Las críticas a TED y las pretensiones de quien se sienta a verlas

TED

Por Xataka han estado estos días metiendo el dedo en la yaga a uno de los debates más habituales (EN/enlace roto) del formato de charlas de TED. Antonio Ortiz (ES) hablaba de ello, y Javier Pastor (ES) lo ratificaba con un elaborado artículo de cómo podría ser un TED más profundo. Una crítica aparentemente sesgada de lo que desde fuera, y desde su criterio (compartido por otros muchos, ojo) debería ser TED.

Menos mitin político, a fin de cuentas, y más inicio de un debate que debería seguir inexcusablemente en la multicanalidad de formatos del conocimiento. Que si un blog, que si un par de libros, que si un podcast, que si…

Y creo que de nuevo aquí se está pecando de expectativas, al dotar a TED de un valor que creo nadie debería tan siquiera considerar.

TED (EN), como decía Antonio, es “Tecnología + Entretenimiento + Diseño”. Tan sencillo como esto. No espera crear cátedra en cada uno de los temas tratados. Simplemente acercar la ciencia (quizás con una mirada sesgada y demasiado positiva hacia las nuevas tecnologías) al resto de la comunidad, utilizando (y esto es importante) el entretenimiento como vínculo de unión.

El objetivo por tanto es entretener con las charlas, y no al revés. El eje en común de todas sus charlas es el entretenimiento.

Tienen razón en que hay autobombo. Claro. Y también que dentro del sector, TED puede servir para crear de una marca, una ideología que sea extendida en el colectivo. Un meme, si lo prefiere llamar así.

Bien aprovechado, participar como ponente en un TED (no tanto en los TEDx), puede servir para crear dogma alrededor de un postulamiento personal. Un subidón curricular que no pocos han aprovechado en todo este tiempo.

Pero no veo que eso sea realmente malo mientras que quien se sienta a verlas tenga claro lo que va a ver.

Esperar que un formato como el que se defiende (charlas como inicio de un discurso acompañadas por mil y un documentos que enriquecen el conocimiento) triunfe como lo ha hecho el TED que todos conocemos es absurdo. La sociedad no quiere saber todo sobre un tema, quiere quedarse con su síntesis, y si es posible apoyándose en una historia entretenida y fácilmente recordable.

El éxito de TED viene dado precisamente por la figura de las píldoras informativas. Grandes oradores, que por lo general, saben de lo que hablan, nos cuentan sus batallitas de forma entretenida, de forma divertida. Y de paso quizás nos quedemos con alguna idea. Y de paso quizás a alguien se le encienda una bombilla y quiera saber más. Pero el objetivo de TED ya estaba completado de antemano.

Para aquel que todavía tenga hambre de conocimiento, que vaya al buscador que más le guste y se ponga a investigar. No hace falta que en pleno siglo XXI le demos todo mascado a nuestro espectador, más cuando la mayoría ni lo ha pedido ni lo va a necesitar.

Para nada estoy de acuerdo en que la sensación final después de ver un vídeo de TED es de conocimiento completo de la temática a tratar. Volvemos a ser pretensiosos con esta afirmación.

Pero sí me ofrece un punto común desde el que formar mi propio criterio, y sobre todo, un cuarto de hora en el que me he divertido de forma ligeramente culta.

¿Cambiaría TED por algo como lo que proponen en el artículo? Para nada. Ni siquiera para un servidor sería interesante entonces.

Prefiero mil veces lo que ofrecen ahora, teniendo claro lo que ofrecen, que la multicanalidad y profundidad que defienden los críticos del formato.

Que un medio que se dedica sistemáticamente a ofrecer monólogos de expertos en temas que podríamos considerar cultos haya triunfado en una sociedad tan apagada como la nuestra es un alivio.

¿Qué ello conlleva ineludiblemente una banalidad y simplificación científica? Por supuesto. Afortunadamente, de hecho, porque su papel es colocar la semilla, no regar el árbol.