Hace unos días sonó el teléfono por la tarde noche.
Al otro lado, el equipo de Alicia Heras, para invitarme a su programa Una Tarde Más, en Onda Cero.
¿El tema? si lo que ha pasado en Ceuta se podría haber evitado.
Y ojo, que esa pregunta parece sencilla, pero no lo es en absoluto.
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Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.Si me estás leyendo, hoy quiero responderte con calma a lo mismo que le respondí a Alicia en directo, porque el titular corto se queda muy corto.
¿Se pudo evitar?
Técnicamente, sí. Políticamente, es otra historia completamente distinta.
Vamos a desgranarlo.
La guerra híbrida que nadie quiso llamar por su nombre
Lo de Ceuta no ha sido una avalancha espontánea.
Ha sido la enésima escalada de una tensión que lleva meses cociéndose a fuego lento entre España y Marruecos, y que cada vez más analistas empezamos a llamar, sin complejos, guerra híbrida.
¿Qué significa eso exactamente?
Que no hace falta un ejército cruzando una frontera para que un país presione a otro. Basta con gestionar los flujos migratorios como una palanca de negociación, algo que ya vimos en 2021 con la crisis de Ceuta ligada al caso Ghali, y que se ha repetido este verano con una intensidad todavía mayor.
Decenas de miles de personas llegaron a la ciudad en cuestión de días. Hubo más de ochenta fallecidos a ambos lados de la valla. Y la propia presidencia autonómica llegó a hablar abiertamente de «invasión».
Claro que esto no ocurre en el vacío.
Ocurre mientras Marruecos intensifica su discurso público reclamando la soberanía de Ceuta y Melilla, a las que su ministro de Asuntos Islámicos ha llegado a calificar de «ciudades ocupadas» ante el propio rey Mohamed VI. Una reclamación que, dicho sea con toda claridad, carece de cualquier amparo legal e histórico, pero que gana tracción discursiva cada vez que Rabat necesita presionar a Madrid en otro frente.
Así que no, no ha sido casualidad.
OSINT: El trabajo que nadie ve hasta que es demasiado tarde
Aquí es donde entra la parte que más me interesa contarte, porque es la que menos se explica en televisión.
Los analistas OSINT (Open Source Intelligence) llevamos meses monitorizando estos movimientos, exactamente con la misma metodología que utilizamos en CyberBrainers para anticipar crisis reputacionales antes de que exploten, tal y como cuento en detalle en este artículo sobre cómo se ha democratizado el OSINT.
¿Y en qué consiste ese trabajo, en la práctica?
- Rastrear canales de Telegram con miles de miembros.
- Vigilar hashtags concretos en Instagram y TikTok.
- Cruzar esa información con el contexto político del momento.
En el caso de Ceuta, los términos clave han sido perfectamente identificables: #Fnideq, #Ceuta, y sobre todo #Haraga, el término dialectal marroquí que designa a quienes «queman» su documentación para cruzar de forma irregular hacia Europa. A ellos se suman variantes como #Hraga o referencias directas a la hijra, la palabra árabe para migración.
No es una teoría mía.
Perfiles de Instagram como el que ya circulaba bajo el nombre «Haraga Ceuta» anunciaban semanas antes que la frontera «estaría abierta» un día concreto. Y una consultora tecnológica alicantina, Golden Owl, llegó a documentar que la misma red que impulsó la entrada masiva de julio seguía activa semanas después, preparando una nueva convocatoria.
Hay ejemplos públicos de este tipo de vigilancia que merece la pena que conozcas. Este informe de monitorización abierta sobre la crisis de Ceuta-Fnideq (ES) documenta, con capturas y fechas concretas, cómo ya el 28 de julio circulaban en redes convocatorias para el «15/8» con más de dos semanas de antelación.
¿El por qué esto importa?
Pues porque si un analista independiente, con herramientas abiertas, es capaz de detectar la convocatoria con semanas de margen, imagínate lo que puede anticipar el CNI, que lleva tiempo trabajando codo con codo con el sector privado en informes de inteligencia sobre estos movimientos.
La tecnología, en este caso, no ha fallado.
Marruecos, Pegasus y la filtración reciente
Y aquí viene la parte que, literalmente, se coció en tiempo real durante la propia entrevista.
Un par de días antes de sentarme frente al micrófono de Alicia, un colectivo de hackers conocido como Jabaroot había filtrado los nombres, números de identificación y cargos de más de 70.000 agentes de los servicios de inteligencia y seguridad marroquíes (DGST y DGSN).
«Un gran regalo a Europa, y especialmente a España.»
— Jabaroot, colectivo de hackers, en su canal de Telegram
Vamos, que no se cortaron un pelo a la hora de anunciarlo.
Pero lo más relevante para el tema que nos ocupa es lo que insinuaron justo después: que disponían de los datos originales del presunto espionaje mediante Pegasus al presidente Pedro Sánchez, perpetrado supuestamente por Marruecos entre 2020 y 2021. Puedes ampliar toda la cronología de esta filtración, incluida su vinculación con el caso Pegasus, en este análisis de El Independiente (ES).
Y esto es justo lo que, según se ha filtrado, habría terminado apareciendo en un grupo de Telegram apenas horas antes de mi entrevista.
¿Casualidad?
Yo, sinceramente, ya no creo en las casualidades cuando hablamos de inteligencia, filtraciones selectivas y presión geopolítica ejercida en el mismo paquete temporal.
¿Se podría haber evitado?
Aquí es donde cierro el círculo con lo que le expliqué a Alicia.
El factor determinante en todo esto no fue técnico. Fue puramente político.
La capacidad de anticipación existe. Los hashtags se monitorizan. Los canales de Telegram se rastrean. Los informes de inteligencia, tanto del CNI como de empresas privadas especializadas, ya estaban encima de la mesa antes de que la crisis estallara.
Entonces, ¿por qué no se actuó a tiempo?
Porque actuar implica tomar decisiones incómodas en plena negociación diplomática con un vecino que utiliza la migración como moneda de cambio. Y eso, hoy por hoy, ningún gobierno quiere asumir en público.
Es exactamente el mismo patrón que analizamos en CyberBrainers cuando trabajamos crisis reputacionales para marcas y particulares: la señal de alarma casi siempre existe antes del desastre. Lo que falla no es la detección, es la voluntad de actuar sobre esa detección. Si te interesa cómo aplicamos esa misma lógica de anticipación al terreno reputacional y de fraude, en CyberBrainers llevamos años documentándolo junto a la comunidad de analistas e investigadores OSINT.
Así que no, la tecnología no ha fallado en Ceuta.
Ha fallado la decisión de usarla a tiempo.
Si quieres escuchar la entrevista completa y el resto de argumentos que fui desgranando en directo con Alicia Heras, puedes escucharla por aquí (ES) o en el vídeo enlazado por arriba.
Te leo en comentarios, y abramos debate.
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La conexión entre las señales que ya detectaba el OSINT y la falta de respuesta política resulta especialmente inquietante en el caso de Ceuta. Que este análisis llegue también a espacios como Onda Cero ayuda a sacar la guerra híbrida del debate técnico y ponerla en el centro de la conversación pública.
Resulta especialmente relevante cómo el artículo conecta las señales que el OSINT llevaba tiempo detectando en Ceuta con la falta de reacción política. La referencia a la llamada del equipo de Alicia Heras y a Onda Cero añade una dimensión muy concreta a un problema que demasiadas veces se trata como una simple crisis puntual.