gracias al dinero recaudado por los mecenas, compré el Steam Controller.

La review la puedes leer en el enlace anterior, pero por resumírtela, decir que es, de lejos, el mando más interesante que se ha creado en la industria para controlar un dispositivo.

Y fíjate que estoy evitando hablar únicamente de videojuegos. El mando de la nueva PS5 es increíble en cuanto a la experiencia de uso que da con los gatillos programables y la vibración háptica. El de Xbox sigue siendo, para jugar, de lo mejorcito que existe. Y por supuesto, los joy-con son una auténtica reinvención de lo que debería ser un mando para juego.

Pero es que con el Steam Controller no solo puedes jugar a CUALQUIER JUEGO (aunque no esté diseñado para ser jugado con mandos), sino que, en definitiva, puedes hacer cualquier cosa que ya pudieras hacer con un teclado y un ratón, controlar el propio sistema operativo incluida.

Esto abre la veda a una cantidad de posibilidades abrumadoras.

Desde, en efecto, la posibilidad de disfrutar de títulos que no han sido pensados para su disfrute con un mando, hasta, como decía en aquella review, la capacidad de que alguien con problemas motrices pueda utilizar Windows o Linux ahí donde, quizás, un teclado y un ratón, para su situación física, se quedan cortos.

Por supuesto, el Steam Controller no está falto de errores, y como de nuevo también señalaba en la reseña, había uno que claramente ha sido la razón principal de su escaso éxito: requiere «reaprender» a jugar con él.

Hablamos de un periférico todoterreno, pero uno al que era necesario dedicarle unas cuantas horas para acostumbrarse a esos trackpads y a su extraña disposición de joysticks.

Un problema que, se me antoja, volveremos a ver reproducido, aunque en menor medida, en el Steam Deck. Han mantenido una distribución un tanto rara de controles, y seguimos teniendo el espacio táctil para controlar el puntero, pero este es mucho más reducido (un problema que sí tenía el Steam Controller original), y las pruebas que estos días los chicos de IGN han podido hacer apuntan a que no es nada insalvable.

Sobre todo porque, a cambio, tenemos esa capacidad casi infinita de mapear como nos de la gana la experiencia, y poder jugar a cualquier título.

Mucho más allá de Steam

El segundo punto en el que quería pararme es que, en efecto, la consola sale con la principal ventaja de que muchos ya tenemos un catálogo de juegos en Steam abrumador.

En mi caso, de hecho, hablamos de cerca de mil juegos que he ido amasando todos estos años, a los que por razones obvias habré jugado a una décima parte.

Que oye, no es lo mismo comprarte una consola de 500 pavos y aparte los juegos, que saber que el primer día ya tienes en esa consola centenares de juegos disponibles, y que su catálogo, de hecho, será el mayor de cualquier «consola» jamás creada, al ser Steam el principal market de juegos de PC que existe.

Esto de por sí podría ser ya suficiente para convencer a cualquiera, pero es que además el Steam Deck viene con SteamOS como sistema operativo… y, ojocuidao, la capacidad de que cualquiera, si quiere, pueda instalarle cualquier otro sistema operativo compatible con PC.

Que no hablo de que, como suele ocurrir con el resto de consolas, tarde o temprano haya algún hacker que encuentre la manera de «piratear» el dispositivo. Oficialmente ya se ha contemplado la opción de que, quien quiera, le pueda cambiar el sistema operativo.

Es decir… que podemos en efecto utilizar el Steam Deck como una consola para jugar a los juegos de Steam… o bien, por ejemplo, instalarle Windows 10… y hacer lo que nos de la gana con el aparatito.

Lo que se traduce en, por ejemplo, poder instalarle la app de Epic Games o el propio Game Pass, y disfrutar de todo el catálogo de estas plataformas.

O incluso de utilizarlo como ordenador, tanto en su versión portátil, como, más cómodo aún, en su versión conectada a una pantalla/teclado y ratón.

¿Ves por dónde voy?

La duda que tengo es qué tal será la experiencia de juego. Y no por prestaciones, ojo, que como ya dijimos, son bastantes potentes, y podrán correr con prácticamente cualquier juego de la actual generación en 720p. Sino porque a diferencia de una Nintendo Switch, los juegos no estarán creados ex profeso para este tamaño de pantalla.

Y hablo, sobre todo, a juegos con interfaces complejas, como son los de estrategia, o con mucho texto en cinemáticas.

Aún con todo, como comentábamos estos días por el grupo privado de mecenas en Telegram, alguien que estuviera tentado este año en comprarse un nuevo ordenador… lo mismo decide no hacerlo y apostar por el Steam Deck.

A un precio semejante a lo que le costará un PC de gama media, obtiene algo que además es portátil, que tiene una pantalla LCD, y que viene con un mando incrustado.

Y por supuesto que gastando el doble te puedes comprar un ordenador muchísimo más potente. Pero es en ese equilibrio entre potencia y versatilidad donde algo como el Steam Deck puede seducir a más de uno.

Un servidor, de hecho, es uno de ellos. Así que cuando al fin lo tenga entre manos quiero ver qué tan fácil será instalarle Windows10, y cómo se comportaría en esos derroteros.

Aunque solo sea con la excusa de tantearlo como ordenador secundario.

Qué ganas hay ya de que sea diciembre, ¿verdad? 😛


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