crisis reputacionales

Javier Muñoz, jefe de redacción de HackerCar, me pasaba el otro día unas preguntas con el fin de preparar un artículo (ES) sobre las recomendaciones que daría a alguien que estos días, y quizás motivado por un calentón debido a esta situación de confinamiento, haya publicado algo que potencialmente sea negativo para su reputación profesional.

Cuando una noticia de tanto calado como la crisis sanitaria que estamos viviendo por el coronavirus hace acto de aparición, es normal que surjan hasta de debajo de las piedras los listillos de turno que o bien saben cómo solucionar el problema en cuestión de días (la base de cualquier movimiento populista, ya sabes), o bien aprovechan para criticar al gobierno o la institución de turno sistemáticamente (la crisis es una mera excusa para anteponer sus ideales).

Incluso los hay que abrazan de buena gana cualquier información falsa que les dote de supuestos argumentos de autoridad.

Buen ejemplo de ello son todos esos vídeos virales de conspiraciones maquiavélicas en las que este virus fue creado en no se qué laboratorio con el fin de acabar con los viejos para mejorar el sistema económico mundial, o preparado por tal potencial para desbaratar los planes expansionistas económicos de tal otra.

Vídeos creados por ¿medios de comunicación? que viven precisamente de generar basura informativa, como ya expliqué en su día en el negocio de la influencia digital, y que a poco que tiremos del hilo nos daremos cuenta de que o bien están pagados por colectivos específicos a los que les interesa que la sociedad pierda la confianza en el sistema actual (extrema derecha o extrema izquierda, terroristas…), o simplemente lo hacen porque es una manera rápida y sencilla de monetizar sus páginas y perfiles (tan pronto hablan de abducciones extraterrestres como apoyan movimientos antivacunas/terraplanistas o analizan en base a pruebas que ellos mismos crean las más disparatadas historias distópicas).

El ser humano es un animal de costumbres, y cuando de pronto se le rompe por completo su rutina, es totalmente normal que se busque primero las razones, y más tarde a los culpables.

Y bajo estas dos premisas es donde surge el problema: Es muy fácil caer en la tentación de compartir y sumarse a contenido publicado por terceros sin ningún tipo de validez y rigurosidad. Y cuando lo hacemos, a ojos de nuestra audiencia, nosotros como personas y como representantes de la compañía en la que trabajamos estamos validando dicha información.

Lo que por supuesto puede acabar desembocando en una crisis reputacional.

¿Es bueno mojarse de esta manera en temas que exceden tu ámbito profesional?

La respuesta rápida a esta pregunta sería un rotundo no.

Ahora bien, hay formas y formas de hacerlo. Y me explico.

Un servidor, por ejemplo, se dedica profesionalmente a la consultoría de presencia digital y reputación online, y escribe a diario sobre nuevas tecnologías, seguridad de la información y entretenimiento digital.

Pero esto no quita que también, fuera de mi ámbito profesional, me interesen otros temas. Y que en un mercado tan profundamente entrelazado, no haya puntos de vista sobre un tema a priori ajeno a mi trayectoria profesional del que pueda reflexionar.

Así, es normal que en estos días muchos estemos hablando bastante sobre el dichoso coronavirus sin ser médicos ni bioquímicos.

Yo ya he dedicado unas cuantas piezas a:

Hablo del coronavirus, sí, pero dentro de conceptos que sí entran dentro de mi expertise profesional.

La diferencia, no obstante, es que algunos decidimos hacerlo con la voluntad de previamente informarnos de fuentes confiables, siendo conscientes de que quizás nuestro poco conocimiento sanitario puede llevarnos a sacar conclusiones erróneas, mientras que otros, empujados por el miedo y/o el más puro desconocimiento, abrazan de buena manera el sermón de cualquier supuesto experto.

Y es que esa es otra:

Yo puedo saber mucho de seguridad de la información, pero por ejemplo mis conocimientos en pentesting o en seguridad de sistemas microinformáticos (dos ramas dentro de la ciberseguridad) son limitados.

En el argot de la desinformación existe el concepto de la vista apagada del experto, por la cual muchos supuestos expertos se creen en la potestad de dar su punto de vista sobre cualquier tema pese a que quizás ni están lo suficientemente preparados para ello, ni cuentan con la rigurosidad adecuada para hacerlo.

Juntas estos dos puntos y tienes el germen perfecto para el desastre.

¿Puede desembocar en crisis reputacionales o de imagen?

Puede llegar a ello, por supuesto.

Y si no acuérdate la que tuvo que pasar el bueno de Chema cuando hace un par de años con la crisis del ransomware Wannacry que infectó a muchas organizaciones, entre ellas a Telefónica, publicó en su cuenta PERSONAL de Twitter que se había enterado de la situación y que cancelaba sus vacaciones para volver a la oficina a solucionar el problema.

Claro, la excusa perfecta para que algunos medios sacasen titulares «cuñados» del tipo: «A Telefónica la han hackeado porque su máximo responsable de seguridad estaba de vacaciones».

Estos días estamos viviendo momentos parecidos con algunos lumbreras como Spiriman, un médico que ha ganado bastante fama con la crisis del coronavirus y sus vídeos despotricando a diestro y siniestro sobre el resto de compañeros de profesión y en definitiva sobre casi toda la sociedad, políticos, por supuesto, incluidos.

¿Cómo puedes rectificar si eras de los que afirmaba en febrero que el coronavirus iban a ser cuatro toses y 2 estornudos?

A ver, algo así tampoco tiene por qué ser tan grave.

Internet no olvida, pero la gente afortunadamente sí. Y tampoco creo que haya hecho mucho mal que en su día se publicase algo que realmente buscaba reducir el impacto social de la crisis que estamos viviendo.

Pero suponiendo que estemos ante algo bastante más grave (que por ejemplo estés instando a no pagar la tarifa de autónomos como protesta a las medidas tomadas por el gobierno, a sabiendas de que eso puede hacer que el resto de seguidores que te apoyen en la causa se queden sin la ayuda en meses siguientes), de viralizarse, estaríamos ante las típicas crisis reputacionales debidas a opiniones vertidas por la propia entidad.

Y en estos casos, una de las primeras medidas a tomar es la obvia: reconocer el error, pedir perdón, y si es posible intentar remediarlo de alguna manera.

Ahora, por ejemplo, se está llevando mucho eso de donar X millones a la creación de mascarillas o demás productos médicos (ES). Eso o en menor nivel llevarle algo que comer o mostrar el apoyo a las fuerzas del orden y/o los sanitarios llamando previamente al medio de turno para que haga el publireportaje de guión.

Yo ahí lo dejo :).