Escuchas sin permiso.

Publicaba estos días David Maeztu en su blog un artículo (ES) sobre la sentencia del Tribunal Supremo del 3 de mayo, en la que se habla, entre otras cosas, de un pequeño detalle sobre el funcionamiento de Sitel, la maquinaria de «control social» que utilizan nuestros cuerpos de seguridad.

Básicamente, se sabía hasta ahora que una línea podía ser pinchada, y que a partir de entonces, cualquier comunicación que se hiciera desde y hacia ella, quedaría grabada.

Lo curioso del caso es que al parecer esa grabación puede empezar desde que suena el primer tono, y se puede realizar por tanto incluso si al final el receptor no acepta la llamada.

El cambio es sutil pero crítico, habida cuenta de que Sitel permite realizar también «llamadas ocultas» al objetivo.

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Si unimos esto con lo anterior, significa que en efecto el teléfono puede ser una fuente de ambient listening permanente. Un micrófono siempre encendido, para que nos entendamos. Un Little Brother que no descansa.

Y sí, esto solo se puede hacer cuando hay una orden judicial de por medio, pero me pregunto:

  • ¿Hasta qué punto podemos considerar que hay que anteponer la seguridad a la privacidad del ciudadano?
  • ¿Hasta qué punto este hecho no atenta contra la privacidad del presunto objetivo?
  • ¿Que hay, además, de todos los terceros involucrados en esas grabaciones? 
  • ¿Y de su derecho a la privacidad?

Quizás la estrategia de utilizar el frigorífico como un apaño (no 100% efectivo) de caja de Faraday que explicaba (ES) recientemente Snowden no sea tan descabellada al final de todo jajaja.

Y curioso que veamos movimientos, esta vez desde el lado de las empresas de servicios, por dotar de valor a ese tiempo en el que el usuario decide si descolgar o no el teléfono.

Duo, aquella aplicación que Google presentaba en su último IO, apunta precisamente a acabar con la privacidad de quien llama (al menos no de quien contesta) en las videollamadas. Más vale que pongas buena cara mientras esperas, porque parece que ya podríamos estar siendo escrutados por un tercero :).

En fin, que avisado estás, mi querido patrono. ¡Avisado estás!