valor periodismo informacion

Escribí este artículo poco antes de que comenzase la crisis del coronavirus. Y revisándolo ahora me doy cuenta de lo acertado que estaba y lo palpable que es precisamente en momentos de incertidumbre informativa como la que estamos viviendo.

Tanto que he preferido saltarme el informe de transparencia de este mes (básicamente, hemos ganado un nuevo mecenas y perdido otro, además de dos mecenas más que han tenido problemas para emitir el pago) y dedicarle la pieza de hoy a este tema.

Vamos al lío:

He ganado 25 euros por escribir este artículo y darle a publicar.

O mejor dicho: voy a ganar.

Dicho así suena bastante bien, ¿verdad?

Pero el diablo está en los detalles.

Según cómo lo calcule, andaré por entre los 15 y los 30 euros. El 25 que pongo sale de la unión de los beneficios que, de media, me están dejando todas las fuentes directas de monetización que tengo en la página:

  • El mecenazgo: Pues estos últimos meses algo más de 200 euros, y sin contar que una vez al año todo lo recaudado ese mes lo doblo de mi propio bolsillo y lo dono a la ONG que vosotros me decís, que entonces sería sensiblemente menos. El año pasado llegué a «ganar» casi 1.000 euros mensuales debido principalmente a las consultorías y los patrocinios de marca, que como suele pasar, vienen y van. De hecho probablemente en unos días volvamos a facturar por esta vía un pelín más, que parece que vamos a recuperar las consultorías a uno de nuestros antiguos mecenas (¡Gracias Jordi!) para ayudarle en la segunda fase de transformación digital de su negocio.
  • La publicidad programática: Pues alrededor de 100 euros. Desde que cambiamos de plantilla a principios de año está produciendo un 50% menos de ingresos. Algo normal (suele tardar en adaptarse, y además cada plantilla es un mundo, pudiendo quedar así para siempre). Y sí, es cierto que también tengo menos publicidad y que la que hay de Adwords es ahora de tipo inline (sin vídeo, que se paga peor pero creo que molesta menos). Estoy en todo caso probando también otra que verás que sigue la lectura de los artículos en el sidebar si me lees desde escritorio. Ya veremos qué beneficios da y por tanto si se queda o la quito.
  • Los artículos patrocinados: Pues esto, como suele pasar, depende mucho del mes. Basándome en los datos del año pasado y prorrateando, si metemos en la saca tanto aquellos acuerdos en los que me pagan con dinero como aquellos en los que me pagan con especie (gadgets de tecnología que reseño por aquí, por ejemplo), salgo a alrededor de 375 euros. Si quitamos el pago por especie (porque hasta el momento no he sido capaz de alimentarme de unos cascos o un smartwatch), unos 280 euros de media. Lo que significa que hay meses de 0, y otros de 500 o 600 euros.
  • Afiliados: El pastel más complicado de calcular, ya que parte ya está incluido en los artículos patrocinados, y parte no depende estrictamente de mi desempeño en el blog (como pueden ser algunos patrocinios en redes sociales). He puesto una media de 40 euros mensuales prorrateando los beneficios anuales.

Ahora lo sumas todo y lo divides por 30, que es de media el contenido que publico por esta página al mes (4 artículos en abierto, 2 en privado y la newsletter de los lunes conforman la parrilla de contenido semanal de PabloYglesias), y tienes como resultado ese número mágico de 25 euros (23 o 26 según incluyamos pago en especie o no).

¿Que lo queremos pasar a precio por palabra? Pues salgo, de media, a menos 0,02 € la palabra.

¿Que lo queremos pasar a precio por hora? Pues a unos 12 €/h para las reflexiones que puedo «escribir rápido». Menos para los artículos más elaborados (temas técnicos, tutoriales…).

Y todo esto, por supuesto, sin contar las innumerables horas que paso consumiendo información. Porque las ideas no surgen mágicamente cuando me pongo a escribir. Por detrás hay mucho trabajo de investigación, mucha lectura, mucho escuchar podcast y ver vídeos cuyo tiempo prefiero considerarlo parte de mi hobby, sobre todo para no desilusionarme…

El valor que le damos a la información

Escribo por tanto este artículo no para lamentarme, sino para decir justo lo contrario: Siendo objetivos, esos 12 euros la hora que «gano» me hacen ser todo un afortunado.

La mayoría de bloggers directamente no ganan nada. Lo hacen porque como para un servidor «esto es algo vocacional», y hasta cierto punto también «aspiracional»:

Igual que ahora estoy ganando de media esos «12 euros la hora», es cierto que hay épocas en las que he ganado más del doble. Que la tendencia en todo caso es ir a más. Que por supuesto esto se tiene que entender como un trampolín para prosperar profesionalmente. Y que hay meses muy buenos, y meses (¡hola verano, hola coronavirus!) terroríficos en cuanto a ingresos.

Afortunadamente a mi me van bastante mejor las cosas como consultor de presencia y reputación online, que es de lejos lo que me pone el plato de comida en casa cada día.

Pero quería pararme en esos perfiles que no entienden como un servidor eso de aporrear el teclado como un extra necesario para su trabajo, y que pretenden por tanto vivir de ello. Este es el caso de los periodistas. Y lamentablemente la cosa no pinta nada bien: la mayoría de periodistas, y meto también a los que están en medios consolidados o tradicionales, no llegan a mileuristas.

Como yo por el trabajo que realizo en esta página, pero con la diferencia de que ellos trabajan media o una jornada completa para ello, y que puede que sea su fuente de ingresos principal, cuando no la única.

Por supuesto la cosa cambia según el mercado en el que estés, pero escribiendo esta pieza me vino a la mente el artículo con el que daba comienzo Dayo su andadura como «periodista» en 3DJuegos (ES), y en el que se vanagloriaba de ganar 200 euros al mes por cuatro artículos de entre cuatrocientas y seiscientas palabras, comparándolo con lo que había llegado a ganar en otros medios referentes del sector (bastante menos, ya te lo adelanto).

Que ojo, si nos ponemos estrictos estaba ganando alrededor de 50 euros la hora en un mercado que, como te decía, está muy mal pagado. Alguien que, recalco, tiene un perfil público reconocido (para bien o para mal, ahí no me meto). Ya ni hablemos el periodista medio.

Volviendo a mis aventuras, en los inicios para el BBVA, por ejemplo, ganaba alrededor de 100 euros la hora por la creación y curación de contenido muy técnico (seguridad de la información y gestión del riesgo). Tengo por supuesto compañeros que ganan bastante más, pero de nuevo hablamos de un micro-nicho que requiere perfiles muy específicos (analistas, no periodistas).

La realidad del mercado es que la información que consumimos el grueso de la sociedad está en manos de jóvenes, que suelen ser los que se pueden permitir vivir con este tipo de sueldos compartiendo piso o directamente en la casa de sus padres.

Y esto, como comenté hace ya unos cuantos meses, tiene un impacto real en la calidad de la información y en la óptica desde la que se trata. Todo debido al valor que nosotros como audiencia le ofrecemos.

El coste de ese acceso «gratuito» a información

Decía en aquella pieza sobre el coste de ese Internet gratuito:

Eso que un servidor y muchos otros hacemos porque de verdad creemos que hace falta que alguien lo haga [curar contenido para que tú estés bien informado sin ganar apenas nada por ello], es en sí mismo un problema, ya que al final el discurso medio de Internet está siendo creado por personas que por regla general o no vivimos de ello (ergo, pertenecemos a una clase media económica, social y cultural específica), o bien viven de ello, a sabiendas de que el negocio publicitario está sujeto por su propia idiosincrasia a mecánicas de tergiversación (artículos publicitarios que se esconden bajo artículos patrocinados, contenido de marca publicado como contenido original…).

Que en Internet todo tiene un precio.

Si tú no lo estás pagando, o bien eres el producto (publicidad), o bien alguien lo está haciendo por ti (como es el caso de esta página).

Y que si quien crea la información no vive de ello, esto se debe:

  • O bien a que como un servidor nuestra fuente principal de ingresos es otra. Lo que quiere decir que aunque sea por pura necesidad, tendremos que dar mayor relevancia a aquello que nos da de comer frente a esto que tú consumes.
  • O bien sobrevives con las migajas que da eso de crear contenido que aporte, en teoría, valor para la audiencia. Lo que quiere decir que tu ideosincrasia personal y familiar probablemente afecte a la manera que tienes de ver, analizar y por tanto plasmar en tus artículos la realidad que te rodea.
  • O bien eres siervo de los intereses económicos o políticos de quien paga el pastel, como le pasa a la amplia mayoría de prensa y medios de información.

Estos dos últimos puntos, de hecho, son lo que más me preocupan, ya que a fin de cuentas es ese mismo contenido que alimenta tu saber el que está influenciado por el paradigma socieconómico de quien lo produce.

Creo que no hay nada más importante en la actualidad que tener una sociedad bien alimentada informacionalmente hablando. A fin de cuentas, saber sacar valor de la información es el petróleo de este siglo.

Y por tanto en su correcta gestión está la diferencia entre poder prosperar como individuo o verlas venir:

Aporta mucho más enseñar a alguien a sacar agua de un pozo que construirle el pozo, con el añadido de que si apostamos por lo segundo podremos estar dirigiéndole a una espiral en la que dicha persona dependa de nosotros el día de mañana para seguir alimentando a su familia. Con la primera le aseguramos que sea ella capaz de crear las herramientas necesarias para prosperar.

Pero si ese «alimento» que le damos viene edulcorado por una única visión de la realidad. Si ese «alimento» es dependiente de los designios de una organización en particular, o como estamos viendo, de una fuente de ingresos insuficiente y/o subordinada a intereses puramente de mercado, la cadena se rompe.

Así que piensa en ello la próxima vez que bloquees publicidad en ese medio que lees habitualmente y que quizás (solo quizás) esté apostando por una publicidad no invasiva (a los que abusen adelante, tienes mi beneplácito).

Y piensa también en ello el próximo fin de semana en el que te gastes veinte euros en unas copas (cuando se podía salir, snif). Por mucho menos puedes ayudar a que proyectos como este y el de muchos otros que consumes diaria o semanalmente no entiendan su trabajo «como un mero extra», y se preocupen ya no solo por generar mejor contenido, sino además por hacerlo y sentirse correspondidos por ello.

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