Raquel Holgado, periodista de ADSLZone, me escribía hace ya unos días para preguntar mi opinión como experto en la evolución de los pagos en metálico y en digital que estamos experimentando.

En la entrevista repasamos bastantes puntos candentes del momento, y con ese contenido acabó publicando una pieza en el medio que enlazaré al final de esta.

Como siempre hago en estos casos, dejo por aquí mis observaciones a las preguntas que me hizo.

¿Cómo ha cambiado el uso del dinero en efectivo en los últimos años? ¿Podríamos decir que ha habido un decrecimiento del mismo?

Claramente sí.

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No hay ningún mercado donde haya crecido el uso del dinero en efectivo, y sin embargo, en la mayoría ha decrecido.

Por ejemplo, según el FIS de 2024 (EN/PDF), el uso del dinero en efectivo en Norteamérica ha bajado desde el 11% en 2021 al 6% que se espera a finales de este año, y en Europa hemos pasado del 26% al 17% estimado.

De hecho, a nivel mundial pasamos del 18% al 10%.

Obviamente, en este estudio se tiene en cuenta todas las transacciones económicas (incluidas inversiones corporativas), lo que supone aceptar un sesgo hacia los pagos digitales (está claro que en un mundo globalizado, la mayoría de transferencias son en digital y no en físico). No solo las que se realizan a pie de calle.

Su impacto en el consumidor final es mayor en la mayoría de mercados, por razones obvias.

¿En qué medida afectan los métodos de pago digitales, como las tarjetas de crédito, las apps como Apple Pay o Google Pay, o PayPal y Bizum? 

Pues en ese decremento que mencionábamos.

No es que la sociedad esté gastando menos (más bien todo lo contario), sino que las nuevas tecnologías están facilitando (democratizando) el acceso a transacciones sin efectivo.

¿Podríamos hablar de que los pagos con dinero en efectivo llegarán a desaparecer o que se considerase una acción muy rara a largo plazo?

Tanto como desaparecer, al menos en mercados como el Europeo donde hay una concienciación aunque sea mínima de la privacidad, lo dudo mucho.

Pero sí parece que viramos hacia derroteros donde cada vez será menos común pagar en efectivo.

En España, los pagos en efectivo siguen siendo mayoritarios, pero ya hay países que prefieren métodos digitales. ¿Qué ejemplos destacan y cuáles son los motivos por los que no termina de pasar lo mismo en nuestro país? 

Así es.

El informe de diciembre de 2023 del Banco de España (ES/PDF) debajaba claro que ese año un 65% de la sociedad española había usado efectivo en su día a día.

Son porcentajes muy altos si lo comparamos con el grueso de Europa, y en líneas generales, de los países desarrollados.

En el otro extremo tenemos el caso de Suecia, donde, como contaré en un episodio del podcast enCLAVE DIGITAL que ya está grabado y que publicaré en las próximas semanas, solo el 8% de su ciudadanía usaba de forma habitual en 2022 el dinero en efectivo.

En 2010 ese porcentaje rozaba el 40%.

¿A qué fue debido?

Pues que las autoridades del país decidieron en la década de los años 90, y tras sufrir una oleada de robos a mano armada, apostar por la creación de BankID, un sistema de pago propio y de uso generalizado en el país.

Volviendo al caso español, veo complicado que algo así acabe ocurriendo, habida cuenta de que al menos, por ahora, no tenemos este problema (España sigue siendo un país considerablemente seguro en cuanto a robos y hurtos), y que ya contamos con un sistema bancario bastante complejo y eficiente (dos cualidades que no suelen darse de la mano).

Actualmente, hay establecimientos que continúan rechazando los pagos con tarjeta, ¿podría ocurrir al revés (que haya locales que dejen de permitir los pagos en efectivo)? 

De hecho, ya está ocurriendo.

En muchos festivales ya no es posible pagar con dinero en efectivo, teniendo que previamente intercambiar nuestras monedas y billetes por una suerte de vales o de tarjetas prepago en ATMs Inversos.

Es más: En EEUU el crecimiento en el uso de ATMs inversos es una tendencia desde hace unos años, lo que entraña, per sé, y como comentaré en ese episodio, problemas asociados a la esperable marginación de colectivos con pocos ingresos y/o dependientes de la economía sumergida.

Ahora bien, desde el punto de vista de los establecimientos, y asumiendo el coste de pasar a un modelo de pago digital (mayores comisiones bancarias por los TPVs), la medida puede ser vista más positiva que otra cosa, ya que también supone evitar tener que gestionar stock físico, y limita el alcance de las potenciales falsificaciones o cambios de divisa.

¿Qué debería pasar para que nos vayamos alejando de verdad del dinero en efectivo?

Pues que cambie la cultura, y en todos los sentidos.

Desde que el ciudadano no dé importancia a cuestiones ahora consideradas críticas como el anonimato que te da el pago con efectivo, pasando por unas barreras de entrada mucho menores de los sistemas de pago digitales, y la erradicación de las comisiones por estas vías.

Algo que, recalco, veo complicado que se dé con la suficiente fuerza en una sociedad como la española. O que incluso tiene pinta de que irán a peor (como es el caso de las comisiones, con todas esas apps de pagos entre particulares que en su fase inicial de crecimiento han sido gratuitas, y que ahora, paulatinamente, están implementando sistemas de comisiones).

¿Qué ventajas tiene pagar en efectivo? ¿Y cuáles son los inconvenientes? 

Pues mira, dediqué hace ya unos años un artículo precisamente a esto titulado «Oda al dinero en efectivo«, en el que defino siete ventajas principales.

Entre ellas, la no necesidad de un testaferro, su libertad de uso, el que no genere datos transaccionales, el que tampoco tenga asociadas comisiones, la incapacidad (tácita) de bloqueo unilateral, el ciclo de vida de la moneda y el billete y la guinda del pastel: su anonimato.

A cambio, obviamente, tiene sus desventajas, como es que resulta más incómodo de llevar, que obliga a gestionar stock (algo que sobre todo afecta a los negocios) o que posibilita dinámicas de economía sumergida.

¿Qué pros tiene pagar con los métodos digitales? ¿Y cuáles son sus desventajas?

Pues básicamente, justo al revés.

Toda transacción mediante sistemas digitales deja huella, lo cual puede ser bueno (mayor trazabilidad, mayor control) y también malo (menor anonimato, menor soberanía de la ciudadanía), y todo aquello asociado a la propia tecnología, como es el hecho de que su ciclo de vida es más corto, requiere un gasto energético, generalmente también depende de sistemas centralizados que potencialmente pueden requerir comisiones, y que además tienen una curva de accesibilidad mayor.

Te dejo, para terminar, por aquí el artículo que acabó publicando el medio (ES).

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