Trabajo desde casa en un pueblo de 1.000 habitantes y mi conexión es el 4G del móvil

PabloYglesias trabajo casa

Llevaba con ganas de publicar esta pieza bastante tiempo.

Como muchos sabréis, llevo ya más de una década dedicándome profesionalmente a Internet. Y desde bastante antes, con 18 años, he cambiado de casa tantas veces que, sinceramente, me da hasta cosa decirlo.

En todo este tiempo he vivido en pequeñas y grandes ciudades. De Gijón al centro de Madrid, pasando incluso por Zaragoza, para ir poco a poco alejándome de la urbe hasta el momento actual, el que vivo con mi pareja en un pueblo a suroeste de Madrid que tiene apenas 1.000 habitantes.

No es la primera vez que vivimos en un pueblo, vaya. Realmente nací en uno, aunque sea 20 veces más grande que el actual, y el último año estuvimos viviendo en otro que tenía unos 3.000 habitantes.

Tampoco pretendo aquí hacer apología de la vida en el campo. Tiene sus puntos fuertes (tranquilidad; muchas rutas al aire libre que disfrutar; más económico; mejor calidad de vida…) y también sus cosas malas (sin coche eres totalmente dependiente del transporte público, que por aquí solo pasa una línea de autobuses cada media hora en horas puntuales, y cada hora el resto; para hacer casi cualquier cosa tienes que coger la carretera…).

Quería centrarme en mi (nuestra) experiencia trabajando desde casa en una casa en la que hemos decidido no poner conexión de cable.

Y ojo, que hablamos de dos personas (mi pareja y un servidor) que vivimos de Internet. Èlia imparte formación y trabaja como consultora y mentora en temas de marketing experiencial y storytelling (ES), y un servidor, además de escribir en esta humilde página, asesora e implementa acciones a clientes sobre presencia digital y reputación online.

Un día sin acceso a internet es directamente un día que no podemos trabajar. Punto.

Es por ello que, pese a lo extraño que parezca, hemos decidido no tener conexión por cable en nuestra casa. He aquí los motivos.

La conexión por cable versus la conexión vía red móvil

Como decía, vivimos en un pueblo de escasos 1.000 habitantes, y como cabría esperar por aquí la fibra óptica aún no ha llegado.

En el anterior pueblo nos pasó lo mismo. Ya se había aprobado hace unos años la instalación de cable, pero una cosa es que el Ayuntamiento lo permita y otra que a las operadoras les interese realizarlo.

España es uno de los países con mejor cobertura de Europa, pero aún así hay todavía muchos pueblos a los que como en nuestro caso solo llega ADSL, e incluso otros a los que no llega absolutamente nada.

Y bajo esta premisa, teníamos tres opciones:

Migrar el ADSL que teníamos contratado en el otro pueblo

Un servicio que nos lo daba, en este caso, Jazztel, que a su vez lo subcontrataba a Movistar, el único operador que tiene cobre por la zona. Lo mejor de todo es que tanto la migración como una nueva alta podía tardar de 15 a 45 DÍAS. No horas, días. Es decir, que lo mismo hasta dentro un mes y medio no tendríamos acceso a red.

Como decía, estos pueblos ya no interesan económicamente hablando a las operadoras.

Y además estaba el tema de velocidad.

El ADSL que llega es de 12MBs/1MBs. Lo que en la práctica supone que a casa te llegan unos 7MBs de bajada y algo menos de 1 mega de subida.

Esto, a compartir con dos emprendedores, es algo bastante justo. Afortunadamente hay inventos como el Google WiFi, del cual ya hablé en su momento, y que sinceramente hace magia repartiendo esos escasos 7mbs de bajada según la necesidad de ancho que tiene cada dispositivo en tiempo real.

Tanto como para que ambos pudiéramos trabajar prácticamente sin problemas.

Ahora bien, la subida ya es otro tema. Con 1mbs de subida a repartir para una casa de 3 plantas y dos personas que viven de esto, el corolario que nos dejó ese año largo en el otro pueblo es que es insuficiente.

De hecho para videollamadas y webinars la mayoría de las veces nos salía más rentable desconectarlos del ADSL y conectarnos a la red 4G de nuestro smartphone.

Agregarnos a alguna cooperativa de redes rurales

En algunos pueblos existen una suerte de «servicios» descentralizados que funcionan vía antena y que permiten a los interesados conectarse a una especie de red WiFi de largo alcance bastante estable y normalmente a precios muy bajos.

Pregunté en el Ayuntamiento si existía algo por el estilo en esta zona, y lamentablemente no hay nada, así que por aquí llegamos a un punto muerto.

Pero quería dejarlo señalado en este artículo ya que no es el primero (varios mecenas me lo han comentado estos últimos meses) que me ha avisado de su existencia y de las ventajas que ofrece ahí donde la red de las operadoras tradicionales no llega.

Aprovecharnos de las líneas móviles 4G realmente ilimitadas

En el momento de escribir este artículo, ya varios meses después de haberlo contratado, creo que Vodafone sigue siendo la única operadora que ofrece conectividad 4G que podemos considerar de verdad ilimitada.

Por supuesto hay más operadoras con más contratos 4G «Ilimitados», pero todos con asterisco. O bien es «ilimitado» en megas pero llegados a X gigas te bajan la velocidad, o viceversa.

El 4G ilimitado total de Vodafone (ES/ojo, que es el ilimitado total, ya que los otros dos contratos inferiores, pese a llamarse ilimitados, tienen restricción de velocidad) es ilimitado en ancho de banda y en gigas, aunque la operada se reserva el derecho de «limitarlo si ve que se hace un uso exagerado de la red».

En todo caso antes de contratarlo llamé varias veces para contarles mi caso (mi smartphone sería el router para trabajar desde casa), y todos los operadores me han asegurado que no hay problema. Que esto está más pensado para casos extremos de empresas que, por ejemplo, contraten una SIM para móvil y la conecten a un MiFi para dar red a varios trabajadores en una oficina.

¿Hay alguna limitación más? Pues sí. El ilimitado deja paso a un límite de 18Gbs mensuales fuera del país. Algo que en nuestro caso, que viajamos bastante, es bueno de tener en cuenta, pero en todo caso semejante a lo que tenía antes (25Gbs para gastar en cualquier lugar, España incluido). Y de paso nos beneficiamos de que el roaming para Vodafone incluye también EEUU, cosa que no ocurre con el resto de operadoras (solo roaming europeo).

Y sí, también podría directamente agenciarme un MiFi y comprar una SIM de datos ilimitada. Pero de nuevo recalco que, al menos cuando yo lo miré, no había en el mercado ningún contrato que ofreciese Gigas y velocidad ilimitada sin asteriscos. Y teniendo en cuenta que, de media, en casa gastamos unos 350/400 GBs mensuales entre trabajo y streaming de contenido, cualquier contrato MiFi del momento, debido a sus limitaciones, no nos cubría el uso habitual.

Elia trabajando
Èlia haciendo como si trabaja en su despacho 🙂

Cómo es la experiencia después de varios meses viviendo con una conexión 4G

¿Qué ganamos a cambio? Pues que el 4G nos da, de media, unos 20mbs de bajada y unos 13mbs de subida, con picos de hasta 35/25.

Es decir, que las cosas funcionan, sobre todo en la subida, muchísimo mejor.

Ya podemos hacer webinars y reuniones sin mayores dramas.

Y como realmente en casa tenemos dos líneas de teléfono (una para cada uno), tampoco tenemos ya que compartir este ancho de banda. Cada uno conecta sus dispositivos a su smartphone, con algunas matizaciones que explicaré más adelante.

A cambio, eso sí, supone un descenso muy significativo de la autonomía del smartphone.

Para que te hagas una idea mi Xiaomi Mi 7T en un uso normal me permite llegar a la noche con alrededor del 50% de batería.

Al tener que compartir red desde el mismo, lo normal es que por la noche llegue con un 10% o incluso haya tenido que pasar por algún enchufe.

Un mal menor porque, recuerdo, la idea de todo esto es trabajar desde casa. Que cuando salimos desconectamos el tethering. Y que mientras estamos en casa tenemos siempre cerca si es necesario algún cable.

A nivel puramente económico salimos ganando.

Es cierto que ahora, al haber cambiado de operadora, pago prácticamente lo mismo que antes pero incluyendo de paso en el mismo contrato el teléfono de mi madre y la fibra de la otra casa (manda huevos que en Gijón tenga contratado 100mbs simétricos…).

Al haber muy poca competencia en este tipo de pueblos, las conexiones de red normalmente son carísimas, por lo que las tres líneas más la fibra de Gijón me salen más o menos a lo mismo que me saldría tener dos líneas y ADSL por aquí.

Termino con otro tema que sí es muy importante señalar, y es la comodidad en el día a día.

Es cierto que, sobre todo para dos profesionales como nosotros que vivimos de esto, lo normal es que ahí donde estemos tengamos el móvil a mano, pero hay que tener en cuenta que la red WiFi que crea el router del smartphone no tiene tanto alcance como la que ofrece un router doméstico. Ya ni hablemos la red mesh que tenía montada en la anterior casa:

Esta casa, de nuevo, tiene tres pisos, por lo que si por ejemplo quiero dejar el ordenador de mi despacho haciendo cosas en la red (descargando copias de seguridad o migrando archivos vía FTP, por ejemplo) y bajar mientras a ver una película al salón, tengo que dejar mi móvil arriba y bajar con el de mi pareja.

También está el tema de la cobertura, y es que en la parte de arriba, que es donde trabajamos, la cobertura 4G es prácticamente completa. Pero en el salón llega medio medio:

Lo que hace que, normalmente en los primeros 10 o 15 minutos de streaming de contenido en servicios como Netflix o HBO, la calidad de imagen sea bastante mala, e incluso podamos tener uno o dos parones.

Que no todo es perfecto, vaya.

Está claro que lo mejor sería poder ponernos una línea de fibra de al menos 50 simétricos. Pero recalco que la alternativa es un ADLS de 7/-1mbs.

conexion 4g
Con tethering y conectado a la red: algo muy habitual en nuestro día a día

Algunas cuestiones más a considerar

Soy de esas personas que ve oportunidades en las limitaciones, y en este caso no iba a ser diferente.

El saber que tenemos una conexión limitada espacialmente (el alcance de cada smartphone) hace, por ejemplo, que seamos mucho más estrictos con los aparatos conectados que tenemos por casa.

Mientras no estamos dentro de ella, la casa no tiene red, y por tanto sería una tontería meterle algunos dispositivos de domótica para control remoto.

Y pasa lo mismo con los asistentes virtuales, que ya he dicho en más de una ocasión que al menos para el uso que hago yo de la tecnología son un extra que sinceramente no necesito (y que entraña problemas de privacidad serios que tampoco tengo interés en sufrir).

Después están las casuísticas específicas de la combinación de dispositivos que tenemos por nuestro hogar:

Como ya expliqué en un artículo reciente, en el despacho de Èlia el televisor tiene conectado un Chromecast de segunda generación, en la habitación tenemos un proyector con Android TV que realmente usamos únicamente como proyecto del Fire TV de primera generación que tiene conectado (es mucho más eficaz poniendo contenido que la versión de Android TV que tiene el propio proyector), y en el salón, pese a que la televisión es smartTV, tenemos un Chromecast Ultra.

¿Qué quiero decir con todo esto? Pues dos cosillas que aunque leves marcan la diferencia:

  • El chromecast no deja de ser un simple dispositivo de mirroring, y por tanto, consume menos que lo que consume de red la smart TV o el Fire TV. Además de permitirme directamente controlarlo desde el móvil, que es a fin de cuentas quien le está dando red al dispositivo.
  • Para que ambos podamos utilizar indistintamente todos los dispositivos hemos creado la misma red en tethering. Es decir, que ambos smartphones crean una red WiFi con un SSID (el identificador que vemos cuando buscamos redes) igualito, y con los mismos 2,4GHz que estamos forzados a utilizar frente a los 5GHz (que sería lo mejor) porque el chromecast de segunda generación solo funciona con 2,4GHz. De esta manera, si uno está de viaje, el otro puede seguir utilizando todos los dispositivos comunes, y no tiene que volver a reconfigurarlos para su conexión.

En fin, que por aquí una explicación larga y concisa de lo que es vivir con 4G para una pareja que trabaja en Internet.

Ya te digo yo que no es perfecto, pero también es verdad que se trabaja y mucho mejor que con el ADSL que teníamos antes.

Que las limitaciones son, a fin de cuentas, oportunidades.

Y que recomendaría esto a todos aquellos que estén en nuestra misma situación, o bien quieran ahorrarse unos euritos al mes y no hagan ni de lejos un uso tan intensivo como es el nuestro de la red.

Algunos apuntes sobre el fin de las limitaciones de gigas en conexiones móviles

No quería terminar este artículo sin hacer mención a algo que bajo mi humilde opinión marca un antes y un después: El que de pronto no tenga que preocuparme por cuánto ancho de banda gasto con mi smartphone.

Dejando de lado el tema de utilizar la conexión 4G de mi móvil para trabajar, lo cierto es que este cambio ha conseguido que haya cambiado también la forma de utilizar el smartphone.

Para empezar, ya no necesito conectarme a redes inhalámbricas.

El único caso en el que me he visto forzado a hacerlo es en viajes a zonas que no cuentan con el roaming incluido, como es el caso de Mónaco o Andorra.

Es por ello que incluso este verano en mi casa de Gijón, donde como dije tengo una fibra simétrica de 100 mbs contratada, no llegué a activar en ningún momento la conexión vía WiFi.

Y asociado a esto está, de paso, la necesidad de cambiar algunos hábitos y configuraciones del propio dispositivo.

Puesto que no me conecto ya a ningún WiFi, he tenido que cambiar las actualizaciones automáticas, tanto de apps de contenido como del propio market de aplicaciones de Android, para que se actualicen aunque no esté el dispositivo conectado a una red inhalámbrica.

Pasa lo mismo con algunos juegos, que cuando tiene que instalar un parche siguen mostrando la advertencia de que «esto puede suponer un coste excesivo de datos», y ya ni hablemos de la calidad de imagen, tanto en streaminng como en descarga, que ofrecen las aplicaciones de servicios de streaming de contenido (Netflix, Amazon Prime Video, HBO, TV+…), que por supuesto poco he tardado en subirlas todas al máximo.

El corolario es que pasamos de un escenario en el que teníamos que controlar el gasto de ancho para no encontrarnos a finales de mes con una conexión limitada, a otro semejante al que estamos acostumbrados con los routers domésticos, en los que podemos gastar lo que queramos sin andar poniendo limitaciones y sin estar pendientes.

Que al final esto repercute en mayor TRANQUILIDAD y menos RESPONSABILIDADES para el usuario.

Antes, por ejemplo, tenía que asegurarme de que cuando salía de casa había encendido mi app de feed de contenido para que se sincronizase y descargase en local todas las noticias, de manera que luego podía consumirlas fuera de casa sin gastar ancho de banda.

Ahora es una preocupación menos. Lo tengo todo puesto para que cada dos horas lo haga automáticamente, pero también se produzca cuando abro la aplicación indistintamente de si estoy o no conectado a una red WiFi.

Son pequeñas cosas, por supuesto. Pero son pequeñas cosas que en su suma liberan trabajo. Que pesan un poquito menos en nuestra cabeza.

Y es, de paso, un movimiento que tarde o temprano las operadoras tenían que realizar. A fin de cuentas parece que tiramos a un escenario de movilidad absoluta. Y al igual que en su día pasamos a contratos de llamadas y SMS ilimitados, era cuestión de tiempo que llegase lo mismo con los datos, hoy en día prácticamente más importantes que los dos anteriores.

Distribuyendo la conexión mediante un router 4G

Esta es una actualización del artículo. He escrito otra pieza en la que explico cómo hemos optimizado aún más la conectividad utilizando para ello:

  • Una SIM duplicada.
  • Un router 4G.
  • Una red mesh para cubrir toda la casa.

Te lo explico en profundidad en esta pieza.

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