tecno-optimismo ia contenido

Mientras Google, Open AI, Microsoft, Meta y Amazon se llenan la boca firmando acuerdos (EN) para “limitar a la IA”, con el fin de evitar ese distópico futuro en el que las inteligencias artificiales acaben con nosotros (queda muy bien decirlo, pero la realidad es que algo así es literalmente imposible que ocurra), todas estas compañías compiten por ver quién es la que se lleva el gato al agua en esto de monetizar el trabajo de todos nosotros.


Ahí tienes a una Microsoft, que ha tasado el coste de usar la IA en su Office a nada menos que 30 dólares al mes por licencia. Ahí tienes a Open AI que tras esa fase inicial de entregar su ChatGPT gratis, ya lo capa para que pasemos por caja en su versión de pago.

Y a tienes a Google, que se escudaba (no le faltaba razón, ojo) de lo pobre que estaba aún los asistentes asistidos por IA para usarlos como buscadores (cuando realmente lo que le preocupaba era perder prácticamente todo el beneficio y dinamitar su modelo de negocio publicitario al darle la respuesta al usuario sin que este navegara con los potenciales enlaces a su respuesta, anuncios incluidos), mientras, por otro lado, apuesta por que sean terceros quien se apunten masivamente a su plataforma.

En este caso en particular, hablo de las conversaciones a puerta cerrada (EN) que ha tenido la californiana con algunos de los grandes medios de comunicación estadounidenses (The New York Times, The Whashington Post y The Wall Street Journal) con el fin de ofrecerles un algoritmo, conocido internamente con el nombre de Génesis, que les ayudaría a ser más productivos a sus reporteros.

¿Que cómo lo haría? Pues muy sencillo. Escribiendo los artículos por ellos.

Tócate los huevos.

Genesis AI y el tecnooptimismo “siliconvalleyconero”

Según Google, Genesis podría hacer las veces de asistente personal del periodista o bloguero, librándole de la al parecer sencilla pero pesada tarea de escribir el contenido que quieren transmitir a su audiencia.

Y es que según las declaraciones de algunos de los responsables que habían estado en esas presentaciones, para Google, eso de escribir sobre actualidad dista poco de recopilar unas cuantas fuentes y plasmar la información en un soporte escrito.


Para Google, el trabajo del periodista es ese: el de juntaletras.

Une este adverbio a este nombre, adóbalo con este dato, repite el proceso X veces hasta contemplar las Y número de palabras, ¡y voilá!, ya tienes el artículo preparado para publicarse.

Una suerte de comoditización del trabajo de periodista. Algo que, al parecer, la IA puede hacer ya de sobra.

Obviamente, la realidad es diametralmente distinta.

Precisamente este tipo de acercamientos a la información es lo que ha hecho de Google, y de Internet en general, un espacio poco proclive a la información que aporta valor.

Entre la infinidad de páginas creadas por SEOs con el único objetivo de monetizarse vía publicidad o vía afiliados, y las grandes industrias mediáticas de la desinformación, que generan como churros (asistidos estos sí por ejércitos de IAs) basura informativa en formato fake news, hoy en día navegar por Google y cualquier otro buscador buscando información veraz es saber que ante cualquier búsqueda, debemos aunque sea barrer las primeras dos páginas de resultados obviando todos los títulos clickbait (Las X cosas que deberías saber sobre…, Guía definitiva sobre…, Cómo hacer… actualizado a [mes y año actual], No te podrías imaginar lo que pasó con…), esquivando todos aquellos otros que incluyen flechas o emoticonos, y vigilando que la URL a la que llegues no sea un calco de un periódico real.

Por fiarte, ya ni te puedes fiar de las recomendaciones de artículos que se hacen al final de la mayoría de medios de comunicación. Empresas tan a priori fiables como Webmedia, dueña de páginas especializadas en nuestro sector como Xataka, hace ya años que también cayeron en las garras de esos widgets de artículos recomendados donde se enlaza al visitante a páginas de desinformación, y que estos grandes medios acceden de buena gana a recomendar en sus webs a sabiendas de que pagan muy bien.


Con el auge de herramientas de creación de textos automatizados, lo que estamos experimentando no es más que una proliferación aún más agresivas de ese contenido dañino.

Por supuesto, cuesta muchísimo más ponerte a escribir, como hace un servidor, cada puto día de Dios, un artículo como este, que decirle a ChatGPT o la IA de turno que me escriba un artículo sobre Genesis y su impacto en la calidad del contenido periodístico.

Por supuesto que sí.

La única diferencia es que un servidor, y cualquier periodista que realmente haga bien su trabajo, habrá dedicado media vida a estar siempre informado de todo lo que ocurre en su sector, o habrá como mínimo consultado a varios expertos que si habrán dedicado esa media vida, y en esa fase que para Google es totalmente automatizable (la de escribir), hará bastante más que simplemente juntar letras para formar frases que formen entre sí párrafos.

Google no valora la calidad, sino el buen SEO

Lo dije hace unos años, y vuelvo a repetirlo: Google no valora la calidad, sino el buen SEO.

Eso es lo que de verdad importa. Que el contenido esté optimizado para las búsquedas.

Aunque diga mentiras o medias verdades. Aunque sea un mero refrito de otras páginas.


Si genera interacción, y el clickbait lo genera, es interesante para Google.

De ahí que tenga claro que el futuro del periodismo serio pasa por ser más como las páginas de afiliados y publicidad. Más como esos gigantes de la propaganda informativa.

Por el mismo motivo, y es que, de nuevo, lo que quiere Google no es ofrecer la mejor respuesta a tu pregunta, sino monetizar tu pregunta.

De nuevo, la perversión esperable de un modelo de negocio corporativo.

Así pues, no nos va a quedar otra que convivir con la realidad de que las herramientas que usamos para acceder al contenido tienen como objetivo monetizar, y no informar.

Pasó con las redes sociales, y cada vez más pasa con la editorialización de los buscadores.

Luego que por qué algunos llevamos años apostando por otros buscadores como DuckDuckGo, donde al menos la monetización no es algorítmica. Aunque pequen, como todos, de dar valor a los que saben optimizar el contenido, no a los que aporten valor con su información.

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