Conociendo India a ojo de Europeo: Sobre higiene, religión y felicidad

PabloYglesias Viaje A India

La altiplanicie era como un navío anclado en un estrecho de polvo leonado. El canal zigzagueaba entre orillas escarpadas, y de un muro a otro corría a través del valle una franja de verdor: el río y sus campos contiguos. En la proa de aquel navío de piedra, en el centro del estrecho, y como formando parte del mismo, se levantaba, como una excrecencia geométrica de la roca desnuda, el pueblo del Malpaís. Bloque sobre bloque, cada piso más pequeño que el inmediato inferior, las altas casas se levantaban como pirámides escalonadas y truncadas en el cielo azul. A sus pies yacía un batiburrillo de edificios bajos y una maraña de muros; en tres de sus lados se abrían sobre el llano sendos Precipicios Verticales. Unas pocas columnas de humo ascendían verticalmente en el aire inmóvil y se desvanecían en lo alto.

—¡Qué raro es todo esto! —dijo Lenina—. Muy raro. —Era su expresión condenatoria favorita—. No me gusta. Y tampoco me gusta este hombre.

[…]Todavía le gustó menos lo que le esperaba a la entrada del pueblo, en donde su guía los dejó solos para entrar a pedir instrucciones. Suciedad, montones de basura, polvo, perros, moscas… Con el rostro distorsionado en una mueca de asco, Lenina, se llevó un pañuelo a la nariz. —Pero, ¿cómo pueden vivir así? —estalló.

Este extracto de Un Mundo Feliz de Aldoux Huxley define con bastante exactitud la sensación que muchos de nosotros vivimos al conocer por primera vez la India.

Una visión distorsionada por la falacia de La Gran Mentira del mundo occidental, por la aparente evolución y superioridad de nuestra civilización.

India es un país enorme, pervertido a su manera por el influjo del consumismo, y donde la cultura y la religión siguen jugando un papel fundamental en la sociedad.

Así, vuelvo a España después de 11 días de viaje, y de más de 1500 kilómetros recorridos en carretera, con una intensa confrontación de sentimientos.

Un país de contrastes, que definiría, vitaminados por otros tantos que de por sí un servidor ya traía de casa por la cultura que me ha amamantado durante toda la vida.

El duopolio higiene y pobreza

Resulta imposible no chocar en estos puntos cuando se visita por primera vez India.

India

Los olores, los animales salvajes, el continuo ruido de los cláxones, la basura en el suelo,… es difícil olvidarse que estamos en un país en vías de desarrollo.

La falta de higiene hace que el paso por India se vuelva, hasta cierto punto, un viaje de aventura.

Nuestras defensas naturales, aletargadas por decenas de años de delegación de sus labores en productos químicos, empobrece la experiencia y te hace vivir en un permanente estado de alerta. Del grupo con el que coincidí en el viaje, creo que todos hemos pasado por varios problemas estomacales, incluso considerando que únicamente bebíamos agua embotellada y comíamos en lugares considerados en principio seguros (hoteles y restaurantes).

Esa forma de vida más cercana a lo natural (a lo salvaje, que diría Bernard en la obra de Huxley) arroja riesgos para aquellos que provenimos de un país más avanzado (al menos desde nuestro punto de vista), donde la higiene y el control de las calles hace que hayamos dejado muchos de estos problemas tiempo ha.

La suciedad viene de la mano de una sociedad mayoritariamente pobre. 1100 millones de personas viven en India, y la mayoría lo hace por debajo del umbral de pobreza.

Y en cambio, es uno de los países con más multimillonarios del mundo. Una desigualdad que nuevamente contrasta con lo que estamos acostumbrados a ver.

No hay clase media. Existe una aparente vida de supervivencia (intento vender lo que tengo día sí día también para obtener algo de dinero con el que alimentar a mi familia), que transcurre alrededor de calles sin asfaltar, de auténticos vertederos de basura (no suele haber papeleras ni muchísimo menos un sistema de alcantarillado), de animales salvajes, de humedad y calor. El caldo de cultivo perfecto, vamos.

El papel fundamental de la religión

Con un 80% de ciudadanos, el hinduismo es la religión mayoritaria del país, seguida muy de lejos por el islam (14%) y otras minoritarias (budismo, cristianismo, sikhismo,…).

India Religion

Una religión que juega como engrasante perfecto para controlar a la sociedad, excusándose en que los deseos son nocivos para alcanzar la felicidad, y que según en qué familia nazcas tendrás derecho a prosperar hasta cierto límite.

El sistema de castas no está amparado por la ley, pero sí por la comunidad. Cualquier persona por ley puede aspirar a una vida mejor, pero en la práctica una persona de una casta inferior seguramente encontrará problemas para obtener un trabajo dirigido a una casta superior, o incluso para casarse con otra persona de distinta casta.

Son elementos básicos en un sistema de control que en nuestra sociedad ha ido evolucionando hasta el despotismo de la barrea de acceso nula al conocimiento.

En India la información que consume el ciudadano es mayoritariamente la información que llega desde organismos oficiales y regulados, habiendo todavía una gran brecha generacional y tecnológica.

Con tan solo un alfabetismo del 60% (y de este, un 20% que únicamente sabe leer y escribir su nombre), el principal problema de India no radica en su falta de infraestructura, sino en la falta de herramientas educativas que transforman a sus habitantes en meros títeres de un gobierno corrupto y asquerosamente rico.

Y sin embargo, hay situaciones en las que la religión arroja buenas impresiones. Al igual que ocurría con el estado de control basado en el Little Brother que nuestros países parecen estar empezando a vivir, la religión en India es un arma de doble filo.

Tan pronto sirve de control de la ciudadanía, como para su autoregulación, generando un sentimiento de humildad y apoyo al prójimo que lamentablemente no tenemos en nuestros países.

Religiones como la de los sikhs, que no dudan en abrir sus templos para ofrecer comida y alojamiento a cualquier persona que así lo requiera, me devuelven la esperanza en el ser humano. Esa falta aspiracional permite que la mayoría de personas sean felices con lo que tienen. No existe (prácticamente) en India los problemas asociados a la presión social (ansiedad, estrés,..). Quizás influenciado por el desconocimiento a lo que hay más allá, pero ¿hasta qué punto esto supone una desventaja para el individuo? ¿No es nuestro mayor objetivo encontrar y disfrutar de una vida feliz?

El propio afán de servidumbre, e incluso el saludo convencional de los hindúes (namaste) demuestra que hay elementos en la religión que deberían ser integrados en nuestra cultura. No por lo que representan, sino porque en esencia son esas pequeñas cosas (solidaridad, empatía, humildad) que hacen prosperar realmente a una sociedad.

 

Vuelvo por tanto al confort de una civilización proteccionista, defensora a ultranza del capitalismo, y dejó atrás otra cultura más hedonista, con sus claros y sus oscuros. Y seguramente vuelva “infectado” por aquellos elementos que gustosamente he dejado entrar.

Dicen que viajar es la cura a muchas de las dolencias culturales. Y suscribo este corolario.

Lo que me ha quedado claro después de todos estos días, es que ese Malpaís que Lenina criticaba desde los ojos de una ciudadana del mundo no salvaje, demuestra que hay culturas ahí afuera que todavía tienen ese germen libre de la hegemonía occidental. Esa peligrosa necesidad de posesión de bienes, de emponderamiento de lo material frente a lo espiritual.

Lo cual es un alivio, a fin de cuentas. Pese a que nos resulte raro. Pese a que “no nos guste“.