Hablando sobre tendencias en educación y tecnología con TokApp

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Miguel Parada, a quien tuve el gusto de conocer por su paso en la Junta Directiva de AERCO&PSM, me escribía recientemente para pedirme si estaba interesado en pasarle unas palabras con un único tema en referencia a lo que para un servidor debería ser trending en educación y tecnología este año.

La idea era montar con ello un ebook para promocionar TokApp (ES), una app de gestión de organizaciones especializada, precisamente, en empresas, instituciones y asociaciones.

El tema me pareció interesante, así que le envíe mi propuesta, que por petición expresa de Miguel debía ser corta (en torno a las 200 palabras). Debe ser que me conoce muy bien, jajajaja.

Y ahí está el problema, habida cuenta que sintetizar en apenas un par de párrafos algo semejante se me antoja verdaderamente difícil. Pero bueno, me pareció interesante centrar el discurso en la importancia de la formación continua en el uso de las “nuevas tecnologías” (no sé hasta cuándo seguiremos llamándoles así), sobre todo a la vista del impacto que han tenido en estos últimos años las campañas de viralización de mensajes afines a la desestabilización del status quo político en países como EEUU, Gran Bretaña, Alemania, España…

Me parece uno de los puntos más importantes a combatir entre los que los que se dedican a la educación y aquellos que nos dedicamos a la tecnología. En juego está la propia viabilidad de proyectos comunes como ha sido Europa y en líneas generales la tónica política occidental del último siglo. Si somos conscientes de que la democracia es débil frente a tergiversaciones informativas digitales, nuestro deber debería ser forzar una suerte de sistema garantista que devuelva el control al usuario final, y que éste cuente con el conocimiento necesario para formarse su propio criterio más allá de los impactos, orgánicos o tergiversados, que puedan llegarle.

Un trabajo en el que, como decía, estamos todos envueltos:

  • De parte de los servicios sociales, ofreciendo plataformas de economía colaborativa lo más accesibles posible sin descuidar la necesidad de acompañar ese contenido generado por terceros de alternativas contrastadas que convendría que el usuario tuviese en cuenta.
  • Por parte de las plataformas publicitarias, anteponer el futuro social al negocio puro y duro, y banear de los sistemas de pago a ese contenido que claramente vulnera derechos humanos o atenta contra los intereses del grueso de la sociedad (el contenido de extrema puede seguir promocionándose sin tener que recurrir a estas plataformas).
  • De parte de aquellos que tenemos una voz en el ciberespacio, intentando concienciar sobre los riesgos de la delegación estéril en el acceso informativo que han sido el día a día de nuestra sociedad en derroteros digitales. El usuario debe ser, ante todo, una mente crítica, capaz de labrarse su propio criterio, y sobre todo, entendiendo cómo funcionan esos servicios que a día de hoy utiliza para mantenerse informado.
  • Por último, por parte del profesorado, incluyendo la tecnología en el aula de forma orgánica. Es absurdo que sigamos prohibiendo el uso de estos dispositivos en clase cuando fuera vamos a utilizarlos para todo. El papel del profesor debería ser el de guiar al alumno sobre el uso correcto de estos dispositivos, dotándole de las herramientas intelectuales necesarias para entender sus limites y sus funcionalidades, aprovechándose de unas u otras cuando corresponda.

Dejo para terminar la pieza que le envié a Parada:

Si hay algo de lo que nos han dejado este último año las mal llamadas “nuevas tecnologías” que debería preocuparnos, eso ha sido sin lugar a dudas la profesionalización de las campañas de fake news que han conseguido transformar por completo el status quo político en bastiones históricos de la democracia como es el caso de EEUU o Europa.

El haber delegado el acceso y consumo informativo en plataformas que se nutren del contenido de todos y que basan su visionado en una suerte de línea editorial personalizada a cada usuario, conlleva, de facto, un riesgo que ahora vemos materializado en la victoria de Donald Trump, en la salida de Europa de Reino Unido o en el auge de la extrema derecha en Alemania.

¿Qué podemos hacer para remediarlo?

  • Por parte de las empresas de tecnología, dotar a estas herramientas de sistemas de control que devuelvan el control (valga la redundancia) al usuario, así como la implementación de un sistema híbrido de moderación que limite el alcance publicitario de campañas nocivas para la sociedad.
  • Por parte de los educadores, la inclusión del smartphone y el resto de dispositivos como herramienta de apoyo en el aula, explicando cómo funcionan estos servicios y qué limitaciones tienen, con el fin de que los alumnos salgan ya no solo mejor preparados para lo que se van a encontrar fuera, sino además educados en labrarse su propio criterio ante el consumo informativo. Un elemento crítico para tener una sociedad democráticamente sana.