El doblepensar de una internet regulada

internet sin fronteras

Hablaba de ello el jueves pasado, a colación de cómo cada vez más gobiernos supuestamente democráticos enarbolaban la excusa del terrorismo para recrear escenarios digitales censurados y regulados, a imagen y semejanza de esos otros países totalitaristas que tanto señalamos con el dedo.

Y en paralelo a esto, vemos como tanto la ONU como la IESG sacaban adelante varias iniciativas que no hacen más que abrir las puertas a este camino que parece, sino hacemos nada, será el pan nuestro de cada día.

Se renueva la Agenda de Túnez, pero…

El primero, referente al último informe de la ONU, disponible para su consulta en este PDF (EN), en el que a grosso modo, se entiende que los países firmantes velarán por una Internet neutral y abierta, asegurando  la accesibilidad, la libertad de expresión y la seguridad de Internet.

Leído así parece que es una buena noticia. El problema viene cuando lo que antes se consideraba de obligado cumplimiento, ahora pasa a ser recomendado, lo que abre la veda a la ruptura de la neutralidad en la red (cosa que ya estamos viviendo) y a desarrollar regulaciones específicas en cada país, pese a que ello contravenga lo firmado.

Y es un ejemplo más de un organismo que hace tiempo perdió ese carácter aparentemente desinteresado, al hilo de movimientos anteriores como el apoyo de guerras en países árabes por el dominio de recursos estratégicos y el cumplimiento de la agenda política de los gobiernos dirigentes.

Sistemáticamente, un organismo que a priori fue creado para velar por el derecho, la paz y la seguridad internacional, firmado a día de hoy por 193 países, ha demostrado no ser más que un mero papel mojado, diluyendo su misión en cada vez más acuerdos no vinculantes. Simples pautas recomendadas, sin obligación alguna de llevarlas a cabo, para menosprecio de los ciudadanos.

Que países como Rusia (la antigua URSS), China, Arabia Saudí o Argelia formen parte activa de la ONU, y sean de paso países que no han dudado un ápice en declarar abiertamente que no apoyan la Declaración Universal de los Derechos Humanos, dice mucho. Que en la ONU haya países en los que abiertamente se persigue a aquel que tiene una postura diferente al gobierno, que sistemáticamente se censura cualquier contenido que no venga firmado del régimen, es de traca.

Que ahora la Agenda de Túnez (ES) pase a ser simplemente una guía de prácticas recomendables para mantener el tercer entorno abierto y neutral, no es más que un pequeño pasito de la ONU por demostrar lo que ya todos sabíamos. Que lamentablemente el lobby gubernamental ha acabado apoderándose de esos asientos, transformando lo que en principio era una de las primeras alianzas mundiales en pos de la humanidad, a mero teatrillo mediático.

Además, se pone una fecha límite de 10 años para volver a debatir sobre ello, cosa que por un lado veo normal (de aquí a 10 años seguramente el tercer entorno haya cambiado bastante) y por otro lado, será necesario, habida cuenta de que en una década, como siga esto como parece que va a seguir, cualquier parecido del Tratado de Túnez con la realidad será pura coincidencia.

El error 451 entra en juego

Prácticamente por estas mismas fechas, la IESG (EN), el grupo que actualiza las reglas por las que se rige la red, acepta la inclusión del error 451, Legal Unaviable, como error estándar de un contenido que no está disponible por razones legales.

Un tema del que hablé allá por 2013, cuando la propuesta se hizo llegar al organismo competente, y que vendría a ofrecer más información que el clásico error 404 cuando en efecto ese contenido no está disponible no únicamente porque no ha sido encontrado, sino porque ha sido eliminado por alguna razón específica que atañe a la regulación vigente.

En otras palabras, cuando ese contenido ha sido censurado.

Es por tanto una buena y mala noticia:

  • Buena porque significa que a partir de ahora un contenido que ha sido borrado por alguna razón legal podría contar con un error en el que se informara además de las razones del borrado, como quién está aplicando el cierre y la legislación a la que hace referencia.
  • Y es mala por dos razones: La primera es que demuestra cómo algo que hace dos años se pedía ahora es lo suficientemente necesario como para que se ponga en marcha. Además, y de nuevo, como en el apartado anterior, no es estrictamente necesario.

Es decir, que el que a partir de ahora los navegadores sean capaces de mostrar el 451 e informar al cliente de las razones de ese bloqueo, esto no significa que los censores (gobierno, lobby, según el caso) vayan a aceptar que se muestre como tal, hasta el punto de que previsiblemente haya países que consideren ilegal este tipo de error.

A fin de cuentas, si censuras, no te interesa que el que está al otro lado sepa que ese contenido ha sido censurado. Simplemente que ese contenido no existe, nunca ha existido, y nunca más va a existir.

El doblepensar de la novela de Orwell, fiel reflejo de una sociedad que acepta como necesario que un gobierno enarbole un sistema de control para defenderse de elementos exógenos.

Un gobierno de bomberos cuya misión es quemar los libros digitales que no deben ser recordados, como ocurría en la novela de Bradbury, cuyo título, Farenheit 451, da nombre, paradójicamente, a este error.

Lo que no deja de ser anecdótico: una novela distópica sobre una sociedad censurada da nombre a un elemento que servirá precisamente para arrojar algo más de luz en una sociedad real censurada.

Lo que no deja de ser un doblepensar de guión (aceptar y apoyar algo que sabemos que de por sí es incorrecto).

A esto hemos llegado. Que siga el teatro…