De cuando el medio de comunicación dice ser una plataforma de contenido

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A finales de la semana pasada saltaba la noticia.

Facebook, amparado en su política anti-pornografía infantil, bloqueaba un artículo publicado por Aftenposten, uno de los mayores periódicos noruegos, por contener una imagen de una niña huyendo desnuda del napalm de Vietnan.

Consternado, su director, Espen Egil Hansen, publicaba una carta abierta a Zuckerberg (EN/disponible en español por aquí (ES)), que venía a decir lo siguiente:

La declaración de principios de Facebook señala: “hacer que el mundo sea más abierto y más conectado”. En la práctica, ustedes hacen que este planteamiento sea totalmente superficial.

No distinguir entre pornografía infantil y fotografías documentales de una guerra contribuye a un nivel de estupidez que en ningún caso acerca a las personas. Pretender que es posible crear reglas globales para lo que puede, y debe ser publicado, es simplemente absurdo.

En la carta hace alusiones a algunas de las obras de George Orwell y esa lucha a la que el escritor tuvo que enfrentarse para publicarlas, de cuya historia curiosamente le hablaba de pasada hace escasos meses, adobada con diferentes elementos culturales esperables de una sociedad democrática y abierta como presuntamente es la americana.

Y ha servido de caldo de cultivo para que varios grandes medios se sumen al carro.  The Guardian (EN) o Financial Times (EN), por poner algún ejemplo, se han hecho eco de la noticia, llevando a Facebook a reconsiderar su planteamiento inicial (EN).

El problema de base no es tanto la dificultad de fijar unos criterios normativos que simpaticen con todo el mundo. Algo que le adelanto, en vista a las numerosas diferencias culturales, socioeconómicas, religiosas y políticas que separan a todos los pueblos, se plantea misión imposible.

El problema viene dado por ese interés de los de Zuckerberg de separarse de la concepción de un medio de comunicación, cuando en realidad están gestionando el acceso a la información de millones y millones de personas.

No queremos ser un medio de comunicación

No les culpo. La diferencia entre plataforma de contenido y medio de comunicación es líquida, pero crítica a la hora de entender cómo los usuarios y el resto de stakeholders (otros medios, empresas, gobiernos,…) se enfrentan al uso de la misma.

De una plataforma de contenido se espera, aunque sea de manera puramente utópica, que el acceso a la información sea neutral y objetivo.

En Facebook lo que esperamos consumir es aquello que nuestros círculos comparten, y el algoritmo que rige qué vemos y qué no considera que debemos consumir en base a nuestro profiling.

Es, por tanto, un sistema que se plantea por definición neutral a intereses externos (dependería únicamente de nosotros y de nuestros círculos), y por ende, se posiciona como una manera bastante adecuada de mantenerse informado en un entorno mediático profundamente controlado por diversos lobbies.

Ahora bien, la realidad no es tan simple como parece.

Facebook es una empresa, y como todas, cojeará en mayor o menor medida de unos intereses socio-políticos específicos. Y quizás no de forma premeditada, pero sí indirectamente, atrayendo por ejemplo mayor talento de unas generaciones específicas, de un sector (el tecnológico) quizás más cercano a una ideología liberal-occidental, o en base a los criterios que se fijan para considerar “mejor” una noticia que otra, difícilmente cuantificable sino es aceptando un sistema específico, creado por esos mismos trabajadores.

A esto hay que añadirle el que la información que nos llega al timeline no representa la actualidad mundial, sino una actualidad creada ex-profeso para nosotros en base de nuestras propias limitaciones (círculos de amigos, ideología política, cultura,…). Esas burbujas de filtros que corrompen el buen quehacer de lo que a priori podríamos considerar un sistema de información neutral.

De cara a los medios, el hecho de que hayan corrido raudos y veloces a delegar el acceso a sus piezas en una “plataforma de contenido” externa, ya adelantaba en su día (y no me he hartado de repetirlo) una hipoteca futura.

Por marzo del año pasado comentaba (ES):

Pero no hay que olvidar que hablamos de hipotecar el futuro de estos medios. Conforme más se externalice, más riesgo hay de dependencia a los arbitrarios movimientos de una compañía. Ahora Facebook es fuerte, ¿qué ocurrirá en unos años? Y si todavía sigue tan arriba como hasta ahora,¿qué pasará si la feroz monetización de la red social acaba por salpicar a estos medios? ¿si la gestión de comunidad pasa a ser un elemento premium de la red social?

El resultado final es un clima de dependencia, que dota de un poder inconmensurable a los chicos de Silicon Valley, y les ratifica nuevamente como reyes del apartado social. Un peldaño más para volverse indispensables en este nuevo mercado digital.

¡Ea! Esos Instant Articles que tan bien se planteaban en su momento, ahora enseñan la otra patita. La de que la plataforma, en base a una política que intenta ser lo más universal posible (aunque no lo vaya a conseguir jamás), se reserva el derecho a aceptar o no el contenido que un medio publica en su página, y que sus usuarios podrán o no consumir.

Que no produzcas el contenido no significa que no seas un medio

He aquí la cuestión.

Por mucho que Zuckerberg aleje el discurso despidiendo su equipo editorial y sustituyéndolo por una máquina (que por cierto, lleva dos semanas demostrando (ES) lo profundamente ineficiente que es una inteligencia artificial curando contenido creado por humanos…), el bueno de Zuck es a día de hoy el redactor jefe más importante del mundo.

Aunque seguramente no sea su objetivo, y pese a que la compañía seguramente está destinando muchísima masa gris en evitarlo.

Igual que le ha pasado a Google, teniendo que aceptar que más que un sistema de indexación neutral era un sistema editorializado de indexación, Facebook tendrá que aceptar en algún momento que no se puede ser la mayor plataforma de gestión de contenido sin “tener que afrontar” su papel como medio de comunicación. De dejar claro (al resto de la industria, y sobre todo, a sus usuarios) que el contenido allí publicado está sujeto a unos condicionales que no tienen porqué ser neutrales y objetivos.

Simplemente porque cada una de las miles de decisiones que toman al día, bloqueando o no X contenido, permitiendo uno u otro uso en su plataforma, los acerca más a ello.

Lo cual es una verdadera pena, ya que demuestra que difícilmente se puede crear un sistema neutral que no dependa de nada ni de nadie.

Que estos sistemas democráticos de acceso a la información sustituyen las burbujas de filtros políticas de los medios convencionales por burbujas de filtros más abstractas, pero presentes de todas formas.

Y que en última instancia, resulta profundamente complejo generar un ecosistema que se alimente de forma automática de la información de terceros sin caer en el factor humano, tan imperfecto y subjetivo como cabría esperar.