nicolas maduro detenido

Newsletter enviada el 5 de enero de 2025 a los miembros de «La 7 de la Semana«, y republicada en este blog ese mismo día.

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Buenos días.

Me apena enormemente enviarte este primer email del año no para contarte cosas bonitas, sino más bien justo lo contrario.

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Y es que, como ya sabrás, este fin de semana EEUU invadió Venezuela y secuestró a Maduro, su presidente.

Y aquí viene lo importante:

Que a Maduro lo hayan sacado de Miraflores en un operativo de fuerzas especiales y lo hayan metido en un centro de detención en Nueva York es, al mismo tiempo, una gigantesca buena noticia para millones de venezolanos… y una pésima noticia para el resto del planeta.

Buenas noticias para los venezolanos

Nicolás Maduro no era un “líder polémico”: era un dictador que llevaba años triturando instituciones, derechos y riqueza nacional mientras vendía revolución a precio de saldo. 

Con un país con las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, Venezuela terminó siendo un experimento de empobrecimiento masivo, exilio forzado y represión cotidiana para cualquiera que se atreviera a levantar la voz.

Que lo hayan sacado del poder no significa que mañana Venezuela se convierta en una democracia nórdica, pero sí abre, por primera vez en décadas, un escenario verosímil de estabilización mínima. 

Si se logra reconstruir lo básico (seguridad, servicios, economía real) muchos de los que se fueron podrán, al menos, plantearse volver a casa y vivir una vida razonablemente normal en un país que podría estar entre los más ricos del planeta, y no entre los que más huyen de él.

Malas noticias para el resto del mundo

El problema es el precio geopolítico de esta “liberación”. 

Cuando Estados Unidos bombardea un país, captura a su presidente y anuncia sin rubor que lo va a “administrar” mientras sus empresas reconstruyen el sector petrolero, lo que está diciendo al resto del planeta es que el derecho internacional es opcional si tienes suficiente músculo militar y financiero.

Y eso, amigo mío, es un problema.

¿El por qué?

Pues porque le regala a Rusia y a China un argumento perfecto en bandeja de plata. Si Occidente se salta las normas cuando le conviene, ¿por qué Moscú no va a poder redoblar su apuesta en Ucrania, o Pekín en Taiwán, alegando su propia narrativa de “operaciones especiales” y “protección de compatriotas” en territorio ajeno? 

Si el mensaje práctico es que el más fuerte marca las reglas, el mundo entra en una fase donde cada potencia se siente legitimada para mover ejército y drones cuando sus intereses estratégicos o económicos lo pidan.

El precedente que lo cambia todo

Maduro llevaba años denunciando que Washington “fabricaba” una guerra para quedarse con el petróleo venezolano, y la secuencia de los últimos meses —bloqueo, despliegue militar, operaciones encubiertas, ataques y captura— hace que su relato, aun viniendo de un régimen autoritario, suene menos a paranoia y más a descripción de hechos. 

La Asamblea General de la ONU ya venía criticando la intervención como una violación flagrante del derecho internacional, y ahora tiene delante un precedente dificilísimo de encajar sin dinamitar su propia credibilidad.

Amigos, la Doctrina Monroe está hoy más viva que nunca. Hoy le ha tocado a Venezuela, pero nada quita que mañana sea, por ejemplo, Groenlandia, aunque no pertenezca per sé al continente americano.

Total, esta doctrina ya se reinterpretó en su día para facilitarle a EEUU ocupar países que no habían atacado previamente… Nada les impide volver a hacerlo, amparados como aseguran estar, en la importancia estratégica y militar de la isla.

Para los venezolanos (muchos de vosotros, que sé que estáis por aquí, también), que un narco-régimen caiga y exista una mínima esperanza de reconstrucción es comprensiblemente motivo de alivio, incluso de celebración. 

Pero para el resto, el mensaje es mucho más inquietante: si el garante histórico del “orden liberal internacional” decide que las reglas son flexibles, el tablero entero se reajusta… y no hacia un mundo más seguro, precisamente.

Y es que, piénsalo así: ¿quieres un mundo regido por el derecho internacional y el multilateralismo (que recordemos, fue creado precisamente para limitar el alcance de los más poderosos), o un mundo basado en el músculo militar y económico?

Entre la dictadura y la ley de la selva

La tragedia de Venezuela es que la alternativa a seguir atrapados bajo un régimen que llevaba décadas abusando de su propia población no ha sido un proceso ordenado de transición democrática, sino un asalto quirúrgico de una superpotencia que se reserva el derecho de “dirigir” el país mientras tanto. 

Y entiendo que el dilema es demoledor: para quienes han sufrido a Maduro, cualquier escenario sin Maduro es mejor; para quienes miran el mapa global, legitimar invasiones “preventivas” en nombre de la libertad es abrir la puerta a que otros hagan exactamente lo mismo con otros argumentos.

Si algo demuestra este episodio es que un país no se puede gestionar como una finca privada ni desde un palacio presidencial ni desde el Despacho Oval. Cuando quienes deberían proteger las normas deciden tratarlas como sugerencias, la línea que separa la defensa de los derechos humanos de la ley de la selva internacional se vuelve peligrosamente fina.

Enhorabuena, por tanto, a todos los venezolanos que hoy veis un futuro un poco menos negro en vuestro país.

Y que Dios nos coja confesados al resto…

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