La difusa figura del trabajo en la actualidad

Leía a finales de la semana pasada un artículo en Xataka Ciencia (ES) sobre cómo quizás estemos a las puertas de un nuevo ciclo en la historia del trabajo, volviendo a esos orígenes griegos en el que esta actividad debía ser sí o sí no remunerada.

Trabajo Feliz

Recomiendo encarecidamente leerlo (no le llevará más de un minuto, tranquilo), ya que hace un recorrido por lo que fue el trabajo en las primeras eras (una actividad que nos realizaba), y cómo la llegada de la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert supuso la estandarización de algunos de los típicos trabajos manuales remunerados como actividades también placenteras, lo que sin duda fue heredado con mucho gusto en esa revolución medieval basada en el poder del clero y la servidumbre de la plebe.

De verdad, vaya un momento a la página, léalo, y luego vuelva, que le espero :).

Eso hasta nuestros días, donde encontramos algunos indicios que podrían señalar un futuro bastante distinto. En el artículo defienden hasta cierto punto la abolición de la figura remunerada, cosa que para un servidor resulta bastante utópico. Pero eso no quita que con el paso del tiempo estoy viendo como surge conocimiento y actividades que bien podrían definirse como trabajo y que no por ello terminan de ofrecer garantías económicas.

El mejor ejemplo que se me ocurre lo he vivido en primera persona, y está escenificado en la figura de este blog. Un blog que surgió para cubrir una necesidad humana (ansias de devolver todo lo que Internet me estaba ofreciendo más tener un repositorio personal al que consultar cuando la memoria falla). Un trabajo, a fin de cuentas, que me roba, entre el propio tiempo de escritura, mantenimiento e implementaciónes, así como el de la lectura de actualidad tecnológica y análisis de tendencias, tranquilamente media jornada diaria.

Un trabajo que no es remunerado, o al menos no de la forma que históricamente se entiende. A nivel puramente económico, es posible que en la actualidad ya haya recuperado directamente la inversión de estos últimos años, pero si incluímos en la ecuación el tiempo “perdido” delante de las pantallas o estrujándome el cerebro para el artículo del día siguiente, el resultado es muy pero que muy distinto.

Ahora bien, si también incluyo en la ecuación la de puertas que me ha abierto, la cosa cambia. Porque sin el blog seguramente no hubiera entrado en Talentum, ni tampoco en Telefónica I+D. Y tengo claro que no hubiera conocido al equipo del CIGTR (ES), del cual formo ahora parte, ni hubiera tenido la posibilidad de viajar de un lado a otro en eventos del sector, de codearme con los grandes y de sentir esa paz al saber que con una sencilla respuesta, que a un servidor le ha llevado apenas cinco minutos, soluciono un problema a los cientos (quizás ya miles) de usuarios que a lo largo de este tiempo se han puesto en contacto conmigo.

Hablamos de un trabajo, sí, y también de un hobby. Remunerado según se mire, porque al menos para la mayoría de nuestra generación, el dinero no es el único incentivo. A día de hoy tengo muy claro que antepongo cuestiones tales como la sintonía con el proyecto y el interés que me suscita antes que la remuneración económica, y creo que lo he demostrado en más de una ocasión, tanto pública como privadamente.

La sociedad de nuestros días, y seguramente con más fuerza en generaciones venideras, entiende el trabajo como una actividad más de su vida, y no como el pilar en el que se asienta. Ejemplo de ello lo tenemos en la feroz evolución del software libre y las licencias abiertas, en el valor informativo de una Internet basada en el trabajo reputacional, en el aumento del tiempo libre y la capacidad empática del ser humano.

Y me alegro de poder estar viviendo un cambio de ciclo tan profundamente motivador. El ver que pese a la crisis, surgen movimientos desinteresados que apuntan a esa aún utópica postura de un mundo gestionado por el individuo gracias a los avances tecnológicos (impresoras 3D, miniaturización, ruptura de las barreras de entrada,…) y no tanto dirigido por la dictadura del oro.

 

Imagen de Odelinde, Gingerbread man (EN) cedida por Depositphotos.com.