¿Espían las compañías nuestras conversaciones usando el micrófono del smartphone?

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La semana pasaba estuve en directo en el telediario de TRECE TV (ES) intentando arrojar un poco de luz a esa incertidumbre que cada X meses vuelve a salir a la opinión pública: ¿Está Facebook, Google o Amazon (por citar a las tres mayores compañías de datos) espiándonos, utilizando para ello el micrófono del smartphone?

Fueron escasos 7 minutos en los que respondí las preguntas los presentadores del programa Trece al día de esta cadena nacional, y que te animo a ver, o aunque sea, a escuchar mientras sigues leyendo la pieza.

Ver en Youtube (ES)

¿Nos están espiando?

La respuesta rápida es que técnicamente es posible, pero en la práctica, y para este caso en particular (que alguna gran multinacional lo esté haciendo de forma masiva) a día de hoy no hay prueba alguna que demuestre que en efecto esto está ocurriendo.

E iré un poco más allá: Estrictamente hablando no lo necesitan.

Decía que técnicamente es posible porque cualquier aplicación con permisos de uso de micrófono y capacidad de trabajar en segundo plano puede, en principio, hacerlo.

Nos pasó, de hecho, hace unos años con una supuesta aplicación de linterna que además de pedir acceso a la cámara (por eso de utilizar el flash), pedía acceso a la agenda de contactos y al micro. Claro está, estábamos ante un spyware, una aplicación maliciosa cuyo objetivo era robar nuestra información.

Pero este tipo de acciones son ILEGALES, y están de hecho muy perseguidas en los principales markets de aplicaciones (Google Play y App Store). Que por regla general no llegan apenas aplicaciones que hagan esto, y si alguna se cuela (que alguna siempre acaba colándose), tan pronto se identifican tanto Google como Apple las banea.

Y decía que estrictamente hablando estas compañías no necesitan espiarnos vía micrófono por la sencilla razón de que YA TIENEN ESOS DATOS.

Que el problema aquí es el desconocimiento del usuario medio de cómo funciona internet.

Y para explicarlo, me pongo de ejemplo a mi mismo.

¿Cómo es que veo publicidad de cosas que he hablado previamente con un amigo/pareja?

Estos días he estado hablando con mi pareja sobre el coche que se quiere comprar. El que tiene ahora está ya viejo, y andamos mirando para pillar uno nuevo.

Por tanto, hemos hablado tanto en persona como también por WhatsApp sobre las alternativas.

¿A qué información tendría acceso Facebook o Google para que, de pronto, mañana cayera en la consideración de que estamos buscando cambiar de coche y por tanto nos mostrase publicidad sobre posibles modelos?

  • Nuestras conversaciones offline: Y para esto, en efecto, tendría que estar “espiándonos”. En casa no tenemos ningún asistente virtual, y yo por defecto tengo desactivado el “Ok Google” de mi smartphone, lo que deja de lado cualquier posible tergiversación del funcionamiento de estos sistemas de “ambient listenning and seeing”. Vamos a suponer, por tanto, que por aquí no puede obtener nada, ni legítima ni ilegítimamente.
  • Nuestras conversaciones online: Me refiero a las que hayamos hecho vía llamada telefónica. En principio ninguno de los dos graba conversaciones, y mucho menos las sube a los servidores de estas compañías. Así que partamos de nuevo de la hipótesis de que tampoco pueden hacer nada por aquí.
  • Nuestras conversaciones vía aplicaciones móviles: Decía que hemos utilizado WhatsApp alguna que otra vez para hablar de algo puntual a colación de lo del coche. Y WhatsApp es una aplicación de Facebook. Sin embargo, el servicio de mensajería utiliza, como ya expliqué, un protocolo de cifrado semejo al que en su día utilizaba Signal, considerada por Edward Snowden (el que dio a conocer el espionaje masivo de EEUU) como uno de los protocolos de comunicación más seguros. Que todo lo que compartamos por WhatsApp lo puede ver únicamente (hasta que se demuestre lo contrario) el emisor y el/los receptores. ¿Qué podría ver Facebook entonces? Los metadatos de comunicación, es decir, que yo suelo escribirme bastante con esta otra usuaria, que lo hago a estas horas, que le he enviado texto, voz e imagen… No el contenido en sí, sino el tipo de contenido.
  • Nuestra interacción con el propio dispositivo: Si tenemos entre ceja y ceja cambiar de coche, lo más probable es que como es el caso en algún momento hayamos buscado información en Internet. Ergo, en nuestro historial de navegación hemos estado por páginas automovilísticas. Y por tanto, tanto Google (utilizamos Chrome como navegador, y en todo caso, Google como buscador con nuestra cuenta de GMail) como Facebook (ya expliqué que cualquier página que visitas que tiene enlaces sociales y/o pixeles de seguimiento, permite a Facebook estar al tanto de que la has visitado) ya sabe que como mínimo nos interesa el asunto.
  • Nuestras acciones en la vida real: Porque te recuerdo que el smartphone es, a fin de cuentas, un ordenador siempre conectado a la red con múltiples sensores, entre ellos, un GPS. Que sobre todo Google en el caso de los Android, y Facebook si tenemos habilitado, por ejemplo, la recomendación de WiFis públicas o el que nos alerte de problemas/amigos cercanos, sabe en todo momento dónde estamos. Como esa vez que casualmente Èlia estuvo durante X minutos dentro de un concesionario, o el otro día que se paró frente a una exposición de X marca automovilística.

La publicidad algorítmica

Aquí entra en funcionamiento “el milagro” del machine learning. Los metadatos de comunicación, más el histórico de interacciones del usuario, más todo el conocimiento que, de base, ya tienen estas compañías de nosotros (tipología de usuario, nivel socioeconómico, edad, intereses y aficiones…) hace que sin necesidad de habernos espiado vía micrófono del smartphone, puedan caer en la consideración de que tenemos la idea de cambiar de vehículo.

Y entonces entra en juego “el segundo milagro”: el del remarketing, esa parte del marketing que permite a anunciantes atosigar al usuario con publicidad de temas que el sistema entiende que le podrían interesar, ya que en algún momento hizo algo que parecía apuntar hacia esa idea.

Así es como, de pronto, algo que pensamos que “solo hemos hablado con Pepito”, se transforma en publicidad que nos hace pensar que nos están espiando.

Llámalo machine learning, no espionaje ni “maJia”

Si hemos hablado de algo con alguien, lo más probable es que lo hayamos hecho porque en algún momento pasado, de forma consciente o inconscientemente, hemos sido impactados por ello. Ergo, hay un rastro, unas migas de pan que la inteligencia artificial de estos gigantes van a intentar seguir.

Y sin olvidarnos que, como comenté ya hace algo más de un año, hay otro factor a tener en cuenta. El llamado fenómeno Baader-Meihof (ES), conocido también como la “ilusión de la frecuencia”:

Al día estamos continuamente impactados por miles de anuncios distintos (muchos de ellos, por cierto, tan mal segmentados que hasta los obviamos), pero justo nos va a llamar la atención aquellos que dan en el clavo, generando esa extraña sensación de que la plataforma nos espía.

¿Recuerdas la última vez que, tras buscar esas botas que al final te compraste, pasaste la siguiente semana viendo en todos los sitios botas? Este es un ejemplo de guión de mal uso del remarketing. El sistema entiende que has estado interesado en comprar botas, pero no ha registrado que en efecto ya las has comprado, y te sigue bombardeando con ello.

Todo esto me hubiera gustado poder dejar claro en los apenas 7 minutos que tuve en el programa. Pero ya que solo he dejado unas pinceladas por allí (ES), hago lo propio en esta santa casa.

¿Ruegos, críticas, preguntas?