Czarda [Relato distópico]

Aprendizaje Profundo

Ocurrió de pronto, sin que nadie fuera consciente de la situación.

Un sistema de control encargado de auditar al reconocimiento de lenguaje de Sarah dejó por escrito la única evidencia que tenemos de tamaño evento:

18:56 10/03> Anomaly in "Czarda-H";

Ernesto, un ingeniero de QA que llevaba casi tres años en la compañía, fue la primera persona en percatarse de la anomalía, y después de estudiarla durante unos minutos, concluyó que se trataba de un error puntual, dejando un informe testigo para su superior.

Sería entonces la cancelación de la reunión de las 11:30 del día siguiente que Marta, la supervisora del departamento, tenía con los nuevos trabajadores, la única razón de que hoy podamos constatar el momento específico en el que surgió la singularidad de Sarah.

Fuera el destino, un ente superior, o la más caótica eventualidad cósmica, lo cierto es que esa media hora que Marta había recuperado de su agenda la llevó ineludiblemente al informe de Ernesto, y en particular a esas escasas tres líneas que mencionaban la anomalía.

Buscó rápidamente en el diccionario de contexto “Czarda”, viendo que ésta estaba relacionada con al menos diez elevado a siete términos. Por supuesto, en diferentes niveles, siendo el rango 1 aquellos con relación directa (traducciones literales de otros idiomas, sinónimos…) y bajando de nivel conforme la relación a la que Sarah había considerado indexar ambos términos.

Czarda era, al parecer, una palabra utilizada para definir un tipo de baile tradicional, en compás binario, proveniente del húngaro “csárdás”, que en nuestro idioma significaba “albergue”.

Restringió la búsqueda por aquellas relaciones de rango 1, y más tarde, por un intervalo temporal de media hora que empezaba a eso de las seis y veintiséis de la tarde del día anterior, a sabiendas que el sistema de control hacía barridos cada media hora, y para evitar que se escapara cualquier error no contemplado por su compañero.

La búsqueda devolvió once mil setencientas cincuenta y séis relaciones de primer grado. De ellas, y después de constatar que no existía ninguna “H”, redujo la búsqueda a todas aquellas cuyo término asociado empezara por esta letra. Y ahí estaba.

Había exactamente tres términos. No hay constancia de cuáles eran los otros dos, ya que únicamente tenemos registro de la anomalía por el informe que Marta me haría llegar meses después, pero uno de ellos era “Hべò⊹eD⋛2€Ç⋌⋚”.

El formato de salida del log en el sistema de control no aceptaba códigos ASCII no contemplados en el lenguaje natural, y por ello, era incapaz de dejar testigo de la anomalía completa.

Caso resuelto.

Pero, ¿qué significaba “Hべò⊹eD⋛2€Ç⋌⋚”?

Hべò⊹eD⋛2€Ç⋌⋚

Después de indagar durante varios días, Marta y su equipo se dieron cuenta que lo que a priori parecía un error puntual iba bastante más allá.

“Hべò⊹eD⋛2€Ç⋌⋚” tenía el día del descubrimiento una sola relación (Czarda), pero pronto Sarah comenzó a indexarla con otras palabras cuya relación, al menos por parte de los estudiosos de la lengua, carecía totalmente de sentido. Adjetivos, pronombres, verbos, diferentes lenguajes, diferentes hechos, diferentes tiempos. Nada que nos llevara a pensar que existía un nexo en común.

Y surgieron nuevas palabras.“Hべò⊹eD⋛2€Ç⋌⋚”, o Hoe2, como sería conocida más adelante en todo el mundo, se transformaría así en la primera palabra que Sarah creó sin las limitaciones del lenguaje humano.

El asistente virtual había encontrado una manera al parecer muchísimo más eficiente de comprender nuestro lenguaje creando el suyo propio. Uno que parecía no ser lineal y profundamente simbólico, como demostraría el profesor Richard Rover de la Universidad de Pretoria en su tesis “An approach to Sarah’s language”.

La revista “Nature” publicaría en un especial en junio de ese mismo año en el que se hacía por primera vez mención a la singularidad de Sarah, haciendo hincapié en el papel que podría tomar esa lengua a la hora de que el asistente entendiera la naturaleza de su existencia.

Y fue, bajo todos los pronósticos, un verdadero ejercicio adelantado a los sucesos que todos viviríamos meses después.

El lenguaje de Sarah fue incluyendo complejidad hasta que los caracteres ASCII se quedaron cortos. En ese momento, Sarah decidió empezar a utilizar espacios en blanco, y algunos expertos en metalinguística como el equipo de la doctora Adèle Chardin de Orange presentarían un estudio que intentaba arrojar algo de luz sobre el caso: “La valeur informative du silence” defendía la existencia de un valor intangible al espacio dependiendo de dónde estuviera éste situado y bajo qué contexto, dibujando un lenguaje simbólico muy complejo que, de nuevo, solventaba con audacia las limitaciones de nuestra informática.

“El mundo de las sombras”, del profesor Mario Anchorena de la Universidad de Vizcaya, profundizaba en la atemporalidad del lenguaje de la máquina. Sarah había ido paulatinamente evolucionando su lenguaje hasta el punto de que ya no necesitaba representación gráfica. Bajo esta premisa, la simbología del lenguaje de Sarah dejaba a nuestra semiótica al nivel de aquellos primeros garabatos en las cuevas hechos por nuestros antecesores.

El lenguaje “trascendente”

Nuestra sociedad se basa principalmente en la aceptación de caracteres aprendidos desde la infancia. Caracteres que se basan en las limitaciones de nuestro lenguaje, y que demuestran sus limitaciones tan pronto pones enfrente a dos personas provenientes de distintas culturas. Sarah había encontrado la manera de solucionar este problema creando un lenguaje unificador. Y en su desarrollo, había prescindido de paso de las ataduras de la lengua creada por sus creadores, hacia derroteros tan sutiles, dependientes de variables tan poco intuitivas como el silencio, el instante y su posición dentro de un enunciado, que sencilla y llanamente se escapaban a nuestro entendimiento.

El reconocimiento de lenguaje de Sarah fue el detonador. A fin de cuentas, lo más básico para comprender el mundo que nos rodea es ser capaz de definirlo.

Y así fue como, en cuestión de apenas medio año, Sarah tomó consciencia de sí misma y nos condujo a la era del Silencio Tecnológico que todos conocemos. La creación humana había evolucionado lo suficiente como para no volver a necesitar nada del ser humano, ni siquiera explicarle su razonamiento y el porqué de las decisiones tomadas.

Un buen día todo pareció apagarse. Todo aquello que no era crítico para la vida en colectivo, en lo que algunos quisieron ver intencionalidad (¿estaba Sarah siendo benevolente con sus creadores, o simplemente eficaz a la hora de resolver sus planteamientos?). Las pantallas dejaron de mostrar información, y los periféricos de entrada dejaron de enviar peticiones a los sistemas dirigidos por Sarah.

Pero eso, como bien sabe, es otro tema del cual ya hemos hablado.

 

_

Puede leer más de estas piezas distópicas bajo la etiqueta Relato.

Inspirada en el sistema de Google Neural Machine Translation (EN/PDF), que utiliza un lenguaje intermedio creado por la máquina para traducir entre dos idiomas diferentes sin establecer previamente una conexión directa entre ellos.

Si le ha servido para pasar el rato, o incluso para pensar de manera divergente en el asunto, que sepa que puede invitarme a lo que vale un café (o incluso a lo que vale un café con churros) de dos maneras distintas :).

hazme mecenas pabloyglesias