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En los últimos años, Europa ha dado pasos que nos acercan peligrosamente a una deriva de control masivo de datos que hasta ahora solíamos criticar en regímenes autoritarios como China o Rusia. Todo, por supuesto, bajo el paraguas de buenas intenciones: lucha contra el terrorismo, protección de la infancia o mejora de la seguridad. Sin embargo, estas medidas tienen un coste altísimo en términos de privacidad y libertad individual.
Hoy quiero hablar de dos ejemplos concretos que reflejan esta tendencia.
- Por un lado, el Real Decreto 933/2021 en España, que aumenta significativamente las obligaciones de los alojamientos turísticos en cuanto a recopilación de datos de los huéspedes.
- Por otro lado, una propuesta de la Comisión Europea que busca escanear contenidos privados de los usuarios de servicios de mensajería y correo electrónico en busca de material relacionado con el abuso sexual infantil (CSAM).
Ambos casos, aunque diferentes en sus enfoques, tienen un elemento en común: una pérdida de privacidad alarmante, que pone a los ciudadanos bajo un escrutinio constante y aumenta los riesgos de abuso de la información recopilada.
El Real Decreto 933/2021: la vigilancia en el turismo
Es un tema del cual ya hablé largo y tendido en otro artículo exclusivo para miembros de hace unos meses.
El Real Decreto 933/2021 que entraba en vigor recientemente obliga a hoteles, apartamentos turísticos y otros alojamientos en España a recopilar más datos sobre sus huéspedes de los que se pedían anteriormente. Esta información, además, debe enviarse al Ministerio del Interior, e incluye detalles que muchos consideraríamos excesivamente intrusivos.
¿Qué datos se piden?
Aparte de lo habitual (nombre, documento de identidad, y dirección), ahora se exige información como el motivo del viaje, la relación entre los huéspedes que se alojan juntos y otros detalles personales.
Por ejemplo, si viajas con un amigo o un familiar, tendrás que indicar qué parentesco tienes con esa persona.
Si viajas por negocios, podrías verte obligado a explicar el motivo de tu visita.
Todo esto, con la excusa de mejorar la lucha contra el terrorismo.
Un despropósito, vaya.
¿Cuáles son las implicaciones?
Para quienes viajamos con frecuencia, esto significa más burocracia y preguntas incómodas en cada check-in. Por si fuera poco, este decreto añade una carga administrativa extra a los propietarios de alojamientos turísticos, quienes ahora deben gestionar una mayor cantidad de datos y garantizar que se transfieran al Ministerio del Interior de manera segura.
Y ahí radica uno de los mayores problemas: la seguridad de los datos recopilados. Basta recordar el reciente y supuesto hackeo a la Agencia Tributaria en España, donde la información de millones de contribuyentes estuvo en riesgo.
¿Qué garantías tenemos de que esta información no caerá en manos equivocadas?
¿Realmente es eficaz?
Si lo que se busca es mejorar la seguridad nacional, ¿por qué no se implementan controles más efectivos en las fronteras, donde realmente se puede interceptar a personas peligrosas?
En lugar de eso, se opta por medidas que afectan indiscriminadamente a todos los viajeros, tratándolos como potenciales sospechosos.
Y, de paso, nos pone a todos en riesgo, al tener una base de datos centralizada bajo el control del Ministerio del Interior.
Bajo el control de los políticos, vaya.
Con todo lo que eso supone.
La propuesta de la Comisión Europea: cifrado bajo ataque
Otro ejemplo reciente de esta deriva hacia el control masivo es la propuesta de la Comisión Europea para combatir el abuso sexual infantil en línea (CSAM). Una medida que, aunque busca un objetivo loable, plantea serias preocupaciones sobre la privacidad y el cifrado de nuestras comunicaciones.
¿Qué plantea la propuesta?
Inicialmente, la propuesta (presentada en mayo de 2022) buscaba obligar a los proveedores de servicios de mensajería, correo electrónico y almacenamiento en la nube a escanear automáticamente todo el contenido privado de los usuarios en busca de material ilegal. Esto incluía mensajes, fotos, vídeos y documentos, sin importar si el servicio usaba cifrado de extremo a extremo, como WhatsApp o Signal.
La técnica planteada, conocida como escaneo del lado del cliente, implica analizar los datos directamente en los dispositivos de los usuarios antes de que se cifren y envíen.
Sin embargo, tras fuertes críticas por parte de expertos en privacidad y derechos digitales, entre los que me incluyo, en junio de 2024 se presentó una versión revisada. En esta nueva redacción, el escaneo se limita a material compartido (fotos, vídeos y enlaces) y requiere el consentimiento del usuario para activar el cifrado.
¿Por qué esto es un problema?
Aunque la segunda versión de la propuesta es menos invasiva, sigue siendo preocupante. En esencia, los usuarios pierden el control sobre su privacidad.
¿Que por qué?
Pues porque antes de que puedas cifrar un mensaje o archivo, este será analizado en busca de contenido ilegal.
Además, este tipo de tecnologías abren la puerta a un mal uso. Hoy se emplean para buscar contenido relacionado con CSAM, pero ¿qué impide que en el futuro se usen para otros fines, como controlar la disidencia política o censurar información?
Es más: hace apenas unos pocos meses hablamos, también por estos lares, de cómo millones de ciudadanos estadounidenses han estado siendo espiados, en principio por el gobierno chino, precisamente porque este encontró la manera de vulnerar una VULNERABILIDAD que el propio gobierno de EEUU había creado en su sistema de comunicaciones… para espiar a su ciudadanía.
El pez que se muerde la cola.
¿Hacia un modelo de vigilancia estatal?
Lo preocupante de estas iniciativas no es solo el impacto que tienen sobre la privacidad individual, sino el precedente que sientan. Si aceptamos estas medidas como algo normal, ¿qué será lo siguiente?
Europa, que históricamente ha sido un bastión de la protección de datos y la privacidad (gracias a normativas como el GDPR), está dando pasos en la dirección opuesta. Estas propuestas se parecen cada vez más a las prácticas de vigilancia masiva que criticamos en países como China, donde el control estatal sobre los ciudadanos es absoluto.
¿Cómo afecta esto a la sociedad?
- Pérdida de confianza: Los ciudadanos comienzan a desconfiar de sus gobiernos cuando sienten que están siendo vigilados constantemente.
- Riesgos de abuso: La recopilación masiva de datos crea un caldo de cultivo perfecto para el abuso de poder, ya sea por parte de gobiernos o de actores maliciosos que logren acceder a esta información.
- Erosión de la libertad: Cuando sabes que todo lo que haces o dices puede ser monitoreado, te comportas de manera diferente. Esto afecta directamente a nuestra libertad de expresión y acción.
¿Qué podemos hacer como ciudadanos?
Es crucial que no aceptemos estas medidas sin cuestionarlas.
Si bien es cierto que la lucha contra el terrorismo y la protección de la infancia son objetivos nobles, no podemos permitir que se utilicen como excusas para erosionar nuestros derechos fundamentales.
Algunas acciones por aquí que podemos tomar:
- Informarnos: Entender cómo estas medidas nos afectan y sus implicaciones a largo plazo.
- Participar en el debate público: Firmar peticiones, asistir a manifestaciones y apoyar a organizaciones que luchan por la privacidad y los derechos digitales.
- Adoptar herramientas de privacidad: Usar servicios que respeten el cifrado de extremo a extremo y minimizar la cantidad de datos que compartimos en línea.
- Apostar por la desinformación personal: La que más me gusta de todas, y a la cual le dediqué hace años una pieza en profundidad. Se trata de pequeñas acciones en tu día a día digital que enturbien tu presencia digital, para evitar que el profiling asociado a tu perfil sea más exacto.
Conclusión: proteger nuestra privacidad es proteger nuestra libertad
Europa se encuentra en una encrucijada. Por un lado, tiene la oportunidad de liderar el mundo en la protección de derechos digitales. Por otro, puede caer en la tentación de seguir el camino de la vigilancia masiva.
La privacidad no es un lujo ni un capricho, es un pilar fundamental de cualquier sociedad libre. Si no actuamos ahora, corremos el riesgo de perderla para siempre.
¿Qué opinas sobre estas medidas? ¿Crees que el equilibrio entre seguridad y privacidad está en peligro?
Me encantaría leer tus reflexiones en los comentarios.
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