tiempos de espera carga

Hace unos meses Sony, en una de sus innumerables presentaciones previas a dar a conocer la nueva generación de consolas, liberaba un vídeo que recogí por esta santa casa en el que comparaban los tiempos de espera del Spiderman en una PS4 Pro frente a lo que se entiende era la PS5.

Menos de 1 segundo frente a los 8 largos de media que tarda en hacer la transición el juego en una PS4 Pro.

Y a colación de ello, lanzaba un par de reflexiones:

1.- Porque claro, una cosa es conseguirlo corriendo en una consola de nueva generación un juego de esta generación como es Spiderman, y otra bien distinta es que en efecto ese cambio radical en los tiempos de carga se vea reflejado en la nueva generación, que ya contará con gráficos más exigentes, y por ende, mayor peso de procesado.

2.- Y me pregunto si en efecto estaremos ante el fin de este elemento tan históricamente pegado a las limitaciones del medio.

La cuestión es que desde aquella publicación hasta ahora ya ha llovido, y por ejemplo actualmente conocemos más detalles del hardware que montarán las nuevas consolitas. Un hardware que, de nuevo sobre el papel, tiene todas las papeletas para romper la barrera que históricamente ha estado pegada a la industria del videojuego: la velocidad de cálculo.

Que no lo digo por los teraflops, sino precisamente por las velocidades de escritura y lectura de los discos, que por fin pasan a SSD en videoconsolas (en PC llevamos tiempo utilizándolos), pero con el añadido de que al ser un hardware cerrado se ha optimizado para llegar a tasas como la de los 5,5 GB/s que se supone tendrá PS5 (ES), y los 2,4GB/s de la Xbox.

Y esto, amigos míos, puede tener un impacto realmente considerable en la forma en la que los desarrolladores crean las experiencias en años venideros.

resident evil apertura puerta

Los tiempos de espera como limitadores de la experiencia

Es obvio que en cualquier soporte digital puedes hacer todo lo que el hardware te permita. Ni más, ni menos.

Y en el caso de juegos, históricamente hemos estado limitados bien sea por la capacidad de procesamiento gráfica, o más recientemente y para juegos online, como los slots de casinos online (ES), por la velocidad de transferencia de archivos que tenga nuestra red.

¿Dónde se nota esto? Pues precisamente en los tiempos de espera y de carga. Esas transiciones necesarias entre que entras y sales de un capítulo, o de un escenario.

Por supuesto, el ingenio y buen quehacer de la industria ha ido buscando, como ocurre con el cine y los cambios de plano, apaños para ocultar estas limitaciones, y el mejor ejemplo lo tenemos en el uso de cinemáticas pre-grabadas (Leon levanta una persiana en el remake Resident Evil 2 que nos permite acceder a una nueva zona de la Comisaría, Nathan Drake se pone a conversar con su acompañante en Uncharted mientras se adentra en esa cueva…). El hardware reproduce ese vídeo, y mientras tanto, por debajo, va cargando los assets del nuevo escenario.

¿Y en juegos de mundo abierto? Pues en estos títulos se tiende a utilizar la supuesta niebla o una geometría caprichosa (no puedes ver más allá porque la vista no te llega) para que conforme te vayas moviendo la gráfica pueda ir pintando lo que está más lejos.

De hecho, esa limitación aparece precisamente en la velocidad a la que puedes moverte, que debe estar controlada para en todo momento el jugador no sea consciente de que más allá todavía no hay texturas cargadas. Lo que de paso, limita las opciones de transporte disponibles en el juego (no puedes meter un caza a reación en un juego de mundo abierto ya que la velocidad de cálculo haría que al poco el vehículo estuviera sobrevolando la nada).

Si estamos diciendo que la nueva generación va a ser capaz de mover muchísima más potencia de cálculo que la actual, quizás (y digo quizás porque también tendremos gráficos más exigentes) estemos un pasito más cerca de poder generar productos en los que estos apaños no son necesarios. Y me pregunto entonces qué nuevas formas de afrontar la jugabilidad se crearán.

reserva vuelos espera

La teoría de los tiempos de espera está más que estudiada

Es más, todo esto no es ni mucho menos nuevo.

¿Alguna vez te has parado a pensar por qué cuando buscamos un vuelo en una web de reservas, la página se tira «calculando» cerca de diez segundos?

Por detrás realmente el sistema ya ha calculado en cuestión de instantes qué opciones tenemos. A fin de cuentas, es hacer una serie de consultas relativamente sencillas y que además probablemente hasta tiene cacheadas ya de antemano en su gestor de reservas.

Pero sin embargo nos mantiene unos segundos mirando a una barra de espera que nos va diciendo qué esta supuestamente haciendo: calculando la ruta más óptima, buscando las mejores ofertas…

Hace ya un tiempo por Fast Company (EN) preguntaron a Facebook el por qué hacía esto a la hora de verificar nuestra identidad en la plataforma (por aquel entonces mostraba a un robot animado que era quien supuestamente estaba realizando las labores de seguridad oportunas). La respuesta de Facebook fue la esperable. Realmente los cálculos se hacían al instante, pero se dieron cuenta de que para el usuario:

«es importante entender qué hacemos por detrás para proteger sus cuentas de Facebook».

Y esto mismo se aplica en la industria del gambling (esperar a que se muevan las opciones de una tragaperras digital cuando realmente el resultado ya se ha calculado) o del retail (tiempos de espera mientras «tu pedido está en camino» cuando en la práctica ya se ha almacenado en la base de datos la información en cuestión de instantes).

¿La razón? El business.

Básicamente esos tiempos de espera y de carga generan una falsa sensación de confianza. De que hay alguien detrás haciendo las cosas y preocupándose de que todo funcione. La llamada «Ilusión Laboral» (EN).

Y además, tiene un impacto inconsciente también en la herencia cultural que arrastramos. En su día en efecto esos tiempos eran necesarios para realizar cálculos que el hardware o la red no permitían realizar inmediatamente. Si el resultado se nos diera al instante asumiríamos que el proceso actual no tiene esa misma importancia, y en el caso del mundo del entretenimiento, se perdería parte del atractivo que tiene la espera.

Las barras de progreso cumplen entonces ese doble cometido de darnos mayor confianza en el sistema y hacernos ser más pacientes. Justo lo mismo que pasa por ejemplo con esos botones en semáforos para pedir que se pongan en verde. La mayoría, de hecho, ni funciona (son puro placebo, están estropeados o solo funcionan en horas de poco tráfico), pero los pulsas y parece que el tiempo se hace más corto.

Tú tienes el control, aunque no sea verdad.

Piensa en todo esto la próxima vez que te enfrentes a un tiempo de espera o de carga.

O no lo hagas. A fin de cuentas, quizás seamos más felices sin ser conscientes de ello :).


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