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Es algo que ya he defendido por esta santa casa en múltiples ocasiones: Contar con una comunidad de miles o incluso millones de seguidores en una red social no te asegura un modelo de negocio.

Sin embargo, cada vez que hablo con un potencial cliente de presencia digital, lo que me suelen trasladar es que quieren crecer en redes sociales. Pese a que esto no tenga impacto directo en su negocio. Y que incluso, de hacerse mal, es hasta contraproducente.

De hecho has he hablado de esto hace unos días por Cuatro.

Que cuánto van a tardar en tener tantos miles de seguridores.

Este mito llega a afectar incluso a aquellos que nos contratan por temas reputacionales. El último, un directivo de la vieja guardia que necesita labrarse un perfil digital para que no salga la mierda que hay alrededor suya cuando buscas su nombre.

En la reunión del otro día, me comentaba que cómo íbamos a conseguirlo si sus cuentas (recién creadas) no llegan ni a 10 seguidores.

A nivel reputacional, sinceramente, nos da exactamente igual el número de seguidores. Y a negocio aún más.

Lo que buscamos es generar presencia digital en las búsquedas. Y ahí, el número de seguidores, ese KPI inventado, no afecta prácticamente en nada.

Pero claro, buena parte de la industria donde trabajo está interesada en vender este mito.

A fin de cuentas, es mucho más fácil venderle a un cliente que vas a conseguir tantos miles de seguidores (una métrica visible y cuantificable, además de fácilmente inflable)… que el que con nuestras acciones, vas a conseguir vender más (algo que requiere bastante más comprensión de negocio).

Así que junta estas dos realidades (supuestos profesionales vendiendo la moto y clientes que esperan simplificación máxima en las acciones), y tienes como conclusión el panorama actual, con una sociedad pensando que por tener tropocientos seguidores, ya son influencers: Ya son capaces de generar su propio negocio.

La realidad, como cabría esperar, es mucho más compleja.

En esta pieza arriba enlazada contaba el caso de esas campañas de sorteos masivos, que siguen siendo el pan nuestro de cada día en redes sociales, y que solo sirven para generar nuevos seguidores que están ahí no porque les interese realmente seguirte, sino porque haces sorteos.

Que no son prescriptores de tu marca, sino simplemente interesados en cualquiera que les ofrezca una posibilidad de ganar tal producto o llevarse tanto dinero.

Por contra, tienes casos como el mío, que sin tener decenas de miles de seguidores, ni una página que leen millones, pues oye, he montado un negocio bastante lucrativo en estos últimos años.

Estos días por Twitter se ha viralizado bastante el caso de Aari (EN), una chica de 18 añitos con 2,6 millones de seguidores, que un buen día quiso vivir de su audiencia creando una firma de moda.

¿Sabes cuántas prendas vendió teniendo 2,6 millones de seguidores? 36 prendas.

¿Que quieres más casos (EN)?

  • Billie Eilish, con 97 millones de seguidores, ha sacado un libro que ha vendido la friolera de… 64.000 copias. Que parece muchísimo, ojo, pero es que hablamos de que le seguían más del doble de todos los habitantes de un país que pequeño tampoco es que sea como España.
  • ¿Más? Piers Morgan, con 8 millones de seguidores, y con un libro que ha vendido, al parecer, 5.650 copias. ¡Casi he vendido yo más con mis libros y apenas unas decenas de miles de seguidores!
  • O Justin Timberlake, con 53 millones de seguidores (solo en Instagram), y su libro con 100.000 ejemplares.

Recalco, que son números de ventas que pueden parecer increíbles… para alguien como tú o como yo. Pero son irrisorios teniendo en cuenta que, supuestamente, vienen de parte de gente realmente famosa a nivel mundial.

No de un famosito de turno en tal país, no. De celebrities que no pueden salir de casa sin que alguien les pare para pedir autógrafos.

Pues si esto les pasa a gente de tal impacto social, imagínate a aquellos con perfiles de algunas decenas o centenares de miles de seguidores. Supuestos influencers, la mayoría con el ego demasiado subido, que han conseguido esos números a base de sorteos y compra de seguidores, y que piensan que por ello ya pueden vivir del cuento.

De verdad que esto de los negocios no va precisamente de llegar, publicar cuatro fotos ligeros de ropa, y ver como el dinero llega en sacos a casa.

Ojalá fuese así. Pero no.

El secreto de los negocios se basa en trabajar como un cabrón y ser constante.

Mal que nos pese a todos, todo sea dicho.

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Articulo exclusivo PabloYglesias