Ponte en situación:

Llega el sábado, y al despertarte y querer, como cada mañana, despotricar a tu gusto en tu perfil de Twitter/X, te encuentras con que tu perfil ha sido baneado de la plataforma. Accedes al enlace de soporte, para encontrarte con un formulario que muy seguramente no sea revisado por ningún humano.

Entras en Youtube, donde tenías marcado como pendiente de ver un par de vídeos de ese canal que tanto te gusta (por ejemplo, el mío :D), y te das cuenta de que solo aparece uno, no los dos que marcaste ayer.

El segundo, ha desaparecido.

Para desconectar un poco, enciendes la consola y te preparas para una sesión buena de vicio, pero ese juego ya no está en tu biblioteca. ¡Pese a que lo habías comprado hace años!

Todo esto ocurre cada día a nuestro alrededor.

¿Quieres saber por qué?

Pues ahora mismo te lo cuento.

Pero antes, un breve disclaimer, y es que, como habrás visto (si me estás viendo ahora mismo y no solo escuchando, me refiero), estoy reformando el despacho. Tengo toda la parte de trabajo ya montada (tranquilo que haré un vídeo explicando cómo y por qué he decidido cambiar casi todo el setup de la oficina), pero justo la que tengo detrás está vacía. Y la luz todavía no tengo claro si la dejaré así, quemando un poco la imagen, o me tiro hacia algo menos intenso.

Me falta además que me llegue la semana que viene unas estanterías bajas que colocaré por aquí, y tengo pendiente instalar unos aislantes acústicos en la pared, además de unos led que ya tengo pero aún no he podido sacar tiempo para hacerlo.

Así que es lo que hay. Este videopodcast se quedará un poco más soso con esta pared blanca detrás, pero quería grabarlo ya y no esperar más, que aunque para ti solo haya pasado una semana desde que me escuchaste por última vez, con la tontería entre viajes y la reforma llevo un par de semanas sin grabar.

Dicho esto…

¡Empecemos!

contenido control

El contenido digital no es tuyo

Empecemos por el principio.

Hoy en día, si quieres tener un mínimo de alcance en aquello que quieras compartir con la sociedad, necesitas, sí o sí, estar en las redes sociales.

Tener una web propia está muy bien (de hecho, me detendré un poco más en profundidad más adelante), pero solo con publicar en el blog no vas a conseguir que, mágicamente, llegue la audiencia.

Una audiencia que, como tú y como yo, está en esos servicios de terceros que llamamos redes sociales, y que de sociales, por cierto, tienen ya más bien poco.

Así pues, te cuento qué es lo que tengo que hacer yo cada vez que publico un artículo en mi página:

  1. Le doy a publicar en la web: Hasta aquí, todo normal.
  2. Sintetizo en menos de 280 caracteres, URL y hashtags incluídos, de lo que va el artículo para publicar en mi perfil de X.
  3. Creo un vídeo de menos de 30 segundos sintetizando también, a viva voz, la esencia del artículo, y ese vídeo lo publico como reel en Instagram (donde además del texto descriptivo, debo poner hasta 30 hashtags, geoposicionarlo y etiquetar a quien corresponda) y en Facebook (donde además del texto descriptivo tengo que ponerle el título), como short en Youtube (donde además del texto descriptivo debo decirle que no es un contenido creado solo para niños, elegir el título y la temática principal y ponerle los hashtags adecuados), como TikTok en… bueno, en TikTok (mismo proceso, pero repetido, que en Instagram), y como publicación «normal» en LinkedIn y Pinterest (en esta última, además debo de volver a meter a mano la URL del artículo, ponerle título y elegir la colección donde publicarlo).
  4. Y no he terminado. Aún me falta compartir tanto el vídeo como el artículo en el grupo de Facebook, como story en Instagram, Whatsapp y Telegram, y como artículo dentro de LinkedIn, lo que supone copiar el título, poner la imagen destacada, el comienzo del artículo, un «sigue leyendo…» enlazando al artículo, y luego compartirlo con la descripción antes creada.

Pues esto, cada día. Para un único artículo.

Solo para asegurarme que al menos llega a un mínimo de potenciales interesados.

¿Y sabes lo mejor de todo esto?

Pues que, de vez en cuando, me encuentro con algún aviso de que tal contenido ha sido bloqueado ya que incumple alguna política de uso de tal plataforma.

Por ejemplo, solo de los vídeos del podcast, ya he recibido dos reclamaciones estas últimas semanas por supuesto incumplimiento de «Copyright» en Youtube.

Y digo supuesto, porque… yo ya pago la licencia de uso de todo el contenido audiovisual que meto en estos videopodcast. Así que me toca hacer una reclamación y esperar unos días a que el sistema automático de reclamaciones revise mi solicitud y me la acepte o no.

Mientras tanto, ese contenido no está disponible para su consumo por parte de todos vosotros. O lo está, pero sin capacidad de monetizarlo (los beneficios se los lleva quien dice que tiene los derechos).

Las plataformas digitales son dueñas de lo que creas

Lo más triste de todo esto es que, en efecto, aunque seamos nosotros quienes creamos el contenido, en el único sitio donde de verdad tengo (tenemos) control absoluto del contenido… es en nuestra propia web.

En ella, en efecto, y en cualquier momento, puedo borrar o editar lo que me plazca sin depender de terceros.

¿El problema?

Pues que, como te decía, a la web es casi imposible que alguien entre sin depender de servicios de terceros.

Mira, por ejemplo, el porcentaje de visitas que vienen de forma directa a mi web (es decir, usuarios que entran en su navegador y teclean www.pabloyglesias.com) frente a los que vienen de otras plataformas, como puede ser buscadores, redes sociales o referidos:

fuentes trafico

De todo el tráfico que recibe mensualmente PabloYglesias.com:

  • El 73% viene de Google buscador.
  • El 15% es tráfico directo.
  • El 2% viene de Bing.
  • Poco más del 1,5% de Twitter.
  • Poco menos del 1,5% de Facebook.
  • Etc etc…

Tan solo un 15% de todos los que me leéis entráis directamente a leerme. El resto, que es la amplia mayoría, vienen o de búsquedas o de redes sociales.

Es decir, plataformas de terceros donde el control de un servidor es más bien limitado.

Fíjate tú, un porcentaje semejante al porcentaje de audiencia que ve y escucha este podcast y está suscrito a mi canal:

Según los últimos datos que tengo, apenas un 14% estáis suscritos. El resto habéis llegado a este podcast por las búsquedas de la plataforma, o por estar como recomendado desde otro canal.

Así que, si lo que te estoy contando te parece interesante, lo mejor que puedes hacer ahora mismo, mientras me escuchas, es darle a seguirme. Así, te avisaré cada semana cuando suba el nuevo contenido.

¿Ya lo has hecho?

¡Pues seguimos!

Volviendo al tema, puedo optimizar el contenido para que se posicione mejor en una u otra plataforma… pero ya está. Dependo por completo de que Google quiera seguir ofreciendo mis páginas en las búsquedas que hagan los usuarios, y que el resto de redes, y por tanto sus algoritmos, decidan que mi contenido es lo suficientemente interesante como para seguir mostrándooslo.

Que ya jode cuando tu objetivo es puramente el reconocimiento, pero que se vuelve crítico cuando dependes a nivel de negocio de esa exposición.

Sin ir más lejos, estos días sabíamos que Twitch en Corea del Sur va a cerrar (EN), al parecer por el «coste que le supone a la compañía seguir ofreciendo streaming en el país».

coste stream corea
Coste del ancho de banda en Corea en comparación con otras zonas geográficas

Esto significa que, de la noche a la mañana, todos los streamers de este país se van a quedar sin su principal modelo de negocio. Pasar de, a lo mejor, el 100% de facturación, a un 5 o 10%, presuponiendo que haya diversificado presencia digital entre otras plataformas, es un palo que pocos negocios pueden aguantar.

Lo más gracioso de todo es que, y centrando el tiro en las redes sociales, ya no solo les generamos el contenido (lo que hace que, en esencia, una red social sea usada por los usuarios), sino que paulatinamente hemos pasado a tener que pagar para seguir siendo visibles.

Lo que hoy en día publico a los algo más de 6000 seguidores que tengo en LinkedIn les va a llegar, con suerte, a poco más de 100 de forma orgánica.

Dependo, por tanto, de que en los primeros minutos tras publicar el contenido ese escaso número de usuarios que van a potencialmente verlo interaccionen con él, para que le llegue a algunos cuantos cientos más.

Eso, o puedo pagar porque ese contenido sí le llegue a los 6000 seguidores que tengo, e incluso a cualquier otro usuario de la plataforma, me siga o no.

Redes como Facebook o Instagram han ido paulatinamente reduciendo el alcance orgánico de las publicaciones para favorecer su modelo de negocio. Uno que, como el resto de redes, se basaba en dos pilares principales, a los que recientemente se ha sumado un tercero.

A saber:

  • Publicidad: Cualquier empresa puede crear formatos publicitarios que nos aparecerán, entre medias del contenido que hemos venido a consumir a dicha red.
  • Promoción: Cualquiera de nosotros puede promocionar sus publicaciones, es decir, pagar porque ese contenido sí le llegue a todos los seguidores que tenemos. Una extorsión en toda regla.
  • Suscripción: Desde hace unos meses, y con los cambios de normativa europea, la mayoría de redes sociales están planteando cumplirla no cambiando su modelo de tráfico de datos, sino ofreciendo una alternativa de pago para usarlas… sin ver anuncios. Es algo de lo que ya hemos hablado en un podcast reciente: el fenómeno de la enshiftificación.

Pues no contentos con esto, y con el auge de los servicios de inteligencia artificial, hemos vuelto a ver el efecto de unas redes gestoras de nuestro contenido.

No hay más que recordar lo que le decía Elon Musk, dueño de X a la industria de la inteligencia artificial:

¿Queréis cobrar a los OpenAI y Google de turno por entrenar sus IA con el contenido que «nosotros» hemos generado durante años? 

Pues os tocará pasar por caja.

Elon Musk

Ese «nosotros» me parece maravilloso.

La idea detrás de empresarios como Elon Musk es la de cobrar por acceso a las APIs (como ya está haciendo) y, por tanto, al contenido que NOSOTROS creamos dentro de sus plataformas. Un dinero que no veremos llegar a nuestra cuenta, sino a la de las empresas gestoras del contenido.

Es decir, que, de nuevo, el negocio se queda en manos de la plataforma, no de los creadores:

  • Ya no solo no tenemos control del contenido que generamos en ella.
  • Ya no solo dependemos de que los automatismos que regulan el sistema de recomendación algorítmica decida mostrar nuestro contenido a aquellos que nos siguen… y no decida bloquearlo por el motivo que sea.
  • Es que encima tenemos que pagar por visibilidad, y los beneficios obtenidos del consumo de ese contenido se los quedará la plataforma.

Las compras digitales son más bien una licencia de uso, no una compra

Añadamos una capa extra de complejidad a este asunto.

¿Y si te dijera que todo aquello que has comprado digitalmente… te pertenece mientras la plataforma decida que te pertenezca?

Que en cualquier momento, y sin previo aviso, puede negarte al acceso a ese videojuego, a esa película, a ese libro… a lo que sea.

Simple y llanamente porque, como ya he dejado claro en más de una ocasión en la web, cuando compras algo digitalmente no estás comprándolo como tal (al menos, no con la idea de posesión de bienes físicos que todos tenemos en mente), sino que estás adquiriendo una suerte de licencia vitalicia en doble sentido:

  • Tendrás acceso tú (y solo tú, sin posibilidad de que lo hereden, por ejemplo, tus hijos) mientras sigas con vida.
  • Tendrás acceso mientras la plataforma decida que puedes seguir accediendo a ese contenido.

¿Quieres un ejemplo reciente?

Pues sigue escuchando…

PlayStation Store eliminará series de Discovery de las bibliotecas de sus compradores al finalizar 2023

Debido al acuerdo de licencia con la compañía en Norteamérica.

Eurogamer.es

Hace apenas un par de semanas, Sony avisaba a todos los que hubieran comprado alguno de los programas de Discovery desde su cuenta de PlayStation Store y fueran norteamericanos, que a principios de 2024 dejarían de tener acceso al contenido.

¿La razón? Ha caducado la licencia de distribución de contenido con Discovery, y por lo que parece, no están dispuestos a volver a licenciarla.

Eso significa que, en unos días, todos aquellos que tuvieran comprado algún programa de la cadena de televisión, tienen dos opciones:

  • O seguir como hasta ahora y ver cómo, de la noche a la mañana, pierden acceso al contenido que HAN COMPRADO en su día.
  • O descargar todo el contenido comprado, desconectar su dispositivo y no volver a conectarlo nunca jamás a internet, pudiendo consumir dicho contenido en local, y a sabiendas de que habrá otros contenidos que directamente ya no podrá consumir, al ser necesario tener una conexión activa para poder ejecutarlo.

Este tipo de situaciones, recalco, están pasando todos los días en diferentes derroteros del mundo digital.

Que si videojuegos, que si cine y series, que si libros, que sin programas… Cualquier contenido comprado en digital, tarde o temprano, deja de estar disponible.

  • En el mejor de los casos, si lo tenias instalado en alguno de tus dispositivos, puedes seguir ejecutándolo.
  • En el resto de casos, directamente pierdes el acceso a él, por lo que habrás pagado por algo que ya no puedes consumir (y, por supuesto, sin derecho a exigir la devolución de su importe).

¿Qué podemos hacer para combatir este abuso?

No quería terminar el podcast sin señalar algunas alternativas que tenemos.

La primera, obviamente, pasa por la descentralización.

Pese a las limitaciones que te contaba que tiene el producir contenido en tu propia web, sigue siendo la mejor opción que tenemos para evitar que el día de mañana nuestro contenido desaparezca.

A fin de cuentas, y poniéndome en el peor de los casos (que tanto los buscadores como las redes sociales bloqueen mañana mi contenido), fíjate que todavía me quedaría con un 15% de audiencia fiel que llega a mi página directamente tecleando su dirección en el navegador. Ese 15% es lo más parecido que tenemos a una audiencia cuyo control depende casi en exclusiva de mis recursos.

La segunda, viene de la mano de nuevas propuestas de la llamada Web 3.0.

Más allá de los NFTs y demás elementos de la criptoeconomía que tanto nos han querido, por activa y por pasiva vender, la Web 3.0 tiene el potencial de ofrecer una suerte de control del contenido en manos de sus creadores. Por ejemplo, ahí tenemos el caso de POSSE, las siglas de «Publish (on your) own site, syndicate everywhere».

Así explicaba en qué consistiría David Pierce en un artículo reciente:

En un mundo POSSE, toda la gente tiene un nombre de dominio y un blog. Cuando quieres publicar algo, lo haces en tu blog. Luego, tu larga entrada de blog puede dividirse en trozos y publicarse como un hilo en X y Mastodon y Threads. Todo ello puede ir a tu página de Medium, a tu Tumblr y a tu perfil de LinkedIn. Si publicas una foto, puede ir directamente a Instagram, y un vídeo vertical puede ir directamente a TikTok, Reels y Shorts. Tu publicación aparece de forma nativa en todas esas plataformas, normalmente con algún tipo de enlace a tu blog. Y tu blog se convierte en el centro de todo, tu hogar principal en Internet.

David Pierce en The Verge (EN)

Esto era posible hacerlo ya en los inicios de la sociabilidad digital, pero con el auge de los feudos digitales (plataformas cerradas como son las redes sociales actuales), dejamos de poder hacerlo cómodamente.

Pues con la web 3.0, quizás volvamos a ese escenario, habida cuenta de que el protocolo criptoeconómico en el que se basa (la cadena de bloques) permitiría la sindicación y auditoría de la información fuente.

Otra cosa, claro está, es que los Facebook, los TikToks y los X de turno estén por la labor de perder el control que ahora tienen. Un control MUY lucrativo, como te contaba.

Por último, está el tema de qué podemos hacer con las compras online.

Y, de nuevo, tengo que referirme a lo que en teoría podríamos llegar a tener con la web 3.0.

Porque parte de su esencia se basa en ofrecer unicidad en un entorno digital. Es decir, asegurar que un contenido digital (que hasta ahora ha sido históricamente re-plicable infinitamente y de manera perfecta) pueda estar asociado a una identidad digital unitaria.

Esto es un arma de doble filo, por supuesto, pero para la parte que nos interesa, quédate con la idea de que al poder migrar contenido digital de una plataforma a otra, y gestionarlo de manera descentralizada, deberíamos poder recuperar el control, y que las compras digitales fueran más como las compras físicas, y menos como una licencia de uso y explotación vitalicia.

Al menos, esta es la teoría.

En la práctica, de seguro la industria encontrará maneras para capar las posibilidades de la tecnología y que el status quo que mantiene ahora a los de arriba siga exactamente igual.

Dicho esto, turno para ti:

  • ¿Qué otras ideas se te ocurren para minimizar los riesgos de perder acceso a tu contenido?
  • ¿Cuáles estás implementando ya?
  • ¿Eras consciente del poco control que tienes tanto de lo que compras, como de lo que produces en Internet?

Te leo en comentarios.

Sobre el videopodcast enCLAVE DIGITAL

enCLAVE DIGITAL es el videopodcast de Pablo F. Iglesias, consultor de presencia digital y reputación online.

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