En su día algún lumbrera aseguró que un servicio online masivo para triunfar necesita asociar su sino a uno de los 7 pecados capitales. De esta manera, Tinder representa la Lujuria, Netflix la Pereza, Facebook la Envidia, Instagram la Soberbia, LinkedIn la Codicia, Yelp la Gula… y Twitter, como no, el Odio.

Este es un ejemplo de los artículos que semanalmente escribo de forma exclusiva para los mecenas de la Comunidad.

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Ya he hablado en más de una ocasión del problema de la sociabilidad digital, y en especial, del mayor handicap que tiene la red de microblogging: el que buena parte de su función sea ofrecer un vertedero en el que verter la mierda que la gente piensa y no quiere decir en otros derroteros.

La posibilidad de tener una cuenta no asociada a una identidad real, y el que la plataforma haya sido ejemplo de lucha en contra de los intereses gubernamentales por tracear a sus ciudadanos, unido por supuesto a su éxito (relativo, pero éxito a fin de cuentas) hace el resto.

Y el problema es que no podemos quedarnos solo con lo bueno y desechar lo que nos resulta molesto de Twitter.

Hace como un añito propuse la opción de crear dos espacios de consumo informativo en la red, de manera que un usuario no identificado (una cuenta creada solo con un correo y un nick)pueda consumir todo el contenido de Twitter, pero solo mantener conversaciones (mencionar) a aquellas cuentas que son iguales que él. Por otro lado, un usuario no identificado puede pasar a ser verificado utilizando un proceso de identificación básico (asociar su nick a una identidad real mediante el escaneo de un documento), pudiendo elegir si ve todo Twitter o solo la parte de los usuarios verificados, y si prefiere que cualquiera le pueda escribir o solo los usuarios verificados.

Al final de esta manera atacamos a ese desequilibrio inverso en la interacción de cuentas exitosas. A mayor audiencia tienes, menos acabas interaccionando con ella, ya que quien más quien menos (yo el primero) ha tenido una mala experiencia por un tweet sacado de contexto. De ahí la razón de que muchos famosos directamente hayan borrado su cuenta. Para entrar y ver solo insultos, aunque estos representen una ínfima parte de tu audiencia, te quitas el servicio y todos felices.

Estos días parece que la red de microblogging está probando una nueva interfaz en la que han decidido eliminar por defecto los datos de interacciones, es decir, los numeritos.

El resultado, como puedes ver en la imagen, se parece más a un servicio de mensajería. El contenido con los comentarios, pero si quieres ver cuántos likes, shares o comments tiene un tweet, te toca entrar en él.

Puede parecer un cambio menor, pero me parece profundamente interesante como acercamiento a una plataforma que paulatinamente parece estar interesada en devolver el control del consumo al usuario, y no a un algoritmo de recomendación.

Darle la prioridad absoluta al contenido, indistintamente de cuántas interacciones tiene, ordenándolo solo de forma cronológica. Los numeritos seguirán por ahí, pero quien quiera verlos tiene que dar un paso más.

Adiós, en parte, a los egos. Y sobre todo, no discrimina artificialmente la importancia de un contenido sobre otro.

Sobra decir que es solo un experimento más de la plataforma, por ahora en beta cerrada para un pequeño grupo de testers en iOS. Si quieres probar suerte a ver si te cogen, por aquí tienes el formulario (EN).

Quizás nunca acabe por llegar al grueso de usuarios y se quede en una mera anécdota, pero en tal caso, al menos me gustaría saber (aunque soy consciente de que no lo sabré nunca) cómo han cambiado las dinámicas de consumo y producción de contenido de aquellos que lo han estado utilizando.

Si podría tener sentido, a fin de cuentas, una plataforma social en la que lo importante fuera lo que decimos, no quienes somos.

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