Sabes de sobra lo mucho que me gusta buscarle los tres pelos a cada cosa.

Este es un ejemplo de los artículos que semanalmente escribo de forma exclusiva para los mecenas de la Comunidad.

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Y con esto en mente, no puedo parar de pensar lo que supone, de facto, que una ciudad cambie de la noche a la mañana su «público objetivo».

Entendiendo las ciudades como una organización (que es lo que es, a fin de cuentas), una nueva audiencia supone que el modelo (de vida, de negocio) ha cambiado, y por tanto, que sus miembros (los ciudadanos) deben adaptarse a un nuevo entorno.

Cambio, a fin de cuentas, en un escenario que precisamente la mayoría de la gente está poco dispuesta a enfrentarse. A fin de cuentas, el hogar suele concebirse como esa parte de nuestro día a día que es estable, sin cambio.

Lo comentábamos hace unas semanas con el fenómeno de la gentrificación en Ibiza. Normalmente asociamos gentrificación a movimientos migratorios de jóvenes, no de europeos jubilados de clase media/alta que buscan un lugar tranquilo y soleado donde pasar lo que les queda de vida.

Lo estamos viviendo con la irrupción de plataformas de economía colaborativa como UBER o AirBnB, que con sus dimes y diretes, rompen el status quo del transporte urbano y vivienda que teníamos hasta ahora.

Lo último que he leído a colación de ello es la pieza en Magnet (ES) sobre cómo lo que a todas luces podría parecer el Santo Grial de una gran ciudad (transformarse en el próximo Silicon Valley) entraña una serie de problemáticas que está haciendo, de hecho, que algunos Ayuntamientos se echen atrás.

El mejor ejemplo que se me viene a la mente es el de aquel sorteo mundial que el año pasado Amazon llevaba a cabo con la idea de elegir cuál sería su próxima sede, y del cual ya hablamos por la Comunidad.

Que a grandes rasgos tener una sede de Amazon en tu ciudad supone la creación de varias decenas de miles de nuevos puestos de trabajo para tus ciudadanos. No es ninguna tontería, vaya.

Se presentaron, como bien sabrás, cientos de ciudades. Amazon hizo la segmentación como solo una empresa hipercapitalista podría hacer (¿quién me ofrece mejores incentivos fiscales?), yde pronto, algunas de las ciudades que se habían presentado echaron para atrás su candidatura (EN).

¿La razón? Perdían así la posibilidad de crear muchísima riqueza en poco tiempo. Pero a cambio, no perderían la calidad de vida con la ya cuentan.

Que tener un hub, sea tecnólogico, sea del tipo que sea, en nuestra casa, supone tener que preparar toda nuestra infraestructura para cubrir las necesidades de esa nueva demanda… muchas veces en detrimento de los habitantes de la zona (EN).

Si bien los principales hub tecnológicos estadounidenses se cuentan entre las ciudades más ricas del país, también registran las mayores tasas de desigualdad (EN). El fracaso de Amazon en Long Island es indicativo: sus vecinos poco cualificados rechazaban la llegada de 25.000 trabajadores excelentemente remunerados y capaces de disparar los alquileres o los servicios más básicos.
¿Qué ganaban ellos? Desde su punto de vista, desplazamiento, gentrificación y pobreza. Cuando una ciudad decide atraer inversión y desarrollo lo hace en detrimento de otros sectores (y personas).

Que tener mayor riqueza no siempre nos hace más ricos. A veces, incluso, nos hace más pobres…

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