Por casa hasta este mes estábamos pagando:

  • Dos cuentas de Amazon Prime.
  • Una de Netflix en ultra HD (la más cara).
  • Una de Disney+ también en Ultra HD.
  • Otra de Apple TV+.
  • Y según el mes y lo que se publique, otra de HBO.

Es decir:

En total, y considerando que HBO no lo tenemos todo el año activo, pagamos por casa más de 500€ anuales para ver contenido en streaming.

Y sin embargo, cada vez más me encuentro en la tesitura de que justo lo que quiero ver, no está en ninguna de estas plataformas.

Hoy vamos a hablar nuevamente de la enshiftificación de las plataformas de streaming de contenido audiovisual, y cómo debido a ello, cada vez más usuarios están volviendo a los nuevos «torrents».

¡Empecemos!

Torrent enshiftificacion

Napster abre la caja de pandora

El negocio de las discográficas lleva décadas funcionando como un cártel de la mafia en muchísimos sentidos. De hecho, ya hace años escribí una pieza comparando la industria discográfica con la Santa Inquisición Española.

Con esto, te lo digo todo.

Pero algo hay que reconocerles: Han sabido ponerse de acuerdo y ofrecer al mercado un servicio pensado para el consumidor, y no solo para sacar billetes.

Me refiero, por supuesto, a Spotify.

Pero no nos adelantemos tanto…

Algunos (los viejos del lugar) recordamos aún cómo hasta finales del siglo pasado, las discográficas nos vendían la música al peso.

Ya podía gustarte una o dos canciones en particular de tal grupo, que si querías escucharlas, tenías que comprarte el álbum completo.

Bajo este escenario, Sean Parker, de 15 años, Shawn Fanning, de 14, y el latinoamericano Hugo Sáez, de 15, se juntaron una lluviosa tarde de junio de 1999 para sacar al mercado un servicio que lo cambiaría TODO.

Y cuando digo todo, es todo.

Hablo, por supuesto, de Napster, un servicio de distribución de archivos de música en formato MP3.

¿Su particularidad? Que lo hacía mediante Peer to Peer (más conocido por sus siglas P2P), un protocolo de intercambio de archivos descentralizado.

De pronto, cualquiera desde su ordenador (los móviles aún eran solo móviles y no smartphones) podía buscar una canción en particular, y darle a descargar.

Al hacerlo, ese archivo no se estaba bajando de un único servidor, sino que era el resto de ordenadores de otros usuarios de la misma red que en ese mismo momento estuvieran conectados a Internet de dónde se obtenía la descarga.

Cada usuario de la red P2P, por tanto, es a la vez cliente y servidor, de manera que se elimina de un plumazo los dos principales problemas de los sistemas centralizados: el colapso del servidor cuando muchísimos usuarios quieren acceder a un mismo contenido (por ejemplo, al lanzamiento de un nuevo single de una popular banda), y la dependencia de ese servidor en particular (si por lo que sea el día de mañana alguien borra ese archivo en el servidor centralizado, los nuevos usuarios que quisieran descargárselo ya no van a poder).

Sobre esto último, por cierto, tienes otro programa del podcast que te enlazo en la descripción.

Pues fíjate si esta idea tenía potencial, que en tan solo un año Napster pasó de no existir, a ser usado a diario por decenas de millones de personas en todo el mundo.

Napster había abierto la caja de pandora, como el propio Steve Jobs reconocería años más tarde:

«En 1999 existió ese fenómeno llamado Napster.

Cerró en 2001, pero nos demostró algunas cosas. Nos demostró que internet estaba hecha para la distribución de música»

Steve Jobs, Apple Music Event 2003

La compañía multimillonaria creada por estos tres chicos acabaría, como cabría esperar, en los juzgados por parte del lobby discográfico, consiguiendo un año más tarde que fuera obligada a cerrar sus servidores y pagar una multa.

Pero no se le puede poner puertas al campo, y como era de esperar, a la caída del rey surgieron muchísimos más servicios distribuidos: Que si Ares, que si eMule, que si eDonkey…

Servicios donde, de pronto, bajar una discografía entera de cualquier artista era solo cuestión de poner el nombre y elegir entre las múltiples opciones que aparecían.

Un protocolo, el P2P, que para colmo hacía milagros exprimiendo al máximo las redes de conexión de 56Ks (por si hay alguien de la generación Z escuchando esto, como el Wifi que tienes en tu casa pero unas 12.000 veces más lento), que era lo que la mayoría teníamos, al estar compartiendo (y por tanto, descargando en paralelo) pequeñas partes de un mismo archivo desde diferentes servidores.

De la descentralización de plataformas, a la centralización comercial

Lo que estaba claro es que había negocio en esto de ofrecer música en Internet.

Y así llegaría Apple con su Apple Music, que básicamente era lo mismo que Napster, pero legal. Con el pago de licencias a las discográficas de por medio.

Y triunfó.

Vaya que si triunfó…

Es más.., creo que no tengo casi ningún amigo que no acabara comprando un iPod… y por tanto, usando iTunes como plataforma para «pasarle la música».

De hecho, si quieres que le dedique un futuro episodio del podcast a hablar cómo, en apenas un par de años, Sony pasó de ser la reina absoluta en ventas de reproductores MP3 a prácticamente desaparecer del mercado por la irrupción del reproductor MP3 de Apple, el iPod, que para colmo era muchísimo más caro, me lo dices en comentarios, y me lo apunto.

El caso, y volviendo al tema que nos compete, es que desde entonces en la industria musical lo han tenido claro.

Primero con Apple Music, y más tarde con la europea Spotify, JUNTOS SON MÁS FUERTES.

Que, como ya hemos repetido hasta la saciedad estos últimos años, los consumidores estamos dispuestos a pagar por un servicio que nos facilite la vida.

Que la piratería es un problema creado por la industria, no por el consumidor.

Y hoy en día Spotify ofrece justo eso: Una única plataforma donde vas a encontrar prácticamente toda la música de occidente que se te ocurra.

Hasta mi primo, que era de los típicos que tenía una colección de vinilos y CDs enorme, ha ido paulatinamente vendiéndola y rindiéndose a la comodidad que supone pagar los escasos 10 euros al mes que cuesta Spotify, y teniendo por tanto en cualquier lado acceso a un catálogo casi infinito de canciones.

El sector audiovisual parecía tenerlo claro…

De la música, saltamos al cine y la televisión.

Una industria, la audiovisual, que parecía estos últimos años quererle seguir la pista a la industria discográfica.

La llegada de Netflix supuso el que muchos pasásemos de descargar películas y series en redes torrent, rindiéndonos a la evidencia de que la experiencia de usuario en Netflix era magnífica.

Y que prácticamente todo lo tenías al alcance de un click… a un precio ASEQUIBLE.

Luego llegarían, para colmo, Amazon Prime Vídeo, incluido dentro de la suscripción de Amazon Prime.

Y HBO con todo su catálogo de exclusivos.

Y también la factoría Disney-StarWars-Pixar-Marvel.

Incluso Apple con su TV+.

Fíjate que si hubiera hablado de esto hace, por ejemplo, un par de años, todo hubiera sido de color de rosa.

Teníamos dónde elegir, y pagábamos encantados por unos servicios bien diseñados y que nos facilitaban la vida.

Descargar contenido audiovisual de Internet es cada vez más fácil. Es más, existen plataformas de streaming de contenido «gratuitas», pero aún con ello, siempre tenías que pegarte con la calidad de la grabación, o con los subtítulos. O montarte un servidor Plex en tu casa y tener por tanto previamente que hacer las descargas y adaptar, según el dispositivo donde fueras a consumirlo, los ajustes de reproducción para que no se corte cada poco la emisión.

Entre eso, y pagar unos cuantos euros al mes, pues mira, te quedas con lo segundo.

Todo era, por tanto, como en los mundos de Yupi.

Hasta que todo se torció.

… Pero llega la enshiftificación de plataformas

Ya dediqué un programa de este mismo podcast a este tema, así que no me voy a repetir mucho más.

Si el tema te interesa, te dejo en el guión de este podcast el enlace al programa donde hablamos de los porqués de la enshiftificación de la industria del contenido audiovisual para que lo escuches cuando termines este.

Pero quédate con la idea de que, tras el aumento de los tipos de interés, y por tanto, el fin de la deuda gratis, muchas de estas compañías tecnológicas, de pronto, se ven en la tesitura de que tienen que ser rentables por sí mismas, y no como hasta ahora, que vivían básicamente de rondas de financiación.

Así, al principio de ese otro podcast comenzaba con lo siguiente:

En apenas un mes, varias noticias muy relacionadas entre sí:

  • Spotify sube el precio de sus suscripciones.
  • Disney plus sube el precio de sus suscripciones.
  • Dazn sube el precio de su suscripción.
  • Netflix elimina en algunos mercados su plan básico.

Y a estas noticias, súmales la cruzada que estamos viviendo en muchas de estas plataformas (por ejemplo, en Netflix y en Disney+) por evitar la compartición de cuentas.

Este programa es de septiembre del año pasado.

Desde entonces, a todo esto súmale la llegada de la publicidad incluso para los usuarios de pago (algo que en su día aseguraron por activa y por pasiva que no ocurriría, y que ya lo han empezado a hacer tanto Amazon, como Netflix y Disney+), y la subida de precios (otra más) anunciada para este año.

Sin ir más lejos, Disney me avisaba hace un par de semanas que nuestra cuenta costará 20 euros más al año a partir de la próxima factura.

Así que junta:

  • Por un lado, unos costes de suscripción cada vez mayores… y asociados a un servicio cada vez peor (en algunos casos con publicidad, en otros con pérdida de funcionalidades, como era la de poder compartir cuentas entre miembros de la familia sin coste adicional).
  • Y por otro, un catálogo cada vez más diversificado, que obliga a pagar por cada vez más servicios si quieres acceder a todo lo interesante que se produce en el sector.

Todo esto, recordando que, a un golpe de click, tenemos otras plataformas (las de los torrents) donde está todo el catálogo (legal y pirata), sin coste, pero con una barrera de entrada ligeramente mayor.

La guerra, esta servida.

El fin está cerca

Echas las presentaciones, dos posibles escenarios:

  • O bien la industria audiovisual vuelve a centralizar catálogos en menos plataformas.
  • O bien cada vez más consumidores volveremos a las plataformas descentralizadas.

Y fíjate que hay indicios para pensar que ambas opciones están sobre la mesa.

Sin ir más lejos, no sé si te habrás fijado que Netflix lleva un par de meses ofreciendo algunos exclusivos de HBO (por ejemplo, Band of Brothers), de Paramount (por ejemplo, Yellowstone) y hasta de la hermética Disney (Anatomía de Grey, Cómo conocí a vuestra madre, Perdidos, Prision Break…).

No solo eso.

Son muy buenas noticias el hecho de que entre las series que más éxito tuvieron en Netflix en 2023… se haya colado Suits, una producción que no es de ellos, y que para colmo se emite también en EEUU en Peacock, la plataforma de Universal (es decir, ni tan siquiera tienen la exclusividad en streaming):

Ted Sarandos dice que el creador de «Suits», Aaron Korsh, lanzó su nuevo spin-off a Netflix años antes de que la serie OG se convirtiera en el mayor éxito del servicio.

Reportaje en IndieWire (EN)

Quizás estemos, por tanto, ante la vuelta de una plataforma centralizadora a lo Spotify, pero en el sector audiovisual.

Y si es así, Netflix tiene todas las papeletas para conseguirlo.

Mientras tanto, revolotea por la mente de algunos el volver a las descargas y el streaming vía torrents.

Un ecosistema, por cierto, que no ha hecho más que crecer y sofisticarse. Desde 2019, y según la empresa de análisis Muso, los sitios de descarga sin permiso han aumentado un 12% de tráfico.

Escucha:

Las visitas a sitios web de piratería han aumentado un 12% en los últimos cuatro años

Según un reciente estudio, se realizan más de 385 millones de visitas diarias a sitios web de piratería en línea.

Reportaje en FastCompany (EN)

Atrás queda esa época del eMule donde te jugabas descargar una película… o un malware.

A día de hoy los que se llevan el gato al agua son los «Arr» (EN), con dos «erres»:

  • Radarr para películas,
  • Sonarr para series,
  • Bazarr para subtítulos,
  • Readarr para eBooks
  • Prowlarr como indexador…

Servicios que automatizan y organizan el contenido en local. Que requieren, en efecto, una configuración técnica previa que puede alienar a muchos usuarios… pero que una vez montado todo el sistema, operan de forma automática.

El usuario solo tiene que dejar el ordenador/servidor encendido y conectado a la red, para encontrarse cada vez que quiera ver algo cómo tiene ya bajado y accesible dicho contenido.

A efectos prácticos, es como tener un Netflix propio, más pequeñito, pero donde eres tú quien decide qué catálogo hay de TODO el catálogo creado en el mundo.

Un servidor, siendo sincero, no ha dado aún el paso.

Pero lo que sí hemos hecho por casa es bajar el nivel de suscripción de algunos de los servicios contratados… sacrificando el UHD.

Ya no para pagar menos… sino para que, al menos, no paguemos más que antes.

Pero te puedo decir que si las cosas no cambian, seguiremos haciendo cambios.

Y ojo… me gusta mucho cacharrear.

Yo ahí lo dejo :D.

Y ahora, turno para ti.

  • ¿Te habías planteado, o ya has hecho, algún cambio en tus suscripciones para contrarrestar esta subida de precios y el peor servicio que nos están dando?
  • ¿Valorarías la opción de abandonar las plataformas comerciales y pasar a usar servicios descentralizados como los que te he comentado?

Te leo en comentarios.

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