De cuando el uso de las nuevas tecnologías nos separa de la realidad

Estoy a unas horas de salir en avión a Santander para presentar oficialmente Sociware ante PYMES e instituciones públicas (y por cierto aviso desde ya que esta semana quizás no pueda actualizar con la periodicidad que os tengo acostumbrados), y se me viene a la mente la dependencia tan atroz y parasitaria que tenemos en las nuevas tecnologías.

Phubbing

Unos dispositivos y servicios que por lo general facilitan la labor profesional, que en muchos casos pueden verse como un nexo de unión con otras personas que seguramente nunca habrías tenido sin ellos, que ofrecen un entorno favorable para la participación y la ayuda a los países tercermundistas, y que por otro desocializan en nuestro entorno más cercano.

Una desgracia de hipérbole social (acerca a los más alejados y aleja a los más cercanos), que tiene su principal referencia en un término recién horneado como es el de <phubbing>.

La traducción en español da aún más miedo (“desmovairear” como dicen por Microsiervos (ES)), así que lo dejamos en inglés y al menos no se nos rompe la mandíbula. El término atiende a una situación tan terrible como común. El hecho de sacar el móvil en una conversación. Un hecho aparentemente inofensivo, y que según evolucione, puede terminar con la misma.

Una situación que por lo general interrumpe el discurso, al atender el receptor al nuevo canal (y por lo general desatender el discurso en sí), al sentirse desplazado el resto de interlocutores (más si cabe aquellos no afines con las nuevas tecnologías), y a la cada vez más habitual necesidad de hacer lo propio cuando alguien lo hace. De esta manera, una conversación entre varios amigos puede acabar trágicamente en un visionado de vídeos o fotografías, o incluso en ese incómodo lapso de tiempo entre que se abre un nuevo discurso o no, por la simple acción de sacar un teléfono del bolsillo.

Llegando a su epitafio en reuniones más o menos profesionales, como las que acostumbramos a tener en este sector. Reuniones en general entre personas que no tienen porqué conocerse, con diferentes inquietudes y obligaciones. Un lucha sin cuartel por mantener controlada la necesidad de consultar el feed de notificaciones, y cómo esta tensión acaba por romperse cuando alguien da el primer paso ¿Recuperar el tema inicial? Solo depende del buen quehacer del director de orquesta.

Y todo esto viene al cuento de StopPhubbing (EN), una iniciativa que, en clave humorística, intenta luchar con esta lacra social, mostrándonos los porcentajes de casos según el contexto (en una comida/cena, en reuniones de amigos, en el transporte público, según edades,…) e incluso por ciudades (Nueva York va perdiendo, por ahora). Una página que de seguro os robará alguna sonrisa cómplice, y que espero sirva para hacernos pensar.