Vivimos una democratización de sistemas operativos

Antesdeayer, mientras disfrutaba de una cita de aficionados al DIY en @MadridOnRails sobre el desarrollo open hardware del robot QBO (tranquilos que mañana tocará entrada resumen de esta larga semana), mi novia me llamó en estado de shock.

diversidad

Su portátil, ese HP con i3 que trataba con tanto amor, había muerto tras insertar un USB maligno que había pasado por el ordenador de una de las aulas de clase. Después de consolarla, y asegurarle que todo tenía remedio (o intentarlo), vi conveniente salirme antes de lo acordado para mirar a ver que se podía hacer, lo que en la práctica me ha llevado parte de esa noche y la tarde del día siguiente (estas palabras están escritas mientras mientras el antivirus está haciendo un análisis completo final). Al final, se tuvo que formatear, previa recuperación de archivos y sobre todo de apuntes, aunque como dato anecdótico, quería deciros que al preguntarme si había alguna forma de que esto no pudiera volver a ocurrir, y contestarle que usar una distribución Linux ayudaba, no le pareció una auténtica locura.

Y es que hace apenas unos años, el contacto que tenían los usuarios convencionales con las nuevas tecnologías era de simple y llanamente monopolio: Windows. Teníamos móviles sí, y quizás también un reproductor de música o una videoconsola, pero no eran sistemas operativos al uso, sino sandbox capadas que ofrecían algún que otro servicio. Tampoco existía la sincronización, la interacción y mucho menos la nube.

Cuando decidí comprarme uno de esos primeros iMac con procesador intel que salieron al mercado, me encontré un panorama poco alentador. Usaba Mac OS, y tenía que ingeniármelas para sobrevivir y comunicarme en un mundo firmemente arraigado de ventanitas. Office para los trabajos, y exportarlos a PDF para que el resto pudieran verlos. Disco duro preformateado a fat32 (aunque todos sabemos que tiene restricciones absurdas para un formato actual) para poder leer archivos (y sufrir con los dichosos .thumbs y .DS_Store). De Linux ya ni hablo (siempre ha sido el SO secundario en mis portátiles).

Un par de años más tarde, y ya no hay problemas. No necesito cargar de arriba a abajo un disco duro extraíble, ya que todos mis datos están cobijados en Dropbox (tener casi 70GB de forma gratuita ayuda mucho), así como la amplia mayoría de servicios que uso, que se han vuelto de la noche a la mañana multiplataforma.

Junto a Mac OS, se han unido Windows, Ubuntu, Android, iOS (y poco a poco Firefox OS Mobile), SSOO con los que interacciono a diario. Mi novia ya sabe encender el iMac, y hace tiempo que se ha acostumbrado a Android, incluso mi madre, proveniente de esa generación que mira con temor y desasosiego a las nuevas tecnologías, ha aprendido a usar “el guasá” y defenderse en “el Interné“, lo cual no es moco de pavo :).

Las restricciones entre SSOO se están diluyendo a pasos agigantados. Hace años, recuerdo que si eras informático, tenías que usar windows o linux, una situación que ha cambiado drásticamente con la entrada al mercado de iOS (mismamente varios chicos de Talentum fueron estos días al evento de desarrollo en Windows 8 con MacBooks, una situación que veo cada vez con más frecuencia en los eventos del mundillo).

Incluso grandes defensores de X sistema operativo, y del llamado Eating your own dog food (un “predica con el ejemplo” a la inglesa), se cambian de chaqueta sin problemas. Tal es el caso de nuestro querido y entrañable Wozniak, quien en su día fue uno de los fundadores de Apple, y que es ahora un firme defensor de Android, o de Young Sohn, responsable de la estrategia de Samsung, que no esconde su clara preferencia por los iDevices. De la lengua de Cervantes, el primero que se me ocurre es de Miguel de Icaza, creador de GNOME (escritorio más usado de las distribucciones Linux), y que no hace mucho afirmaba en su blog que había abandonado a su creación por Mac OS a nivel doméstico.

Las fronteras se difuminan, y eso sólo puede ser bueno. Apple y Microsoft están poco a poco tirando hacia un modelo más abierto y menos conservacionista (seguirán desarrollando software propietario, pero con APIs más abiertas y permisivas), y en la mesa hay cada vez más sistemas operativos que optan a acaparar el mercado de dispositivos móviles. El auge de las redes sociales, y las notificaciones, son a la vez un claro ejemplo y una de las principales causas de éste cambio de parecer.

Al final el que sale beneficiado es el usuario, que tiene en el mercado varios productos distintos donde elegir, que evolucionan con más ímpetu gracias a la propia necesidad de innovar para adelantar a la competencia. Una era digital que gana en calidad y prestaciones, dirigida a cada sector de la sociedad. Un nuevo paradigma multi-elección, tanto a nivel de software como de hardware.