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La Transformación Digital De La Sociedad: Presente y Futuro

En este quinto especial suscriptores, quería hablar de la evolución que ha supuesto la conectividad de estos 3000 millones de usuarios de internet, y lo que supondrá la llegada de los próximos 5000 millones.

Un viaje verdaderamente apasionante, que nos obliga a realizar paradas en sectores estratégicos como el de la educación, el de la ingeniería o el de la política. Un engranaje, que bien engrasado, podría desdibujar los límites del gobierno y el conocimiento hacia algo sin duda mucho más abierto, donde tengan cabida tanto fanáticos del cambio como escépticos. La evolución de la sociedad hacia un ente único, interconectado, y capaz de valorar el juicio y las libertades de cada individuo.

Y todo adobado con la salsa de varios estudios y citas a expertos de cada sector, como viene siendo habitual. El presente y el futuro de nuestra civilización, pegado más para bien que para mal en la tecnología.

Comencemos.

Sociabilidad global

Internet se creó en 1969, como red de comunicación entre cuatro universidades americanas (tres de California y una de Utah), pero no sería hasta 1990, con el nacimiento de la WWW, que cobraría el impulso necesario para salir de un ámbito puramente corporativo/universitario underground a lo que acabaría siendo la red de redes.

En esa última década del milenio, pasamos de unos centenares de miles de usuarios a 350 millones (1). En la primera década del siglo XXI, el número de personas conectadas a internet aumentó de 350 millones a 2000 millones. A día de hoy se calcula que seremos más de 3000 millones de usuarios (2).

Y esto no es nada si lo comparamos con la que se nos viene encima. 5000 millones provenientes de los países del tercer mundo, que son actualmente el motor de crecimiento de esta inmensa maquinaria.

En Nueva Delhi, el físico indio Sugata Mitra lleva un par de años implantando ordenadores personales en bancos infantiles. En cada banco se sientan 4 niños, que pueden, de forma totalmente gratuita, recibir clases de profesores de Reino Unido.

En 2011 se tendió un cable submarino para unir digitalmente Cuba al resto del mundo. A día de hoy, y pese a que el país está regido por un gobierno autoritario, sus ciudadanos tienen acceso a la red desde cualquiera de los puntos creados para tal labor.

En África, la implantación del móvil ha sido todo un éxito. Del 2% del año 2000, al 70% del 2013. Y pese a ser el continente con menor cobertura del planeta, proyectos como Internet.org de Facebook Zero y Loon de Google han permitido que tribus como la masai tengan capacidad para realizar búsquedas en internet.

Gracias a la red, se está reduciendo drásticamente la delincuencia en uno de los guetos de Johannesburgo, bajo la iniciativa del joven Sipho Dladla, KliptOwnYouthProgram (EN). Y aquí no hay ordenadores, pero sí móviles.

Mientras en el primer mundo nos llevamos las manos a la cabeza al darnos cuenta que las conexiones vía móvil están cambiando la estrategia de desarrollo y diseño hacia arquitecturas mobile first, en el tercer mundo muchos están pasando directamente de la más absoluta desconexión al mundo móvil. Se han saltado toda la revolución tecnológica anterior, y llegan a internet con un dispositivo que hace tan solo una década ni existía.

Estamos, por primera vez en la historia de nuestra civilización, ante un hito sin precedentes. Nunca antes tantas personas han estado conectadas simultaneamente. Remamos sin rumbo por un escenario al que jamás nos hemos enfrentado.

Y esto requiere que definamos el camino a seguir, con las herramientas oportunas.

 

 Se rompen barreras físicas, se alzan barreras del conocimiento

La transformación digital de la sociedad lleva asociada cambios conductuales y cognitivos que acaban por afectar los pilares de nuestra realidad. Uno de ellos es el tiempo y el espacio, que se desdibujan en miles de ramificaciones paralelas.

Como comentábamos recientemente en el blog, un suceso en cualquier lugar del mundo nos llega instantáneamente al resto. No hubo cambio de tiempo, no tuvimos que esperar a que la imprenta se pusiera a sacar la línea y que el correo enviase a nuestros buzones el periódico. El presente ocurre para todos en el mismo momento, y permite que elementos distantes interaccionen con el de cada uno, conformando entre todos un tiempo que no entiende de inicio ni fin, sino de continuo cambio.

Este hecho lleva intrínsecamente asociado dos problemas difíciles de solventar, al menos si nos basamos en el conocimiento previo:

  • El primero es la superabundancia de información: La realidad del ciudadano es hoy la realidad de todo el mundo, no la realidad de su pueblo o de su barrio. La actualidad de hace unos años estaba formada por cuatro o cinco temas. La actualidad de nuestra época la conforman millones y millones de noticias, que nos impactan por lo general sin criterio alguno, y que pueden (de hecho suelen) ocasionar una fatiga mental, un sentimiento continua pereza que empuja a muchos a dejarse llevar, y ser por tanto, dirigidos como corderos. Históricamente, el advenimiento de las nuevas tecnologías de la información ha ocasionado un aumento del control por parte del individuo, en detrimento de los nodos de poder establecidos por el régimen del momento. En la actualidad, la llamada infoxicación está jugando un papel contraproducente, al ocultar bajo toneladas de basura informativa aquella que aportaría realmente valor para que el ciudadano recuperara el control de la situación.
  • El segundo, causa y efecto del primero, es la necesidad de formar a la sociedad en una capacidad crítica: De dotarla de las herramientas básicas para filtrar esa marea informativa podrida. Discriminar el grano de la paja, a fin de cuentas, obteniendo valor de un estado tan peligroso como el de la sobreabundancia, y adquiriendo las aptitudes y actitudes necesarias para que el individuo sea capaz de madurar su propio criterio.

¿Qué está ocasionando esta sobreabundancia?

El surgimiento de una nueva brecha intelectual, esta vez digital, que afecta negativamente a los que están al otro lado. Si la persona es incapaz de comprender cómo funciona la tecnología, se aísla paulatinamente de una realidad salvaje y grotesca, que no entiende de esperas ni discrimina entre usuarios.

Los coches pueden no ser un derecho, pero la posibilidad de moverte con libertad ciertamente lo es. Internet es más como el sistema de carreteras que como un coche.

Sin capacidad para desgranar la información y sacarle valor. Sin capacidad para afrontar la irrupción de las TIC y demás herramientas del tercer entorno. Sin capacidad para comprender la transformación digital, el usuario acaba siendo un analfabeto, un “bicho raro” que poco a poco es empujado hacia afuera del sistema.

Y esto es un problema en un panorama en el que el tiempo está en continuo cambio, en el que en cinco años se reinventa la rueda tecnológica, se destruyen puestos de trabajo que llevan siglos entre nosotros en favor de otros basados en la compartición, en la apertura e intermediación (3).

El virus que roe un sistema basado en el capitalismo, en la generación de necesidades constantes, en la obsolescencia programada, que frisa directamente con unas generaciones más interesadas en la intervención colaborativa, en la inteligencia social, en el DIY y la supremacía de las experiencias frente a la posesión.

La transformación digital de la sociedad empieza con las nuevas tecnologías, con la capacidad de comunicación global, y por ende, continúa con el mismo principio. El de aprovechar ese acceso inmediato para ponernos de acuerdo entre nosotros, para liderar un cambio que apunte hacia nuestros intereses, a dirigir nuestra propia vida como nosotros queramos.

romper barrerasLa regla del 1% y la falta de una educación global digital

En el 2006 se publicó un artículo (4) sobre los hábitos de los usuarios en algunos de los grandes nodos de comunicación de la red (por aquel entonces, Yahoo, Flickr, Wikipedia, del.icio.us,…). En cada uno de los servicios se llegó a la misma conclusión, que sería respaldada años más tarde (2011) por Twitter (5): Apenas el 1% de los usuarios de internet son productores de contenido.

Un 9% se encargan de divulgar el contenido creado por ese escaso 1% (0,5% según Twitter), y el 90% restante lo consumen.

¿Qué podemos aprender de esto? Que pese a que las barreras de entrada se han reducido drásticamente. Pese a la existencia de grandes plataformas y markets globales que realizan el trabajo pesado (atracción del usuario, pasarelas de pago, distribución,…). Pese a que es ahora, con la democratización tecnológica, cuando cualquiera, sin conocimientos técnicos ni mantenimiento o coste de ningún tipo, puede llegar a tener un canal de comunicación propio, el grueso de la sociedad sigue anclada en la hegemonía productora de siglos pasados.

La producción de información sigue afianzada en una industria monopolística, regida aún por intereses político-económicos.

Tenemos las herramientas, y también tenemos el medio, lo que necesitamos es reeducarnos.

Saber aprovechar el nuevo escenario, adaptándolo a nuestras necesidades, y huyendo de todo aquello que nos aleja del objetivo fijado. Ser capaces de focalizar nuestro tiempo en aquellas cosas que nos hacen prosperar como individuos, prosperar como sociedad.

Hablamos de trabajo, pero también hablamos de política ¿Tiene sentido un reparto de poder desigualitario en un mundo donde cualquiera puede levantar la voz y expresarse en igualdad de oportunidades? ¿No tenemos cada uno de nosotros en nuestra mano la capacidad de autogestionarnos como colectivo, sea a nivel familiar o a nivel global?

¿Qué nos frena entonces? ¿Por qué no damos el siguiente paso?

Un servidor lo tiene claro. La tradicional lentitud con la que avanza la industria (educación, comunicación, política, empresa) empieza a ser un grave handicap para el movimiento social, para la transformación digital de la sociedad.

Si hace unas décadas la universidad iba varios años por detrás, las diferencias podrían ser palpables pero el efecto era prácticamente nulo. En un entorno de continuo cambio, ir varios años por detrás, como veíamos varios párrafos más arriba, nos aísla.

En el primer mundo, prácticamente ya todos tienen móviles, pero en la mayoría de clases, los móviles están prohibidos ¿Acaso no son una de las mejores herramientas disponibles para la educación? ¿Por qué el tercer mundo no duda en aprovechar sus beneficios, mientras que aquí hacemos justo lo contrario?

¿Qué me dice del uso de las redes sociales por parte de gobiernos y empresas, o de la vergonzosa presencia en internet por parte de los grandes medios de comunicación?

Una desconexión con el mundo que los rodea. El conocimiento ya no está únicamente en las universidades, pero siguen siendo ellos quienes lo gestionan. La actualidad ya no está solo en los grandes medios de comunicación, pero siguen siendo ellos quienes lo gestionan. El mercado ya no está únicamente en la empresa, pero siguen siendo ellos quienes lo gestionan. El poder ya no sólo está en el gobierno, pero siguen siendo ellos quienes lo gestionan.

Una compleja maquinara que no ha dado aún el paso a la transformación digital. ¿Es hora de que les ayudemos a darlo, verdad?

 

Las tres R a considerar para afrontar de la mejor manera la transformación digital

  • Reeducación: En todos los niveles. Empezando por abajo (formación del trabajador en riesgos digitales y gestión de la información), y continuando hacia arriba (procesamiento lógico en tiempo real). Empezando por arriba (apertura digital), y continuando hacia abajo (motivación e involucración en la toma de decisiones).
  • Revisión: De los planes estratégicos. Pensar en corto, medio y largo plazo, asumiendo el riesgo de un entorno en constante evolución. Unos planes que deben ser adaptativos y abiertos, escalables en el tiempo y en el espacio, con la idea en mente de implantar continuos cambios que permitan adecuar las necesidades de la industria a las necesidades reales de la sociedad.
  • Reestructuración: De los modelos jerárquicos. Las nuevas tecnologías abren la veda a una participación masiva que debe ser atendida. El no hacerlo conllevará situaciones comprometidas, y previsiblemente, crisis que podrían haberse evitado. Mantener una actitud proactiva, y sobre todo, saber escuchar… en los canales adecuados. La industria del siglo XXI (sea del tipo que sea) debería saber gestionar (y si me apuras, redirigir positivamente) el poder del ciudadano, del cliente y del usuario. Los tiempos en que esto era al revés han pasado a mejor vida.

Tres R aplicables a la transformación digital de la empresa, a la transformación digital de la educación, a la transformación digital de los medios de comunicación, a la transformación digital del gobierno,… Las tres R que nos permitirán dirigir a la industria en la dirección adecuada: La que ha tomado la sociedad en la Era de la Información.

 

Referencias

  1. Smart Internet: La Investigación (Frèderic Martel).
  2. Informe sobre la medición de la Sociedad de Información (UIT).
  3. The Future of Employment: How Susceptible Are Jobs To Computerstation (Oxford Institute/enlace roto).
  4. Creators, Synthesizers and Consumers (Bradley Horowitz).
  5. Who says what to whom on Twitter (Various).

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