“Love, Death & Robots” como efecto del análisis masivo de datos

Love, Death & Robots

La semana pasada terminamos de ver Love, Death & Robots” (ES), la serie de animación antológica de Netflix creada por Tim Miller y producida por David Fincher.

Su estreno, del que por cierto avisé en el calendario de cine (ES/es gratis, así que no sé a qué estás esperando para apuntarte) de esta Comunidad, me pilló de viaje fuera de España, así que como era de esperar, a la vuelta la señorita Èlia ya se había comido unos cuantos sin mí :(.

Volvimos (para ella) a empezarla, y prácticamente en un par de sesiones la terminamos.

Hablamos de 18 capítulos de diferentes duraciones, que van desde los 20 minutos largos a los escasos cinco. Cada uno totalmente a su royo, con historias separadas, no relacionadas entre sí, y lo más sorprendente de todo, atreviéndose a tratar los temas de cada capítulo de muy diversas formas. Tan pronto te encuentras con un dibujo más cercano al ánime y una historia de terror, como una animación hiperrealista en formato comedia post-apocalíptica.

Y como cualquier otra serie antológica (aquí hablar de mi querida Black Mirror es obligado) hay capítulos mediocres y capítulos buenos. Capítulos que te apetecerá volver a ver, y capítulos que no me han convencido absolutamente nada.

En líneas generales, es una serie que recomiendo a todos a los que le guste el género de la ciencia ficción. Hay algunos de distopía, y parece que es interés de los guionistas dejar un discurso de calado (una crítica social, una mirada tecnoescéptica…) más allá de la banalidad de la propia temática tratada. Sobra decir que era lo que más me atraía de la propuesta de David Fincher, y que sinceramente (quizás también por el hype que tenía) se me ha quedado bastante corto. Lo que no quita que siga considerándola entretenida y recomendable.

Quizás no te vaya a quitar el sueño, pero sin lugar a dudas, y salvando quizás algunos capítulos (el tocar tantos palos hace que probablemente haya algunos que no te atraigan demasiado) el resultado me parece notable.

Pero si algo me lleva a escribir por aquí de ella, y no a simplemente darle una crítica rápida por redes sociales, esto es todo el revuelo que se ha producido alrededor de la decisión de Netflix de organizar sus capítulos según criterios desconocidos, a priori, por el usuario.

El control de la experiencia basado en la explotación de datos

Netflix lleva desde su creación (recordemos que mucho antes de ser un servicio de streaming fue una compañía de alquiler de cintas de vídeo) amparada bajo el prisma de la toma de decisiones basadas en datos.

NADA de lo que ocurre dentro o fuera de su interfaz pasa de forma arbitraria. Desde, por supuesto, el sistema de recomendación de contenido, que hace que cada uno de nosotros tengamos una distribución líquida (es decir, que van cambiando según el momento) de categorías que nos muestra su interfaz, pasando por los extractos y las imágenes que acompañan cada contenido (¿no te has fijado que cada cierto tiempo las series y películas cambian de imagen destacada?), hasta el tema del que quería hablar hoy: el reordenamiento de capítulos en una serie como “Love, Death & Robots”.

La cuestión es que esos 18 capítulos con los que cuenta la serie no se muestran a todo el mundo en el mismo orden, sino que Netflix ha creado cuatro subconjuntos distintos de ordenamiento que los muestra a según qué usuario.

Esto para alguien que, como un servidor, se dedique a desarrollar páginas web, no es nada nuevo. En el mundo del desarrollo front-end hay lo que se conoce como Test A/B, que no dejan de ser pruebas que el admin realiza asistido por la máquina (el sistema decide aleatoriamente a quién muestra un contenido y a quien muestra otro) para, en base a los resultados de cada uno de los conjuntos, sacar conjeturas: Que si este anuncio funciona mejor que este otro, que si este color hace que el usuario centre la atención más o menos en este elemento…

De esta manera, la experiencia de usuario puede llegar a cambiar radicalmente, y en base a los datos, decidir por ejemplo cuál sería el ordenamiento más adecuado, es decir, el orden que hace que más usuarios acaben terminando la serie.

Aquí entran múltiples factores psicológicos:

A Èlia y a mi el primer capítulo que nos salió fue uno de hiperrealismo basado en una especie de mundo a lo Mad Max donde unos “gladiadores” luchan con un avatar que controlan mediante un chip cerebral.

Es un capítulo que creo que muchos consideraríamos como bastante interesante (el final es impecable). Y además el que la animación sea tan sumamente buena (llamará la atención incluso a aquellos que no le guste la animación) hace que seguramente, y aunque el tema pueda no interesarte mucho (no era nuestro caso) como mínimo te animes a ver el siguiente. Y si el siguiente por lo que sea no te convence, viendo lo poco que duran, seguramente veas el siguiente, por eso de darle una oportunidad (si el primero fue tan bueno, seguro que habrá otros a este nivel).

Sin embargo, es probable que si a Èlia el primero que le aparece sea el de “El Devorador de Almas”, en un dibujo muy “dibujo” y con una trama muy fantasiosa (unos soldados deben escapar de un nido de vampiros), lo más probable es que no hubiera seguido.

La verdadera incógnita es si este ordenamiento líquido se hace siguiendo criterios puramente aleatorios, o por contra, y como ocurre con muchos otros apartados de Netflix, depende de una suerte de tipología de usuario que el servicio ha sacado en base a analizar todas nuestras acciones: otras series vistas, país de residencia, actividad y rutinas, lista de seguidas… y lo más importante, datos demográficos que el sistema pudiera haber sacado por el contexto de todo lo anterior.

Lo cual, y según hasta el punto al que se llegue, puede entrar en conflicto con la ética, moral y legislación de algunos países.

Sobra decir que Netflix ha salido al paso para desmentir (EN) esa crítica que estos días ha estado circulando sobre si entre las múltiples variables que quizás tenga en cuenta, entrarían también datos aparentemente tan sensibles como la orientación sexual:

“Nunca hemos tenido una serie así, así que hemos decidido probar algo completamente nuevo: cuatro órdenes de episodios distintos.

La versión que tú has visto no depende de tu género, ética o identidad sexual, una información que no tenemos de nuestros usuarios”

No es la primera vez, de hecho, que algo así ocurre. Algunos usuarios aseguraron hace tiempo que si eras negro, Netflix te presentaba el cartel de Love Actually (EN) con Chiwetel Ejiofor (un actor de raza negra). Si eras blanco, tendía a presentarse con otro contenido más genérico.

Y hay casos reconocidos por la compañía (EN), como el de The Crown, en cuya presentación se mostraba un corgi si el usuario, según Netflix “era un amante de los animales”, ofreciendo una carátula más genérica con la actriz principal en caso contrario.

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El negocio de la retención del usuario

Que al final, recordemos, más allá de crear “una plataforma mundial de contenido audiovisual”, la misión de Netflix, como la de cualquier otra gran compañía de servicios del momento, pasa por retener al usuario.

Porque pasemos el máximo tiempo posible en sus fronteras.

Estoy escribiendo esto mientras a un par de metros de distancia en el televisor de 65 pulgadas 4k que tenemos por casa sigue encendido Netflix, y puesto que los datos de uso no engañan (Netflix ya representa cerca del 20% del tráfico mundial (EN/PDF)), parece que estas estrategias, sean o no morales, están funcionando.

Si no la has visto ya y te gusta la ciencia ficción, dale una oportunidad.

Y ya me contarás qué orden de contenido te ha tocado :).

Ver en Youtube (EN)

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