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Leds iluminacion televisor

En estos últimos años hemos vivido lo que a todas luces es una de las crisis más severas de la industria del celuloide, y que muy seguramente se te ha pasado desapercibida.

Prácticamente todas las televisiones de últimas generaciones cuentan con una funcionalidad llamada «suavizado de imagen», que permite crear una suerte de filtros inteligentes para homogeneizar lo que el usuario consume, dándole a todo el contenido un aspecto más fluido.

Y el problema es que esto entra de en conflicto con los intereses de los creadores de contenido, ya que cada marca y modelo establece su propio suavizado, y los creadores por tanto no pueden controlar cómo les va a llegar a sus espectadores la obra que ellos han diseñado (EN).

Puede parecerte una tontería, pero lo cierto es que es un problema gordo para cualquier industria basada en la creación. Sin ir más lejos, la llegada en su día de AMP al desarrollo web supuso, de facto, aceptar una suerte de estandarización en el consumo de contenido en dispositivos móviles que muchos tacharon de aberración, y que aún hoy en día es visto por buena parte de la industria como un problema.

Aquí estamos justo en el caso contrario. No existe una estandarización en cuanto al aspecto visual de una obra, lo que permite a los directores de cine, series y programas de televisión dotar a este elemento de una personalización que puede llegar a ser seña de identidad del producto final. En el momento en el que la plataforma donde va a ser consumido establece un filtrado previo, manda al cuerno dicha personalización, y según frente a qué producto estemos y cuánta dependencia tiene el mismo del diseño de la fotografía, el cambio frente a lo que el creador esperaba que fuese la experiencia de consumo puede apenas variar, o volverse totalmente distinta.

Así que en ello estamos, con directores de la talla de Christopher Nolan o Paul Thomas Anderson lanzando un llamamiento público a que las tecnológicas se pongan de acuerdo y estandaricen el «modo de referencia» visual de las pantallas. O bien se deja al libre albedrío del creador (que para éstos es, sin duda, la opción más apetecible), o bien se acepta como animal de compañía un suavizado de imagen específico, que será el que lleven por defecto todas las pantallas.

Por supuesto, luego será el usuario quien, en última instancia, debería poder modificar a su antojo los parámetros. Pero que o bien éste no esté activo por defecto, o bien éste sea homogéneo indistintamente de si estamos ante un producto de LG, Samsung, Panasonic o compañía.

Una guerra que me recuerda mucho a cuando empezó a llegar el HD al mundo de la pequeña pantalla o a la hegemonía de la grabación digital, y que muchos vaticinaron como la muerte de las obras de ciencia ficción.

A fin de cuentas, está claro que ese grano que tenía el celuloide, y esa poca resolución antes de la llegada del HD, favorecían ocultar las licencias creativas del creador del contenido. Conforme más resolución tenemos, las obras tienden a lucir más realistas (normal, cada vez hay menos diferencia entre algo grabado y algo que ve nuestro ojo), y eso tiene reminiscencias al estilo fotográfico de las series de andar por casa (las telenovelas, para que nos entendamos).

Para colmo hace que los efectos especiales tengan un ciclo de vida cada vez más bajo. 

No es lo mismo ver Avatar en una pantalla de 2009, a hacerlo con una de última generación. 

Es cada vez más complicado ocultar los errores del CGI cuando el grano es prácticamente invisible al ojo humano y las imperfecciones (reales o creadas de forma digital) son cada vez más visibles.

A ver cuánto tardan los actores y actrices en quejarse de lo mismo… :).

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