La relación de las empresas del siglo XXI con los influencers

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Tenía ya desde hace tiempo esta pieza esbozada en borradores, y he querido aprovechar este fin de semana para darle forma y dejarla lista para hoy.

Hace unas cuantas semanas, tomando algo con un compañero al que llevaba ya mucho tiempo sin ver, me reconoció que había acabado por abandonar su canal de Youtube debido a que la empresa donde actualmente trabajaba así lo había exigido en el contrato. Y sí, hablo de un chaval apasionado por la seguridad informática, con un canal eminentemente técnico (nada de cosas ilegales), que hoy en día está en una de las empresas punteras de nuestro país, y al que se le ha cohibido, como si fuera delito, ese interés que hasta el momento tenía de aportar a la comunidad.

El factor económico, como en tantos otros casos, había sido trascendente en la toma de decisión final, y puesto que cada uno debe barajar su situación personal y obrar en consecuencia, mi intención no era criticar a la víctima, sino al verdugo.

Todo esto por el simple hecho de que no es el único caso que conozco. Sobre todo en el sector de la seguridad y la consultoría, tanto por parte de administraciones públicas como por la parte privada, parece que todavía existe una especie de miedo infundado a que el trabajador acabe exponiendo información confidencial de su trabajo o del trabajo que hace para uno de sus clientes.

Mi intención con esta pieza es intentar desmitificar este hecho. Demostrar lo absurdo que resulta para alguien que ha estado en las dos partes que tan siquiera una compañía se lo plantee, cuando los beneficios de tener perfiles públicos dentro son claramente beneficiosos.

La microinfluencia entendida como un elemento dañino

Llámeme loco, pero… ¿en qué supuesto un trabajador que tiene un canal de youtube, una cuenta de instagram o un blog con relativo éxito dentro del sector, puede ser perjudicial para la empresa en la que trabaja?

Mire que le doy vueltas, y no encuentro ninguna, oiga.

En cambio, se me ocurren muchísimas razones para que una empresa se interese por atraer cuantos más youtubers, instagrames, bloggers y demás farándula posible a sus filas. Entre ellas:

Responsabilidad

Cualquiera que mantenga un perfil medio en la red sabrá que esto es más bien una carrera de fondo que un sprint. Y los que han llegado alto lo han hecho, habitualmente, porque llevan años compartiendo contenido de calidad simplemente por el placer de hacerlo.

Lo que quiere decir que detrás, como mínimo, habrá un profesional capaz de sacar adelante un proyecto con los recursos de los que dispone, que es constante si cuenta con la motivación suficiente, y que además tiene afán de enseñar lo que sabe al resto.

Si estas tres aptitudes no son importantísimas en CUALQUIER trabajo, que baje Dios y lo vea.

Profesionalidad

¿Qué puede ver de malo una empresa en un profesional que ya no solo ha demostrado tener los conocimientos que el trabajo demanda, sino que además vive tanto esa pasión como para destinar parte de su tiempo libre a ello?

Digo yo que este tipo de perfiles son los que deberían interesarle a cualquier organización. Gente muy comprometida con lo que estamos creando. Hackers auténticos que viven con pasión esta profesión, y que además suelen tener unas dotes de comunicación por encima de la media.

Marca

Lo anterior todavía pasa, pero yendo puramente al factor crítico de cualquier empresa (el negocio), no se me ocurren más que puntos fuertes para incentivar el tener perfiles de influencia entre nuestras filas.

Sin ir más lejos, ¿cuántas veces he hablado, aunque fuera de pasada por estos lares, de temas relacionados con SocialBrains? ¿Cuánto hablé en su día de mi trabajo en Mozilla y en Telefónica I+D, o en Talentum?

Un profesional que ya cuenta con una comunidad, sea del tamaño que sea, va a querer compartir con la gente sus inquietudes. Y lo más normal es que entre ellas se encuentren menciones a la organización donde trabaja que claramente van a ser positivas para el posicionamiento (técnico, pero sobre todo, estratégico y humano) de esa compañía.

¿Qué hay mejor que sean tus propios trabajadores los prescriptores de la marca? Y que para colmo lo hagan en sus propios medios, en su nombre (no en el de la compañía), de forma desinteresada.

Empresas del siglo XXI operando a nivel pre-industrialización

Lo que de verdad me jode de todo esto es que no hablo de la Charcutería de Pepito, o del bar de la esquina, sino de grandes compañías, en algunos casos multinacionales del sector tecnológico, que siguen empeñadas en mantener una comunicación puramente unilateral y profundamente controlada, mientras desde fuera muchos podrían ponerlas de ejemplo de “transformación digital”.

Creo que cualquier persona con dos dedos de frente tiene claro que no puede extralimitarse a la hora de compartir información confidencial de su trabajo.

Por seguir con el símil, en SocialBrains estamos trabajando actualmente con dos grandes empresas, una de ellas del IBEX35 y otra que bien podría estar si no fuera porque no cotiza en la bolsa española. Una en temas puramente reputacionales y otra en ciberseguridad. ¿Alguna vez me ha visto por aquí exponer datos confidenciales de alguna de ellas? Si de lo que quiero hablar tengo dudas, pregunto primero internamente. Y el sentido común hace el resto.

Es más, ¿piensa que si de verdad quisiera sacarlos, iba a hacerlo en mi página web? Hombre, por favor, que uno tiene ya sus años…

Sin embargo, sí que he hablado en más de una ocasión de algún estudio o análisis que hemos hecho y que se ha liberado. Del buen trabajo de mis compis, e incluso de las razones por las que me pagan lo que me pagan.

Y lo mismo compete a todas aquellas organizaciones que han sabido actualizarse a los tiempos que corren. Esa Telefónica teniendo en su junta directiva a un hacker que lleva años escribiendo en la red. Esa escuela de negocios con un profesor que además de dar clase en sus aulas nos enseña cada día desde el navegador…

La cuestión es que si yo fuera el dueño de una compañía, tengo muy claro que querría que todos mis trabajadores fuesen Chemas Alonso, Enriques Dans o Juanes Merodios.

Personas que viven su profesión tanto como para además aportar fuera de ella. Profesionales que entienden cómo funcionan los negocios en nuestros días, que han sabido forjarse una marca personal no porque estuviera de moda, sino porque de verdad querían aportar su granito de arena.

De verdad, CEO de tal compañía, interésate por saber si tu departamento de recursos humanos está premiando la búsqueda activa de perfiles que además de ser buenos en su trabajo, lo demuestran públicamente.

Y tú, director de RRHH, consúltale al equipo de comunicación si tiene sentido obligar a una persona que ha demostrado interés en trabajar con vosotros a que deje de hacer algo que ya no solo es bueno para él, sino además lo es para todos.

Por último, un llamamiento a los currantes. Si te están pidiendo eso ya antes de entrar a trabajar, te puedes hacer perfectamente una idea de cómo se funciona dentro. Piénsate entonces si quieres trabajar en un lugar así. 

Que las estrategias de oscurantismo comunicativo ya hace muuucho tiempo que las dejamos atrás. Que ahora lo que cuenta de verdad es el talento y las ganas de hacer. Que no vale solo con cumplir, sino que hay que sentir verdadera pasión por compartirlo con el resto.

Pensar lo contrario, y pretender que todo el discurso alrededor de nuestra marca salga de nuestra propia voz, solo demuestra lo poco que esa organización entiende los flujos informacionales del siglo XXI. Una cosa es proteger la propiedad intelectual, y otra bien distinta es intentar controlar las opiniones de nuestros trabajadores presuponiendo ya de facto que van a ser nocivas.

Si ni tú mismo confías en estar ofreciendo un buen lugar de trabajo a tus empleados, mal vamos.

Si alguno quiere hacernos daño el día de mañana, tenga por seguro que lo hará de forma anónima. Cohibiendo la libertad de nuestros trabajadores solo creamos un caldo de cultivo corporativo absolutamente improductivo, y por el camino estaremos perdiendo a todos aquellos perfiles que precisamente necesitamos para seguir siendo competitivos en el mercado.

Y ya sabe qué les pasa a aquellas organizaciones que dejan de ser competitivas, ¿verdad? (ES)