Te voy a hacer una pregunta: ¿Te consideras de izquierdas, o de derechas?

Seguramente si te hago la pregunta así, me la vayas a responder rápidamente. A fin de cuentas, todos tenemos interiorizado una serie de preceptos de lo que somos (o creemos ser…).

Pero, y si en vez de preguntarte tan directamente, te hago otras preguntas basadas en qué es lo que opinas sobre según qué temas relacionados con lo social, lo económico, y lo militar, quizás la respuesta no sea tan obvia.

Por ejemplo, es probable que muchos de los que me escucháis desde España y Latinoamérica estéis a favor de tener un sistema sanitario y educativo público de calidad. Pero, sin embargo, quizás no estéis tan a favor de que, con la excusa de que todos estos servicios públicos los pagarán los ricos, veas cómo cada año pagas más y más en impuestos.

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Tú, que eres de clase trabajadora. O con suerte, de clase media.

Y sin que haya una mejora, para colmo, de los servicios.

También, seguramente, si trabajas por cuenta ajena, quieras que la empresa te tenga que pagar y cubrir más mientras estés obligado a trabajar menos horas. En cambio, si tienes en la familia a algún autónomo, quizás no vea justo cómo, con la excusa de mejorar sus propias garantías cubiertas por la seguridad social, esté afrontando una carga fiscal cada vez mayor.

Para algo que, en la práctica, nunca va a poder disfrutar.

Que a todos se nos llena la boca defendiendo políticas más inclusivas… pero igual, si eres hombre, blanco, y hetero, alguna vez hayas caído en la consideración de que todas esas políticas en pos de la igualdad de género, raza y sexualidad… te llegan a discriminar, teniendo como tenemos, hoy en día, que cubrir una serie de cupos de las supuestas minorías en prácticamente cualquier sector, simplemente porque esas «minorías» tienen que tener «representatividad», y obviando los criterios objetivos (currículum, competencias…), que son los verdaderamente importantes.

Por último, es probable que muchos queráis que vuestro país invierta lo menos posible en Defensa. Pero, sin embargo, queráis que se ayude a ese pobre pueblo ucraniano invadido por los rusos, o, quizás aquí con más matices sobre todo si no me escuchas o ves desde Europa, se defienda al pueblo palestino de la opresión israelí.

La cuestión es que la idea de la derecha y la izquierda tradicional ya no funciona. Que las ideologías actuales van bastante más allá de las que en su momento se dibujaron… nada menos que en la Asamblea Constituyente francesa… ¡del siglo XVIII!

democratizacion internet ideas

En esta última década, la llegada de Internet ha traído consigo cambios que, en términos de transformación social, podríamos comparar con los provocados por la invención de la imprenta en el siglo XV. Si Gutenberg permitió que las ideas circularan y fueran accesibles a un público que hasta entonces dependía de la interpretación de unos pocos, Internet ha roto todas las barreras, convirtiéndose en un amplificador de voces y de perspectivas que han acabado moldeando nuevos discursos y tendencias ideológicas.

Y la última elección presidencial en Estados Unidos es un ejemplo clarísimo de esta transformación. Mientras las encuestas y los medios de comunicación convencionales parecían dar la victoria clara a los demócratas, el desenlace fue justo el contrario.

Donald Trump ha obtenido un respaldo masivo, incluso de sectores que en teoría deberían haber simpatizado con una agenda progresista: mujeres, minorías étnicas y, de forma aún más destacada, la comunidad latina.

Este apoyo inesperado muestra cómo hay un porcentaje importante de la sociedad que se siente desatendido, o bien que encuentra en ese discurso conservador respuestas a preocupaciones más inmediatas, que les atañen a ellos mismos.

Esta es la nueva realidad de nuestra era digital, y en este nuevo episodio del podcast enCLAVE DIGITAL quiero adentrarme en cómo hemos llegado a este punto, y más en especial, cómo Internet está agilizando este cambio de era, respondiendo a algunas preguntas tales como:

  1. ¿Cómo está ayudando Internet a que nuevas voces e ideas encuentren espacio y relevancia en el panorama político?
  2. ¿Por qué las categorías ideológicas clásicas de izquierda y derecha parecen cada vez más diluidas?
  3. ¿Estamos presenciando el nacimiento de una nueva ideología que reemplace las divisiones tradicionales?

¡Comencemos!

voto donald trump kamala harris

Internet y la democratización de las ideas

La imprenta de Gutenberg facilitó, como decíamos en la introducción, el acceso al conocimiento, liberándolo de la autoridad de las élites religiosas y aristocráticas.

Fíjate que hasta entonces eran estas élites las únicas con la capacidad de escribir la historia.

Que el grueso de la sociedad aprendía viendo los frisos de la iglesia de turno, y escuchando la monserga del cura o noble del momento.

Pero entonces llegó la imprenta, y tras la esperable lucha entre el status quo y la innovación, se desencadenaron movimientos como la Reforma protestante y el Renacimiento, que marcaron el inicio de una sociedad con un pensamiento más libre y diverso.

Fíjate lo que te digo: La democratización del acceso a la creación de copias de textos creó un nuevo ecosistema informativo más democrático, y con él, una nueva sociedad mucho más libre.

¿Y qué otro ecosistema informativo ha cobrado interés estas últimas décadas?

¡Exacto!

Internet cumple hoy en día un rol similar, con la única diferencia que su capacidad de difusión y la rapidez con que opera lo hacen aún más disruptivo.

Hoy en día, cualquiera puede publicar una opinión, lanzar un discurso o congregar a seguidores alrededor de una idea.

Sin publicar un libro. Sin tener un medio de comunicación.

Y todo en tiempo real, teniendo un alcance potencial global.

Maldita sea: si en las últimas elecciones europeas, un partido político creado por un twittero (ES), con el logo de una ardilla, y con un programa político tan serio como llevar a la cárcel a Pedro Sánchez, el presidente de España, consiguió tres escaños….

Queda claro, por tanto, que ya no es necesario depender de la aprobación o el visto bueno de los medios tradicionales.

Que ese Internet sin filtros evidentes y con esta libertad y democratización tanto de acceso como de creación, ha facilitado el crecimiento de narrativas que, aunque se escapen de los parámetros de la objetividad, terminan formando una cosmovisión compartida por miles, si no millones, de personas.

Que ahora, gracias a esa «imprenta digital» que llamamos Internet, cualquier grupo de ideas, teorías y puntos de vista, aunque sean contradictorios, pueden resonar con miles de personas, transformando las minorías en una mayoría con capacidad real de cambio.

Ya por 2018 definí esto como «la dictadura de las minorías«.

Y hay que ver cómo el tiempo me ha acabado dando la razón…

Para colmo, como discutiremos en un episodio del podcast próximo (ya lo tengo grabado, pero este fin de semana he preferido publicar este y dejarte para las próximas semanas, que estaré además de viaje, un especial en dos episodios en el que profundizo en todo esto, así que si no te lo quieres perder, ya sabes lo que toca…), cada vez más porcentaje de la sociedad está recurriendo a las redes sociales como fuente primaria de información.

Que aunque el propósito original de plataformas como TikTok, Twitter o Instagram era entretener y conectar a los usuarios, la realidad es que se han convertido en un canal de noticias y opiniones. No porque hayan sido diseñadas para ello (más bien justo al contrario), sino porque es así como las estamos utilizando.

A diferencia de los medios convencionales, y con matices (otro tema del cuál ya hemos hablado en el episodio de la semana pasada) aquí el contenido está adaptado a los intereses de cada individuo, y las barreras para compartir y debatir son mínimas.

Este uso de las redes como fuente de información termina desdibujando las figuras históricas de los medios de comunicación como actores informativos.

En otras palabras: que cada usuario de redes sociales se convierte en una especie de «editor» de su propia versión de la realidad, seleccionando, compartiendo y promoviendo aquello que mejor encaja con su visión o sus intereses personales. Es un proceso que, sin duda, desafía la noción tradicional de objetividad, pero que también permite que la gente se sienta más identificada con los temas que le preocupan directamente.

Algo de lo que, por cierto, hemos vivido de forma directa estas últimas semanas con la tragedia de la DANA en Valencia, y el auge de miles de bots generando contenido falso para desacreditar a los medios de comunicación tradicionales, y su aparente alineamiento con la vergonzosa actuación de la élite política de este país.

De hecho, y hablando de este tema, tengo que decirte que este fin de semana participé como ponente en DANACON, el evento solidario que montamos algunos del sector de la ciberseguridad, y con el que conseguimos recaudar varias decenas de miles de euros en donaciones para las víctimas de la DANA. Te hablaré más de ello en detalle en un próximo artículo en la página.

Además, y esto ya lo había anunciado a principios de mes, cuando ocurrió el desastre, todos los años por estas fechas lanzo la Campaña Solidaria: un evento en el que, durante todo el mes, lo que recaude de las suscripciones de los miembros del Club Negocios Seguros, lo doblaré de mi propio bolsillo, y junto con los beneficios de la venta de mis libros, lo donaremos todo a la asociación que la comunidad elija.

Esta semana, de hecho, estamos decidiendo a qué asociación va a ir a parar todo lo recaudado. Si quieres participar, ya sea aprovechando la oportunidad para hacerte con una suscripción a mi membresía o con alguno de mis libros, y de paso, saber que estás donando íntegramente eso a los más necesitados, échale un ojo a este artículo que te dejo por aquí abajo enlazado.

Y si solo quieres votar por la asociación a la que irá a parar el dinero, puedes suscribirte gratuitamente a mi newsletter.

Dicho esto, ahora sí, continuemos.

La ruptura entre izquierda y derecha en la era digital

¿Te has parado a pensar por qué parece que da igual quien gobierne, que todos lo hacen igual de mal?

En esto, por supuesto, hay una parte de culpa en la baja calidad que tenemos de dirigentes políticos. Al menos, en España.

Pero también se debe a que… sus propuestas no son muy distintas las unas de las otras.

Hoy, los partidos de izquierda y de derecha han adoptado en gran medida el discurso progresista, haciendo que los conceptos de «izquierda» y «derecha» ya no se perciban como opuestos ideológicos. En muchos países, las políticas de igualdad de género, derechos de las minorías o el reconocimiento del matrimonio igualitario han sido integradas en el discurso de ambos lados del espectro político.

Y ojo, que esto no está mal. De hecho, creo que ha aportado muchísimo más a la libertad del individuo que lo que ha restado.

Sin embargo, mientras los partidos tradicionales se alinean en torno a estos valores progresistas, es totalmente lógico que surjan movimientos que, aunque a menudo se catalogan como de extrema derecha, incorporan también elementos que históricamente asociaríamos con la extrema izquierda.

Por ejemplo, movimientos que rechazan el capitalismo globalizado, o que apelan a una mayor protección de las economías locales y la identidad cultural.

Estos nuevos movimientos no encajan fácilmente en el marco izquierda-derecha y captan la atención de votantes que antes se identificarían con etiquetas ideológicas clásicas.

Escucha:

De hecho, ¿dirías que Trump es de derechas?

Pues en principio sí, ¿verdad? Está en el partido republicano, un partido históricamente conservador. Está en contra de todo lo que huela a política medioambiental, asegurando que va a sacar todo el petróleo que pueda del suelo, y tiene entre ceja y ceja bajar el impuesto de sociedades al 15%, lo que haría de EEUU uno de los países con el impuesto de sociedades más bajo del mundo.

Pero a la vez, aboga por aumentar drásticamente la inversión pública, regar de subvenciones tanto a empresas como a ciudadanos, depreciar el precio del dólar para que a los estadounidenses les salga más barato comprar en casa, y para colmo asegura que todo este aumento drástico de la deuda se pagará vía aranceles a todos los productos que vengan de fuera. Unas medidas que son de todo, menos liberales.

La victoria de Donald Trump y el fin de las ideologías lineales

En el siglo XIX, la lucha ideológica se centraba en dos corrientes principales: el liberalismo, que defendía la libertad individual y la economía de mercado, y el conservadurismo, que preservaba el orden y la jerarquía.

Sin embargo, con el tiempo, ambos movimientos fueron adoptando elementos de la otra corriente. Los liberales, por ejemplo, acabaron aceptando cierta regulación estatal, y los conservadores empezaron a reconocer algunos derechos individuales.

Este acercamiento entre dos polos ideológicos preparó el terreno para la aparición de una tercera corriente en el siglo XX: el socialismo.

Así lo definía Fonseca en uno de sus últimos vídeos:

Durante todo el siglo XX, el nuevo debate ideológico era entre liberal-conservadores versus socialdemócratas. Pero es que ahora, en pleno siglo XXI, hemos llegado a un nuevo consenso, y la muestra más palpable de todo este consenso, es precisamente esta imagen de la vieja guardia republicana cerrando filas en torno a una candidata demócrata. […]

¿Conclusión?

Ya no tenemos un debate entre liberal-conservadores versus socialdemócratas, ahora tenemos un bloque que podríamos llamar política tradicional frente a las nuevas ideas que representa gente como Donald Trump.

Extracto de un vídeo en el canal de Youtube Solo Fonseca (ES)

¿Que por qué?

Recordemos que Trump se presentó en un escenario donde el progresismo parecía estar ganando terreno en temas como los derechos civiles y la diversidad. Y, pese a ello, logró conectar con amplios sectores de la sociedad que se sentían alejados de ese discurso, incluyendo a minorías étnicas, mujeres y jóvenes que, en teoría, deberían haberse sentido más identificados con los demócratas.

¿Lo más interesante de su campaña?

Pues que Trump consiguió construir su mensaje sin pasar por los medios convencionales, utilizando «simplemente» Twitter y otros canales directos para hablar a su audiencia.

Sin filtros ni intermediarios.

La sorpresa para muchos fue ver cómo una gran parte de esos grupos, que supuestamente deberían haberse alineado con la agenda progresista, apoyaron a un candidato que representaba valores claramente conservadores.

Quizás, precisamente, porque no está tan claro. Que su discurso, como ocurre también con el demócrata, se contradice.

El hecho de que la fragmentación ideológica actual está difuminando las divisiones políticas tradicionales, y que muchas personas priorizan cuestiones personales o cercanas a sus realidades inmediatas por encima de las etiquetas políticas y luchas más globalistas, como es el discurso del cambio climático, acaban por determinar el voto, y por tanto, la sociedad.

La ideología emergente de la era digital: ¿el próximo eje de la política?

Así llegamos al papel que juega Internet en todo esto.

Aunque es difícil prever si esta fragmentación se consolidará en una nueva ideología definida, estamos presenciando el nacimiento de una pluralidad de pensamientos y propuestas que responden a las inquietudes de una era marcada por la incertidumbre. La desconfianza hacia las élites, la preocupación por el cambio climático, la pérdida de identidad cultural, o el rechazo a la globalización son temas recurrentes entre estos movimientos.

Y aunque estas corrientes no tengan aún un nombre propio, reflejan un cambio en la estructura ideológica de la sociedad, teniendo en común una misma cosa: utilizan la nueva «imprenta», es decir, Internet, para difundirse.

Las redes sociales permiten que estas nuevas narrativas encuentren un público dispuesto a escuchar y participar activamente en ellas.

La resistencia al statu quo, el cuestionamiento de las estructuras de poder y el interés en recuperar el control a nivel local se convierten en los pilares de esta ideología emergente.

Fíjate si no, que estos días, respondiendo comentarios en mis publicaciones, he tenido que salir a defender, ¡yo!, a los medios de comunicación y los canales oficiales del Estado, pese a que en los propios vídeos ya estaba demostrando que el discurso anti-establisment que hemos visto estos días con lo de Valencia estaba siendo orquestado por fábricas de bots.

Es decir, que aún mostrando, con pruebas reales, que parte de ese relato era falso, aún así muchos usuarios seguían creyéndolo más que el que viene dado de los medios que sí están contrastados.

Más allá de las etiquetas tradicionales, estamos, por tanto, ante un proceso de construcción ideológica que, al igual que la imprenta en su momento, probablemente re-defina las reglas de la política y la sociedad.

Y en este escenario, Internet está siendo la fuerza impulsora de una nueva revolución ideológica.

Un proceso que, probablemente, nos llevará a un futuro en el que la política será aún más diversa, compleja y fragmentada, y donde la voz de cada persona podrá encontrar su espacio de resonancia.

La duda que tengo es si ese escenario será mejor o peor que el que tenemos en la actualidad…

Pero ahora turno para ti:

  1. ¿Qué papel crees que jugarán las redes sociales en la creación de nuevas ideologías?
  2. ¿Consideras que esta fragmentación ideológica nos conducirá a un cambio en el sistema de partidos?
  3. Y la más importante de todas, ¿es la fragmentación ideológica una amenaza para la democracia, o una oportunidad para fortalecerla?

Te leo en comentarios, y abramos debate.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor especializado en ayudar a referentes a blindar su reputación, diversificar y escalar su autoridad como marca.

Me puedes leer y escuchar en www.pabloyglesias.com (recuerda que la primera Y de «Yglesias» es «Y griega», que si no me confundís con otro), y me puedes escribir a contacto(at)pabloyglesias.com.

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