El valor de conocer dónde está nuestro puntero

Entrada rápida para un lunes, en el que quería hablaros de ese reciente rumor de que Facebook estaría interesado (y en proceso) de recabar datos de nuestros movimientos del ratón (EN).

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Desde el punto de vista técnico, obtener información de la posición y movimiento del ratón no es una tarea titánica, más en un entorno tan estructurado como es la web. El principal problema reside entonces en la ingente cantidad de información que se desprende de ahí, lo cual suele tirar para atrás a cualquiera (junto a la posición en coordenadas, tendríamos el gradiente, los flujos de movimiento, la velocidad, el tiempo de reposo,… y todo eso contrastado con la pantalla en la que estamos).

Como ventajas, queda patente que muchos tendemos a situar el cursor inconscientemente sobre el contenido que nos interesa, e incluso los hay que siguen con el puntero el texto mientras lo leen. Un conjunto de datos que entrarían a formar parte (supuestamente) de los datos de comportamiento del usuario (donde ya están las horas de conexión, las páginas más visitas, el tiempo que pasamos mirando el timeline,…), y que junto a los datos demográficos (los datos que dejamos queriendo en la red social), dan una idea cada vez más aproximada de quién hay detrás de la pantalla.

Y me quedo con la copla, extrapolándola a otros menesteres, y sabedores del cada vez mayor cómputo de los ordenadores, del BigData y de la contextualización, y nos permite vaticinar un futuro aún más especializado. Una web personalizada para cada uno, que aprenda de nuestros hábitos de forma automática, y obre en consecuencia.

Una web hasta cierto punto inteligente, que se adelante a nuestras necesidades. Pero también una web capaz de categorizarnos, de dirigirnos a aquello que resulta más interesante para quien pone el dinero. Un nuevo estado de control absoluto, con una aparente libertad de decisión.