Este es una de las newsletters antiguas que se enviaron de forma exclusiva a los miembros del Club Negocios Seguros, y que se liberan públicamente un mes más tarde.
El Club Negocios Seguros está actualmente, y de forma temporal, cerrado, por lo que no se admiten nuevos miembros
*******
Negocios Seguros
Imagínate recibir de manera totalmente gratuita este tipo de historias directamente en tu correo.
Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.Newsletter 1017
*********
Hay una reflexión incómoda que, cada vez que ocurre una catástrofe, vuelve a la superficie: ¿cómo es posible que no ocurran más desgracias?
Y lo peor: ¿cuántas veces hemos estado al borde del desastre… sin saberlo?
Hoy quiero hablarte de un caso reciente que ha hecho temblar a los responsables del espacio aéreo más vigilado del planeta. Pero, como verás, esta historia no va (solo) de aviones.
Va de negligencias que se convierten en norma.
Va de cómo la reputación, la confianza y hasta la vida de miles de personas pueden depender de una línea de teléfono desconectada durante tres años.
Literalmente.
Un helicóptero militar, un avión comercial y 67 muertos
Te cuento.
La madrugada del pasado 29 de enero, un helicóptero militar Black Hawk impactó contra un avión de American Airlines en pleno vuelo de aproximación al Aeropuerto Nacional Ronald Reagan, en Washington D.C.
El resultado: 67 muertos.
Fue el accidente aéreo más mortal en Estados Unidos desde 2001 (EN).
Todo el país quedó en shock.
Pero lo más grave no fue el accidente en sí (que ya es decir).
Lo más grave es lo que se descubrió después.
Me explico.
Tres años sin línea directa entre el pentágono y la torre de control
Lo que parecía un error puntual terminó destapando un fallo sistémico. Una línea de comunicación crítica entre la torre del aeropuerto y el helipuerto del Pentágono llevaba caída desde marzo de 2022.
Nadie en la FAA (la Administración Federal de Aviación) lo sabía.
Nadie lo reportó.
Nadie lo comprobó.
Nadie.
Durante tres años, aviones comerciales y helicópteros militares compartieron espacio aéreo sin que existiera coordinación directa entre los responsables de ambos lados. Y no fue hasta que un nuevo incidente, en mayo de este año, obligó a dos aviones a abortar su aterrizaje por la presencia de otro helicóptero, que alguien se dio cuenta de que algo iba mal.
Repito:
Tres. Años.
Una cadena de errores que nadie quiso ver
Si esto fuera un caso aislado, podríamos hablar de un descuido puntual. Pero no lo es.
Durante la investigación del Senado estadounidense se supo que, en ese mismo espacio aéreo, se han producido al menos 85 cuasi colisiones en los últimos tres años (EN).
Joder, ¡85!
Algunas tan graves como la de un vuelo comercial que tuvo que esquivar a cuatro cazas militares en pleno descenso. O la del aeropuerto de Newark, donde la falta de personal y tecnología obsoleta han generado decenas de retrasos y desvíos forzosos.
Todo esto ocurre sobre la capital del país más poderoso del mundo.
Y todo esto está documentado.
Lo sabían, pero no lo solucionaron.
Y mientras tanto, seguían dependiendo de teléfonos ordinarios para coordinar misiones militares y vuelos civiles.
La reputación también se estrella
Como consultor de reputación y presencia digital, este tipo de historias me tocan muy de cerca. No porque tenga que ver con aviones, sino por la forma en que las instituciones —y las empresas— afrontan (o no afrontan) sus vulnerabilidades.
Porque este caso no trata solo de aviones y helicópteros. Trata de sistemas rotos, de procesos sin mantenimiento, de alertas que se ignoran… y de cómo todo eso acaba afectando a la confianza que depositamos en una organización.
Y esa confianza, créeme, se pierde mucho antes de que haya víctimas mortales.
Mira, en el mundo de la reputación digital hay un concepto que no se valora lo suficiente: el coste del “casi”.
Casi nos hackean.
Casi nos demandan.
Casi perdemos el cliente.
Casi se lía.
Y en cada uno de esos “casi” se esconde un riesgo real que muchas veces no se soluciona porque, como no pasó nada, parece que todo está bien.
El problema es que esa falsa sensación de seguridad es uno de los mayores enemigos de la prevención.
El patrón que se repite en empresas e instituciones
He trabajado con empresas que manejan datos sensibles, con figuras públicas que están en el punto de mira constante y con instituciones cuya reputación se construye a golpe de transparencia (o de opacidad).
Y en todos esos entornos, cuando aparece una crisis, el patrón es el mismo:
- Se detecta el problema demasiado tarde.
- Se descubre que ya había señales previas.
- Se improvisa una solución rápida (y mal comunicada).
- Se asume que “ya no volverá a pasar”.
Hasta que pasa. Otra vez. Y ya es demasiado tarde.
Por qué prevenir no vende… hasta que sí
La prevención no suele ser sexy. Ni para los medios, ni para los presupuestos, ni para las agendas políticas o empresariales. Poner dinero y recursos en algo que aún no ha pasado parece una mala inversión.
Pero cuando el desastre llega, entonces sí: portadas, ruedas de prensa, comisiones de investigación, despidos.
Todo a posteriori.
Mientras tanto, el mensaje institucional (o empresarial) suele girar en torno a una frase peligrosa: «Fue un caso aislado». Y lo peor es que muchas veces, como en este caso, no lo fue.
Cómo evitar que tu marca dependa de la suerte
Volviendo al ámbito de la reputación digital, lo que ha pasado en el espacio aéreo de Washington debería hacernos reflexionar sobre nuestros propios sistemas de prevención.
- ¿Tienes claro qué ocurre si un día Google te desindexa sin previo aviso?
- ¿Sabes cuántos accesos tienen terceros a tus activos digitales?
- ¿Qué pasa si un proveedor desaparece de la noche a la mañana?
- ¿Tienes monitorización activa de menciones sensibles?
La mayoría de marcas con las que empiezo a trabajar no tienen respuestas claras a estas preguntas. Y muchas de ellas han sobrevivido, como los vuelos sobre el Pentágono, más por suerte que por sistemas bien implementados.
Que no pase nada no significa que esté todo bien
Este es el gran problema. Cuando un sistema falla, pero no hay consecuencias inmediatas, tendemos a pensar que “no es tan grave”.
- La línea de comunicación entre el Pentágono y Reagan se desconectó durante tres años y nada explotó. Hasta que explotó.
- El SEO se desmorona poco a poco si no se revisa. La reputación online se deteriora en silencio. Los errores técnicos no siempre se notan… hasta que lo hacen.
Y entonces, como en el caso del accidente aéreo, la pregunta no es por qué ha pasado, sino cómo es que no pasó antes.
La resiliencia no se improvisa
Las marcas, como las instituciones, necesitan construir resiliencia. No solo sistemas de defensa, sino planes de contingencia. No solo presencia digital, sino protocolos de actuación.
Y para eso hace falta tener claras tres cosas:
- Revisar con frecuencia lo que parece que funciona.
- Asumir que el “casi” es una señal de alerta, no un alivio.
- No confiarlo todo a la suerte, por muy bien que vayan las cosas ahora.
Porque sí, puede que nada haya pasado todavía. Pero eso no es garantía de nada.
¿Te has planteado cuántas decisiones de tu negocio dependen, sin que lo sepas, de un “teléfono desconectado”?
Si quieres que lo revisemos juntos, aquí estoy.
Imagínate recibir en tu correo semanalmente historias como esta
El CLub Negocios Seguros está actualmente cerrado, pero puedes suscrirte ahora GRATIS a «Las 7 de la Semana», la newsletter sobre Nuevas Tecnologías y Seguridad de la Información. Cada lunes a las 7AM horario español un resumen con todo lo importante de estos últimos días, y recibe, de paso, acceso a mi último eBook, de más de 40 páginas, con herramientas de ofuscación en criptomonedas que usa la industria del blanqueo de capitales (y que deberías conocer para evitar caer en fraudes y ciberataques).