worldcoin

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La semana pasada fue el lanzamiento oficial de Worldcoin (EN), un proyecto que tiene como figura clave Sam Altman, el creador de OpenAI, y que busca crear una criptomoneda, WLD, que se usaría como base para ofrecer a todo el mundo una renta básica universal e incondicional… a cambio de que demostremos que somos humanos.

La idea en sí parece simple, pero llevarla a cabo, como te podrás imaginar, no es sencillo precisamente.

En un escenario como el actual, con IAs generativas capaces de responder como humanos y realizar tareas creativas hasta hace poco solo al alcance de nosotros, ¿cómo demonios puedes demostrar ante un sistema digital que tú eres una persona y no un bot, y además hacerlo manteniendo el anonimato (pseudo-anonimato, bueno) de tu identidad?

La propuesta de Altman gira en torno a que para crearse una cuenta, tendremos que registrar nuestro iris, una identificación biométrica que es unitaria a la persona. Con él, se asociará mediante tokens pseudo-privados a nuestra identidad dentro de una cartera donde, en el futuro, y periódicamente, recibiremos dinero simplemente por existir, como pago a la esperable (aunque aún no contrastada) contracción del trabajo, con máquinas cada vez más haciendo cosas que antes teníamos que hacer nosotros.

El objetivo, obviamente, es llegar a ese utópico futuro planteado por Star Trek, donde el ciudadano tiene ya cubiertas todas las necesidades básicas de vida por el simple hecho de existir. Y que en todo caso, quien quiera puede trabajar por eso de llenar las horas ociosas, ya que seguirá percibiendo los mismos bienes que si no lo hiciera.

Sobre la renta básica universal ya he escrito ríos de tinta, y lo cierto es que aunque en efecto creo que sería el mejor escenario a futuro, y que es planteable llevarlo a cabo en la actualidad, supondría erradicar también muchísima burocracia y ayudas. Algo que parecen olvidar algunos partidos de izquierda, y motivo por el que esta propuesta es defendida, cada uno desde su cuadrilátero, tanto por la derecha como por la izquierda.

Worldcoin se postula así como una alternativa para evitar malos usos de esa RBU, aprovechando la biometría como sistema identificador unitario, lo que les ha llevado a levantar 125 millones de dólares en dos rondas de inversión, y a desplegar una infraestructura de mil quinientos Orbs en treinta y cinco ciudades, entre las que están varias españolas (hay varios puntos en Madrid, Barcelona y Valencia, sino recuerdo mal).

¿Y qué es eso de Orbs? Pues el aparatito que ves que acompaña estas palabras. Básicamente, un sofisticado lector de iris que está instalado en varios centros comerciales, y que es paso obligatorio a la hora de crearse una cuenta.

En un artículo (EN) de esta misma semana, Vitalik Buterin, creador de Ethereum, analiza de forma ponenorizada la privacidad, seguridad y propuesta de Worldcoin, con sus puntos fuertes y sus flacos. Es un artículo denso, tengo que decir, pero apunta con bastante acierto a que aunque la propuesta tiene limitaciones, va por buen camino.

Y es que los datos del escaneado y el nombre del usuario no se almacenan en ningún lado de forma completa. Lo que sí se hace es almacenar un hash parcial que garantizaría la unicidad del usuario, respaldado, como te habrás imaginado, por un mecanismo criptográfico.

Este era el punto que más me preocupaba, y es que como ya expliqué en más de una ocasión, el problema y la principal ventaja de los sistemas de identificación biométrica es que son unitarios y permanentes. Es decir, que en efecto sirven para identificar inequívocamente a una persona, pero que además, en caso de ser robados, hacen que esa persona no pueda cambiarlos por otros, estando hipotecada de por vida.

Sin embargo, al no haber almacenaje de un patrón biométrico del iris, ni de la identidad real de la persona, sino de un hash parcial compuesto por algunos de estos datos y que, en teoría, de descifrarse solo daría con una parte de la información biométrica identificativa no concluyente (no unitaria por tanto), se limita mucho el alcance de los problemas sin desaprovechar la principal virtud de estos sistemas identificativos.

Worldcoin es por cierto también un proyecto de código abierto, tanto del software como del hardware, lo que permite a cualquiera que así lo desee auditarlo (o inspirarse en él para montar otra cosa).

Por supuesto, está aún a eones de transformarse en una opción de identidad pseudo-anónima global. Con poco más mil quinientos Orbs desarrollados, y esas treinta y cinco ciudades actuales, deja la propuesta solo accesible a los que vivimos cerca de uno de estos centros del primer mundo.

Pero ojo que la idea no es mala, y de seguir escalando podría llegar a ser una alternativa bastante interesante para solventar el problema de cómo repartir equitativa y justamente la riqueza de un país entre sus ciudadanos.

Me pilla estos días fuera de Madrid, así que me tocará esperar. Pero en cuanto pueda, espero pasarme por uno de los centros comerciales y probar todo el proceso.

Para entonces, ya lo contaré por aquí.

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