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Crimea Apple Maps

Vamos a jugar a un juego:

Ahora mismo coge tu smartphone y busca en Google Maps o Maps de Apple «Simferopol», una ciudad de Ucrania.
¿Qué te dice el sistema? Pues que en efecto Simferopol es una ciudad ucraniana.
Y ahora haz esto mismo desde una VPN con IP rusa. ¡Voilà!
Para los usuarios rusos Simferopol es una ciudad de Crimea, un territorio ruso.

¿Cómo se te queda el cuerpo?

Es el n-ésimo ejemplo de una tecnológica, a la que presuponemos neutral frente a los intereses partidistas de cada gobierno, cediendo ante el lobby político de turno.

Y es un tema que ya desarrollamos el mes pasado por un caso parecido: el de la censura china, que ya no solo se ve dentro de sus fronteras sino también fuera de ellas:

Hace una semana (un mes largo para nosotros) ocurría exactamente lo mismo con Apple, que ha sido forzada a pasar por el aro del gigante asiático y eliminar de su App Store un app de mapas (HKMap (ES)) que algunos manifestantes en Hong Kong estaban utilizando para coordinarse fuera del alcance de los tentáculos opresores del gobierno.
Para Apple, y en definitiva para cualquier gran empresa (Activision Blizzard incluida) triunfar en China es vital para que sus cuentas salgan. Cada mes, la compañía de la manzana gana allí ingresos por valor de más de 3.000 millones de dólares, que se dice pronto.
Con Google pasó lo mismo hace un año (ES), después de que nos enteráramos de que tras el intento en un par de ocasiones de irrumpir con fuerza en el gigante asiático, estaba desarrollando otro navegador exclusivo para China que sería «gestionado» (es decir, censurado) directamente por el ministerio de la verdad a cargo del gobierno.
Sin olvidarnos de Taiwan, que oficialmente se declaró país hace ya unos cuantos años, y que pese a todo, casualmente ningún sistema operativo la muestra como país al seguir China considerándola una provincia más de su república. Que para hacer negocios en el gigante asiático es necesario que la compañía de turno no haga referencia alguna a Taiwán como país.
Y esto aplica a la usabilidad de todos los formularios con los que cuentan nuestros servicios digitales, pero también a algo tan nimio como es que, de hecho, en la última versión de iOS/iPadOS la bandera de Taiwán ya no exista como emoji.

Son pequeños movimientos pero que tienen un impacto importantísimo a la hora de definir lo que la plebe (es decir, tú o yo) consideramos como verdad.

¿Es Crimea un territorio ucraniano o ruso? Pues a efectos históricos y legales es claramente ucraniano. Otra cosa es que Rusia lo haya invadido hace unos años saltándose de paso todos los acuerdos de no expansión con Europa.

Pero si yo voy a mi smartphone y el propio sistema me dice que es ruso, ¿pues será ruso no?

Si yo voy a hablar de Taiwán, acostumbrado como estoy a hacerlo de otros «países», y veo que al escribir «Taiwán» no me aparece el emoji de la bandera, pero sí lo hace cuando tecleo «Japón» o «China», pues doy por supuesto que Taiwán no debe ser un país, ya que el canal de comunicación tecnológico que estoy utilizando, INDIRECTAMENTE, me lo está diciendo.

¿Entiendes cuál es el problema de estas pequeñas «tonterías»?

Porque esto nos lleva a otro debate de aún mayor calado, y es el de si las multinacionales deberían estar por encima de los gobiernos:

  • Puede que si si tenemos en cuenta que muchos de sus productos se han vuelto, de facto, el sistema de información por defecto de la ciudadanía. Y que su ámbito es claramente globalizador, entrando en conflicto con la ideosincrasia informativa de cada región.
  • Y a la vez puede que no, que no debemos olvidar que estamos hablando de multinacionales… con fines puramente económicos. Que sus objetivos no son «democratizar el acceso a la información», como rezán algunos de sus sloganes, sino simplemente hacer cuantos más billetes mejor, lo que puede entrar en conflicto con su misión corporativa.

Así que en esas estamos. Con tecnologías con clara vocación globalizadora supeditadas a intereses censores del gobierno de turno, por eso de que quien gestiona esas tecnologías busca de forma primordial el beneficio económico, y no pasar por el aro supone perder unos cuantos millones más en sus ya de por sí titánicas arcas.

Y mientras tanto, miles de millones de ciudadanos utilizando a diario esas mismas herramientas de forma estandarizada, siendo a la vez reconducidos ideológicamente hacia los derroteros que el gobierno censor de turno le parece oportuno reconducirles.

¿Qué bonita estampa, verdad?

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