La estandarización de la seguridad en la industria automovilística

Los propietarios de automóviles quieren tener acceso a la Web y a recibir actualizaciones en tiempo real de sus vehículos y del mundo circundante, incluyendo información meteorológica, de tránsito y de estacionamientos.

HUD

También quieren tener integración aerodinámica con sus dispositivos móviles. Ninguna otra plataforma ofrece las posibilidades de la web para tender puentes entre la multitud de datos generados por el automóvil, distintos dispositivos, la web e Internet de las cosas (IoT). Sin embargo, debemos procurar que el acceso a la web no se produzca a expensas de la seguridad, ofreciendo a la vez acceso seguro a los datos de una forma que tenga presente las preferencias de privacidad de los usuarios. El apoyo de la industria automotriz a esta iniciativa constituye un estímulo hacia una plataforma web abierta donde conducir automóviles sea más seguro y más divertido.

Son palabras de Jeff Jaffe, presidente del W3C, en un comunicado (EN) de la semana pasada. Y va totalmente acorde con las impresiones de un servidor, a la vista de lo que han dado de sí las primeras ferias de electrónica y automovilismo del 2015, así como los últimos movimientos del sector.

Porque es este año cuando se dan cita por primera vez dos elementos críticos para la industria automovilística.

El primero es la evolución lógica del parabrisas hacia un Head-up Display (HUD). Pasamos de un cristal protector, a una pantalla de realidad aumentada (EN), que superpone información necesaria para la conducción sin tener por ello que apartar la vista de la carretera.

Las aplicaciones son inmensas: desde ese GPS que te va dibujando en el parabrisas las salidas que tienes que ir tomando, los kilómetros hasta tu próximo destino, pasando por alertas de seguridad (por ejemplo, un accidente cercano o ese depósito de gasolina a punto de terminarse) o llamadas que te estén haciendo vía bluetooth.

Huyo por tanto de la idea (espero) de utilizarlo como una pantalla más. La simple posibilidad de que alguien pueda utilizar el HUD para recibir notificaciones de redes sociales debería estar más que controlada.

El HUD es o debería ser una pantalla para información crítica y sencilla que afecte directamente a la conducción. Todos los demás añadidos son precisamente los que la W3C intentará controlar. Buscar una estandarización que permita a servicios web suministrar información de valor… y evitar que el resto haga lo propio.

El segundo, que viene de la mano, son los coches autónomos. Google que parecía ser la única con capacidad para sacar adelante iniciativas semejantes, y mire usted por dónde ahora descubrimos que la mayoría de grandes fabricantes andan tras ello.

Para conseguirlo, precisan de una legislación adecuada, y por Europa parece que se están poniendo las pilas. La autopista A-9 alemana pronto permitirá la circulación de estos vehículos (EN), y a ella se le une también los Países Bajos.

¿En juego? Ya no solo que Mercedes-Benz, Audi y BMW (los tres que al menos un servidor tiene constancia) cuenten con un campo de pruebas real en territorio europeo, sino algo mucho más grande: intentar recuperar el liderazgo tecnológico en el que será (si no lo es ya) una de las industrias con más perspectiva de crecimiento.

El de destronar a EEUU en algo que implique bits, vamos.

Que parece que siempre que hablamos de estos vehículos pensamos en coches, pero lo cierto es que se abre un mercado muy pero que muy interesante a nivel de transporte, tanto de mercancías (camiones) como de personas (autobuses).

El sector automovilístico está cambiando. La informática juega un papel cada vez más crítico en este sector, y con ella vienen los riesgos (y los males) habituales.

¿Con qué medidas de seguridad cuenta este vehículo? ¿Qué dificultad encontrarían los hackers para “hackear” el sistema, y por ejemplo meterle notificaciones a un HUD? Peor aún. Si hablamos de vehículos autónomos (o con fuertes controles de seguridad basados en la compartición de información) ¿qué tan seguras son esas comunicaciones, y qué posibilidad hay de interceptarlas y tomar el control de alguno de estos elementos?

Y bajo todo ello, una inteligencia artificial que produce escalofríos de lo simplista y objetiva que puede llegar a ser.

Difícil panorama para la industria. Encontrar el equilibrio entre intercompatibilidad (todo el mundo espera que los wearables o smartphones estén presentes en la ecuación) y seguridad (que por lo general es más difícil de ofrecer cuantas más bocas alimenta), entre privacidad (es mi coche y en mi coche espero hacer lo que yo quiera sin miradas indiscretas) y posibles negocios muy lucrativos (aseguradoras y centros de gestión en tiempo real).

En todo caso esto seguirá hacia adelante, y previsiblemente acabará ocasionando víctimas mortales. La cuestión es ver si estamos de verdad preparados para implantar unos vehículos lo suficientemente “inteligentes” como para que con ellos disminuyan los accidentes.

Errores humanos frente a errores informáticos. ¿Quién cree que ganará la batalla?