Por 2017 ya hablamos en estos lares de splinternet, o la paradoja de los jardines digitales vallados.
Básicamente, la idea de que el Internet abierto y universal iba poco a poco dejando lado a una suerte de “Internetes” más pequeños y poco interoperativos entre ellos.
El ejemplo más evidente vino de la mano del Internet 2.0 y la sociabilidad digital.
De pronto, surgieron unas nuevas plataformas (las redes sociales) que centralizaban buena parte del uso que se le daba a la red de redes, y que paulatinamente fueron abandonando los estándares (que si el RSS, que si la sindicación…) en pos de controlar de forma absolutista el contenido que se generaba en ellas.
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Te envío cada lunes a las 7am un email con toda la actualidad sobre tecnología, seguridad y negocios digitales.Hoy en día ya suena hasta normal, pero recordemos que hubo un tiempo en que podías consumir, por ejemplo, lo que se producía en la difunta Google+ o incluso en Twitter, mediante una sindicación vía RSS.
Las redes sociales actuales solo ofrecen una manera de consumir su contenido: desde la app o web oficial. Twitter, de hecho, que es la última que tenía hasta cierto punto bastante libertad en este sentido, se está cerrando ahora bajo la batuta de Musk para seguir los pasos de las que parten en bacalao en la actualidad: que si Instagram/Facebook, que si Youtube, que si TikTok.
Fíjate cómo estará el percal que ya hasta nos parece normal también que dentro de sus fronteras, o directamente no se pueda compartir contenido de fuera (como pasa en Instagram o TikTok a excepción de los enlaces de la bio y de las stories), o si se puede aún compartir contenido de terceros, se haga de forma capada (es por todos conocidos que “casualmente” los enlaces externos en las redes sociales hacen que ese contenido sea menos visible por los algoritmos, o que por ejemplo, los vídeos de redes como Youtube se muestren como una imagen estática en Facebook, por eso de que Facebook lo que quiere es que subas el vídeo directamtente en su plataforma).
Así pues, a ese splinternet de plataformas sociales hubo que ir sumándole estos últimos años las aspiraciones censoras de los gobiernos dictatoriales que a todos se nos vienen a la mente.
Está claro que hoy en día el Internet que consume un ruso, o un chino, no tiene absolutamente nada que ver con el que consumimos en occidente. Y pasa lo mismo, en menor medida, incluso en Occidente, con países como Cuba o Venezuela abrazando gentilmente la censura informativa de las redes.
Pues en este escenario, ahora habría que incluir otra capa más, y es que el sector de la inteligencia artificial tiene toda la pinta de servir de nuevo catalizador para generar un Internet de “internetes” cada vez más aislados.
A saber, dos noticias me llevan a escribir estas palabras:
UNAS IAS MÁS COMUNISTAS
Por un lado, tenemos al Partido Comunista Chino, preocupado como suele ser habitual en cosas tan críticas como que a algún ciudadano se le ocurra comparar a su líder con un dibujo animado, y que anunciaba en febrero que empezaría a “vigilar” de cerca los modelos de desarrollo de inteligencias artificiales patrias.
¿En qué se traduce esto? Pues en tres puntos principales (EN) en la que las nuevas IAs deben:
- Reflejar los “valores centrales socialistas”. Hace tiempo que aplican la misma norma a los algoritmos de recomendación, por ejemplo.
- Evitar difundir información que socave “el poder estatal” o “la unidad nacional”. Esto es, nada sobre Tiananmen, nada acerca de la represión de los uigures, por poner dos ejemplos
- Respetan la propiedad intelectual. La de China, claro. La de Occidente como que da igual…
Eso, y que por supuesto todo desarrollo que tenga como objetivo ofrecerse como servicio o producto para ciudadanos chinos debe compartir el diseño de sus algoritmos con el Partido Comunista, para que sus expertos puedan asegurarse de que, en efecto, no hay tergiversación posible que enturbie la buena imagen de la nación.
UN OCCIDENTE MÁS CENSOR
La llegada de Lemon8, la nueva app de moda en EEUU (la segunda app más descargada en el país en el último mes (EN)) deja en evidencia los problemas que tiene Occidente con eso de protegerse de los “potenciales ataques ideológicos del socialismo chino”.
Lemon8 es una app a medio camino entre Instagram y Pinterest, pero que viene firmada por Bytedance, la empresa china detrás de otras joyas como TikTok.
Ya hemos hablado largo y tendido de cómo TikTok, fuera de China, es una app con un contenido claramente de entretenimiento, y con un sistema algorítmico diseñado a conciencia para viralizar contenido intrascendente y en muchos casos tirando a extremista (lo que vende, vaya). Sin embargo, la versión de TikTok en territorio china está capada para menores, que solo pueden pasar unas pocas horas a la semana en ellas, y que además sus algoritmos deben mostrar, sí o sí, un porcentaje previamente fijado de contenido educativo.
Este es, por tanto, el enésimo ejemplo de cómo dentro de China las cosas funcionan como quiere el gobierno que funcionen, y fuera también. Sin embargo, al revés no pasa así, habida cuenta de que en China, repito, solo funciona aquello que el gobierno chino desea que funcione: un splinternet de guión.
Occidente se encontró ya con la tesitura de si debería permitir que TikTok robase datos (y las malas lenguas dicen también que esté idiotizando) a sus jóvenes… mientras Facebook/Instagram, que hace exactamente lo mismo, no puede funcionar en China.
Y ahora, cuando tenemos a un Partido Republicano claramente a favor (66% de acuerdo) de prohibir TikTok en los United States, y un Demócrata bastante más conservador en este sentido (solo 33% de apoyo), llega otra app china que le come la tostada a Meta.
Hechas las presentaciones, la duda que muchos tenemos es qué acercamiento debería llevarse a cabo.
De China, Rusia, Corea del Norte, Venezuela, Cuba, en definitiva, de países con regímenes más o menos dictatoriales, se espera que con el paso del tiempo este splinternet no solo no decrezca, sino que las murallas aumenten y la capilaridad de terceros sea cada vez más anecdótica.
Sin embargo, en Occidente, cuna (en principio) de la democracia, ¿se debería jugar al mismo juego?
Uno que permitiera también proteger los valores democráticos de nuestra cultura… a cambio de ser, paradójicamente, menos democráticos.
O por el contrario, dejar pasar todo lo que venga, aplicando, eso sí, las mismas reglas tanto para agentes externos, como internos.
Este último acercamiento es el que al menos a un servidor más le gusta. Porque supone poner en el mismo saco a Bytedance que a Meta. Dos compañías, una oriental y otra occidental, que se dedican a exactamente lo mismo (generar plataformas sociales como Caballo de Troya para explotar hasta límites inconcedibles los datos personales de sus usuarios).
¿Que hay que poner freno al abuso de apps como TikTok o Lemon8? Por supuestísimo.
Al igual que hay que hacerlo con Facebook o Instagram.
En exactamente la misma cuantía, de hecho.