Netflix publicidad

Hubo un tiempo en el que la era de la digitalización nos dejaba una manera de hacer las cosas mucho más amigable con el usuario/consumidor.

  • Hablo, por supuesto, del consumo informativo, que pasó de estar en manos de unos pocos oligopolios, a la mano de cada uno de nosotros, ejemplificado en dispositivos como el smartphone y propuestas como Twitter y en la capacidad que tenemos hoy en día de montarnos nuestro propio medio de comunicación: De tener un canal, y no solo un perfil digital.
  • Hablo también del consumo informativo y de entretenimiento en todas sus vertientes. Youtube abrió camino a la idea de que ya no solo los consumidores podíamos ser productores de contenido, sino que teníamos todo el derecho del mundo a consumir el contenido cuando a nosotros nos diera la real gana, mandando al traste la histórica escaleta audiovisual que tanto el cine, como la televisión, ha creado bajo sus propios estándares.
  • Y hablo además del consumo en streaming, y de la ruptura, de una vez por todas, de esa idea de que el consumidor no estaba dispuesto a pagar por contenido de calidad. No lo estábamos antes, pero bajo el formato de la industria televisiva. Hoy en día, sin embargo, lo habitual es que en cada familia haya aunque sea una suscripción a algún servicio de streaming bajo demanda, que permite al consumidor consumir el contenido cuando le da la gana, y sin la molestia de aguantar esos espacios publicitarios tan asociados al canal televisivo.

Pero hablo en pasado, porque si algo nos está dejando esta nueva década, es la constatación de que todas las modas vuelven. Aunque sean estúpidas y contraproducentes:

  • Hablo de cómo pese a que, en efecto, hoy en día tenemos al alcance de cualquiera la potestad de ser nosotros los emisores de la información, la producción de contenido sigue cautiva en unos cuantos oligopolios, distintos en algunos casos de los de antaño, y en otros siendo estos exactamente los mismos, que son los que parten el bacalao en cuando al discurso social.
  • Hablo también del consumo informativo y de entretenimiento en todas sus vertientes, y cómo las nuevas generaciones parecen dar valor a la experiencia de contenido creado en diferido… que deben consumir en directo, como es el caso de esos conciertos en el metaverso, y todo el contenido creado por productores de contenido en Twitch.
  • Y hablo además del consumo en streaming: Ese que muchos defendimos que estábamos dispuestos a pagar a cambio de que no incluyesen publicidad, y que ahora, y debido precisamente a la gran diversidad de canales que han surgido bajo el halo de una esperanza por posicionarse como «El Netflix de…» (ese servicio que no te cuestionas dar de baja), parecen estar interesados en volver a meter publicidad.

Como si de la tele se tratase, oiga.

Una vuelta de 360 grados… para volver, como es lógico, a la casilla de salida. La misma de la industria televisiva rancia de toda la vida.

El diablo está en el fin de la época dorada de los servicios de streaming (y de las tecnológicas)

Si algo ha caracterizado los principios del siglo XXI, esto ha sido la paulatina maduración del ecosistema tecnológico, que traen consigo una nueva regulación muchísimo más restrictiva para todas esas empresas digitales que nacieron y crecieron bajo el amparo de una falta de regulación clara, hasta volverse los gigantes tecnológicos de la actualidad: Las empresas más valiosas, de hecho, del mundo.

Tras una época de crecimiento a toda costa, de pronto descubren que el chiringuito se les está cerrando, y de que lo que antes era visto como esa startup que luchaba contra la industria tradicional con una propuesta joven y alineada con los intereses de la audiencia, ahora se ve más como el Establishment de unas corporaciones que solo quieren facturar más cada año, controladas precisamente por los directivos que en su día trabajaron para la industria tradicional audiovisual, y que han acabado seducidos por los altos salarios de estas.

Esto mismo es lo que le está pasando a Netflix. La empresa que fue el baluarte de esa nueva manera de consumir contenido, y un ejemplo a seguir por crecimiento en bolsa (recordemos que fue la empresa que más creció en la segunda década de este siglo, en torno al 4.000%), se encuentra ahora a un 70% de lo que llegó a valer en enero de este mismo año, con un co-CEO que viene de la industria tradicional, y buscando como locos la manera de salir a flote.

¿Cuál ha sido por tanto la brillante idea para maquillar la pérdida de clientes tras la presión de nueva competencia como Disney+ y HBO Max? Pues sacar un plan más económico, pero con publicidad (EN).

Exactamente igual que lo que plantea hacer Disney+, y que en líneas generales, perece ser el futuro próximo de estos servicios.

Contenido de pago y con publicidad

Vamos, lo de toda la puta vida, con anuncios que bloquearán parte o la totalidad de lo que esté consumiendo el cliente en ese momento, interrumpiendo una programación por la que, recordemos, estará igualmente pagando.

Pienso en ello y se me eriza la piel.

Te lo digo muy en serio.

Y es que ya no solo, bajo esta nueva realidad, pretenden que paguemos (menos, pero pagar con nuestro bolsillo de todas formas) por consumir algo con publicidad, exactamente igual que hacíamos con la televisión… pero siendo esta monetizada íntegramente con los anuncios (sin que el usuario pagase), sino que además la idea es que esa publicidad sea segmentada, gestionada muy probablemente por las mismas empresas de siempre (Google, Comcast…), y por tanto bajo el paradigma del rastreo indiscriminado de la publicidad programática, tan perseguido (y con razón) a nivel regulatorio.

Es decir, que cogemos lo peor del mundo digital (pagar por consumir y publicidad programática) y lo peor de la industria tradicional audiovisual (publicidad invasiva) y lo unimos, como la gran apuesta de estos servicios por «democratizar» su acceso al grueso de la sociedad.

Tócate los cojones, Mari Loli.

Tantos cambios. Tantos movimientos. Para luego acabar con la misma mierda de siempre, pero peor.

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