viaje tiempo

-¿Y entonces Hitler?

-¿Qué quieres decir con eso? -el hombre alto arqueó levemente una ceja.

-Me refiero a que entonces, de ser posible, ¿por qué Hitler?

-Creo que no me has entendido -se atusó ese mentón perfectamente afeitado mientras le hacía un gesto al chico para que le siguiera. Caminaron juntos en silencio varios pasillos, hasta que fue necesario pasar por el lector una tarjeta RFID que abría la puerta que tenían justo delante.

-Pues se ve que no… ¿Cómo demonios iba a ser cierto si Hitler existió?

-Te lo explicaré con más calma -el hombre alto abrió la puerta, la atravesó, y se apartó lo suficiente como para que la persona que estaba en su interior saliese y el joven entrase.

Para sorpresa de este último, se encontraban en una sala diminuta. Poco más amplia que un armario. Iluminada por una única bombilla que, para nueva sorpresa, era de las antiguas. De las que no son LED, vaya. El ángulo de la puerta, de hecho, casi rozaba con la esquina de la mesita, junto con la silla, el único mobiliario con el que contaba. Y encima de éste, un reloj de esos «clásicos» conectado con un cable de cobre esmaltado que se perdía en la pared del fondo.

El hombre alto esperó paciente a que el joven entrase y se apartase a un lado para poder cerrar la puerta, y nada más vio la oportunidad, hizo lo propio, produciendo ésta un leve crujido que daba a entender que el sistema de seguridad había hecho su función.

A ver, lo volveré a explicar -se aclaró un poco la voz, y prosiguió-. Desde los años 20 del pasado siglo tenemos la capacidad de viajar en el tiempo. De hecho la hemos estado utilizando desde entonces. Eso sí, solo con la única capacidad de cambiar los acontecimientos recientes.

-Sigo sin comprenderlo…

-Mira, es sencillo. Para viajar en el tiempo basta únicamente con ser capaz de viajar más rápido que la velocidad de la luz. Al hacerlo y alejarse lo suficiente de nuestro planeta, podemos mirar hacia él y ver realmente el pasado (la diferencia temporal existente entre lo que somos capaces de ver desde ahí, es decir, lo que tarda la imagen en llegarnos, y lo rápido que hayamos sido). Por tanto, basta con enviar una señal que nuevamente viaje más rápido para alertarnos en nuestro pasado de los acontecimientos del futuro (que no dejan de ser otro pasado más reciente).

El hombre alto hizo una seña al teléfono que tenían delante:

-Es más, ocurre justo al contrario cuando miramos hacia las estrellas. Esas piezas de luz que vemos en el espacio no son más que la huella del pasado de cuerpos celestes. La luz tarda tanto en llegar a nosotros que lo que vemos no deja de ser un momento pasado de su historia. En la actualidad probablemente alguna de ellas hasta haya desaparecido.

Tras un momento de titubeo, el joven continuó:

¿Pero si esto es posible, cuándo ha ocurrido? Es decir, ¿y cómo no nos hemos dado cuenta?

-Muy sencillo -se jactó el hombre alto-. Ha ocurrido en el futuro. En algún momento de los próximos siglos hemos conseguido crear naves capaces de viajar más allá de la velocidad de la luz. Nosotros hoy en día no tenemos aún esa tecnología, pero sí podemos recibir los ecos de la gente del futuro alertándonos de los riesgos del pasado. Nos llega la llamada, lo apuntamos y se lo pasamos al equipo encargado para que «ejecute». Y por razones obvias, es un trabajo que no deja huella, ya que al reescribir la historia, y nosotros ser parte de ella -se cruzó de hombros-, nada cambia.

-Me estoy perdiendo -el hombre joven negó con la cabeza-. ¿Cómo no nos vamos a dar cuenta de que estamos reescribiendo la historia?

-Pues porque de nuevo, nosotros somos parte de la historia. Me explico -hizo unas señas con las manos como si estuviera reordenando sus ideas-. ¿Tú sabes cómo eran los iconos de puntero de las computadoras, verdad? Esa flecha negra o blanca que antaño señalaba dónde estaba en ese momento el puntero del ratón.

El joven afirmó extrañado:

-¿Y nunca has visto un ordenador que, de pronto, se quedase bloqueado, mostrando no solo el puntero, sino también su estela?

-Emmm… entiendo que si.

-Pues en el primer caso, estás viendo, para que nos entendamos, el objeto en dos dimensiones (altura y anchura). O quizás una representación tridimensional del puntero en dos dimensiones, si es que ese puntero tiene dibujada la sombra. Pero en el segundo caso, estarías viendo la representación del puntero en tres dimensiones: altura, anchura y tiempo. El efecto es el mismo que conseguimos cuando exponemos más tiempo una foto de esas que te salen en el timeline de Reminder de alguien haciendo formas con una luz. Esa foto es una representación tridimensional (altura, anchura, profundidad) en 2D (la pantalla de nuestro dispositivo) de una persona con una luz en la mano, pero al ser tomada durante «varios instantes», lo que vemos es una representación cuatridimensional (altura, anchura, profundidad y tiempo) en 2D (la pantalla) de esa misma persona en el intervalo de tiempo en el que mueve las manos, y con ellas deja un rastro de luz.

-¿Y qué tiene que ver esto con el viaje en el tiempo?

-Pues muy sencillo -el hombre alto no pudo evitar que una leve sonrisa se le dibujase en la cara-. Que nuestra sociedad solo es capaz, al menos por el momento, de sacar fotografías de un instante temporal: el actual. Por tanto por muchas fotos que saquemos, o por muchas veces que bloqueemos la computadora de la historia, siempre estaremos viendo la representación tridimensional de la misma, siendo incapaces de ver la cuarta dimensión: el tiempo.

Se produjo entonces un silencio y un cruce de miradas algo incómodo. A fin de cuentas, estos dos hombres estaban acinados en un habitación de poco más de un metro.

-Pero… sigo sin ver cómo responde eso a mi pregunta. ¿Y entonces Hitler? ¿A nadie se le ha ocurrido acabar con él ANTES de que por su culpa mueran millones de personas?

-Seguramente, seguramente. Pero te contestaré con otra pregunta -el hombre alto se volvió a aclarar la voz-. ¿Por qué supones que Hitler es la causa y no el efecto de una reescritura de la historia?

-¡Qué! -el joven no pudo más que levantar la voz- ¿Có… Cómo iba a ser Hitler un efecto?

-Justo lo que oyes. Lo mismo para nuestros trabajadores temporales Hitler ha sido el menor de nuestros problemas. La mejor reescritura que han encontrado para solventar un momento complicado de la historia pasada. Un parche tras otro que nos ha llevado a la situación actual, y que nos llevará a la situación que ellos tengan en su actualidad. Quizás -continuó mientras nuevamente se frotaba el mentón- la historia anterior al cambio de nuestra historia conllevase, en esencia, un futuro muchísimo menos halagüeño que el que nos dejó esa parte oscura del siglo XX…

-En todo caso -el hombre alto rompió el silencio mientras pasaba su tarjeta por el lector interno de la sala que abría la puerta-, tu trabajo es sencillo: Cuando suene el teléfono, lo coges y apuntas en esta libreta de ahí el nombre. Al final de la tarde, le pasas el listado al responsable, y los agentes de campo «ejecutan» los dictámenes oportunos. Habrá días en los que no recibas ninguna llamada, y otros en los que recibas varias. Mientras tanto puedes si quieres leer, pero está prohibido quedarse dormido -señaló a una diminuta cámara colocada en una esquina del techo-. Y solo se sale de esta sala cuando venga el cambio. Nada de ir a fumar o al baño, ¿entendido?

-Una última pregunta -el chico frenó momentáneamente la salida del hombre alto-. ¿Cómo sabemos entonces si las «ejecuciones» que hacemos nos dirigen a un presente mejor?

El hombre alto carraspeó los dientes, y mientras cerraba la puerta, siseó la respuesta:

-No lo sabemos. Eso es lo bonito de ver únicamente en tres dimensiones…

Inspirada en la paradoja del viaje en el tiempo basado en viajar a más velocidad que la luz.

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